Represensión del monte (I)

 

Estoy pegado de los codos a un monte. Estoy en vela junto a un cadáver y un hacha, arrancándome hierbajos de los hombros, garrapatas de la entrepierna. Cuando camino, el monte cruje, avanza como un gigantesco tapir en mi espalda. Pero el monte es una palabra que no puedo amputar de mí, porque es el órgano que me sostiene en vilo cuando respiro. Duermo debajo de una palabra. Caserón, estropajo, ombú, me alteran los nervios hasta el punto de romper fonemas. Y tengo pavor del sosiego, de la pausa, porque son los lugares donde se incuban las palabras, donde están como microbios con las fauces abiertas, tal como los alimentos que me tragan diariamente. Veo por medio de las palabras, oigo por ellas, balbuceo por ellas. Son mi hélice y mi granero, vértigos junto a un cadáver y un hacha. Estado de sitio.