Duermevela


Y ante el foro negro de la bahía y su círculo de
constelaciones obedientes
cuánto rumor en una vasta ausencia de palmeras (y está el
sitio opaco de la ravenala),
el vaivén y su gemido en el cuero acre de barcas sin luces,
una larga retórica en pilas y estrídulos
—las cosas incesantes
al pie de la ventana. No lloverá esta vez,
ni el viento trazará sobre el flanco del agua sus renglones
huidizos,
mas será una ley de licores pausados en todas las frondas,
gutación y ligamaza en las estancias abiertas,
como la ofrenda que fermenta en el templo a oscuras.

Por el hilo de araña del descenso
llega otra vez a la almohada el perfil seguro.