Noé Jitrik



Selección y nota del autor



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Nota introductoria

Mi primer libro de poemas se titulaba Feriados y fue publicado en 1956. No conservo ningún ejemplar, razón por la cual no aparece ninguno de sus textos en esta selección. Era, de todos modos, poesía urbana y confesional: descubrimiento de la ciudad, descubrimiento de la soledad, descubrimiento de la experiencia que se hace poesía, en un gesto bastante conocido y del que me costó alejarme. En el libro siguiente, de 1959, El año que se nos viene y otros poemas, esa primera tendencia prosiguió, sin desarrollarse demasiado: me autorizaba a persistir el recuerdo remoto de Eliot y la inagotabilidad del proyecto se podía seguir buscando en Buenos Aires, se seguían acumulando experiencias, las confesiones podían continuar. Sin embargo, de a poco, se empezó a insinuar un deseo de mayor objetividad que, necesariamente, exigía de una palabra más contenida, en la que lo que podía valer era la “idea poética” más que referencias a lugares o alusiones a experiencias más o menos previsibles; he preferido esos poemas más que los testimoniales que, a decir verdad, me aburren un poco, me devuelven una imagen mía que no me gusta mucho. En el libro siguiente, Addio a la mamma [sic], las experiencias son de amores y años locos, con una pretensión de desenvoltura en la experiencia pero, junto a los poemas que expresan ese tributo a un tiempo prometedor y fascinante, también prefiero ahora los poemas en los que predomina una idea, más contenidos, con mayor desarrollo conceptual, con más humor y que prevén la aparición de un elemento narrativo. A partir de entonces, tal como se puede ver en Comer y comer, ya de 1974, descripción, objetivi­dad, narración, idea, ocupan casi todo el espacio y lo confesional desaparece casi totalmente; esta nueva di­mensión excluye, sin embargo, lo que parecen las dos tentaciones de la poesía contemporánea: el lirismo y el hermetismo: trato de ser nítido, de no perderme, de concentrarme. Y si esto es una línea, ésa es la que he preferido que predomine en esta selección que, en consecuencia, no muestra todo mi proceso sino tan sólo una opción. Que es la que me parece más mía, luego de 30 años.



Noé Jitrik

 


El año que se nos viene y otros poemas


 

El año que se nos viene

 

(fragmentos)

No podía ser sino gris el recomienzo de la temporada:
terminaron los previstos festivales del verano
con gloria o tristemente
y el caudal de amaneceres concluyó
con intimidades sin fin junto al río entre los árboles.

A través de los bancos de neblina,
como quien cruza el Mar Rojo sacramentalmente
hay en quienes hay una dura rebeldía,
una insólita perduración del fin de año
con sus copas y promesas y ebriedades.

Todo se alza en estas calles hacia el cielo
siguiendo los cánones municipales:
las casas dejan lejos y abajo los paraísos y acacias
en un vértigo de ventanas que buscan el río
y se rodean de techos y silencios.

Hacia arriba, siempre arriba: el tiempo
es un avión ascensor que no recula
y acumula toda suerte de explicaciones y preguntas,
en una prelación sin perfiles o perfumes,
un desfile de sombras que inunda toda urgencia,
    toda inmediatez.

Estamos en manos de la rosa cruel del tiempo,
entregados al tiempo futuro para darnos cuenta,
al futuro para ver que amor era amor y las palabras
tenían color, una luz que sólo ahora alumbra
    pero es tarde,
inesperada, invisible, amargamente irreconocible.

No será inútil planificar los asesinatos
que ejecutaremos en común sobre la carne,
sobre las asperezas que se llaman hombres
o grupos de huesos y nervios en embrión,
eso que es un fruto y debe sin embargo morir.

Tantas batallas habrá el año que viene,
tantos desgarramientos que ninguno
quedará a salvo, librado a la majestad del día,
que ninguno podrá invocar medallas o púrpuras.
ni podrá invocar mutilaciones, espasmos, traumatismos.

El año que se nos viene no será brutal
ni más destructivo o feliz que el que se va:
repetición sí, de matices con lluvias rigurosas,
donde habrá de todo, hasta enjundiosos hechos,
y una terca voluntad de esperar a ver qué pasa;
pero así nada se resuelve y pide movimiento,
hay que salir de la quieta piel a la ciudad y conmoverla,
suponer que termina hoy la vieja pesada historia:
el mundo se consume en estampidos,
el mundo se niega, nunca quiso esperar.

 

Viajes de prestigio


Llueve sobre la tierra y sobre el mar
florece sin sueño y sin respiro la tormenta.
¿Caerá o no caerá el rayo y la visita al camarote
que conmueve corazón y botellas botellas de alcohol?

Hay un peñón en medio del viaje cubierto de pájaros:
misterio lo rodea y el viajero lo ve como su isla.

Entretanto escribe, mucho escribe a los amigos
amantes padre y madre, hermanos cuñados tíos.

Pájaros furiosos y extrañas manufacturas, comidas
en el desenfreno del olvido arrastran al visitante.
Y lugares: por aquí pasó, por aquí su perfume es Colón
y su huella nos sugiere tanto ensueño heroísmo tanto.
Mercaderes con odio y conquistadores hicieron el camino
y una cara anhelosa que dura y perdura en el recuerdo.
Sirenas hubo aquí y delfines peces que saltan
y una curtida fe en los puertos, fe en los
                                                       [viejos fondeaderos.

Después serán las cartas ya violáceas
violadas por el tiempo que todo lo derrumba,
y las impresiones recogidas y el bienestar
un poco incomprensible para quien no lo vivió.

De todo quedará un color de lluvia un día
claro de infinita indefinible felicidad.

Ahora lo demás es continuar, envejecer,
envejecer juntos amándose amándose y el sabor del mar.
Pasear junto a los muelles los crueles espigones
como a punto de subir a los trenes o a los barcos.

En cambio sólo se recobran vagones vacíos
en las noches sombrías vacías junto al río
Trenes muertos que conducen a la muerte; eso son
y no hay nada sino es este minuto que ya no existe más.

El resto se ha ido ya no vuelve se voló,
las campanas de ahora es otra cosa, otro viaje
tomado sin remedio sin tormenta hacia occidente.

Fiesta patria en Laguna Paiva

 

Para Paco Urondo
Para Julio Gárgano

¿Qué significa un día perdido
en el cúmulo de días transcurridos y enterrados?

Te señalé que el amor es una cuestión de pulso
del ritmo diferente del pulso en cada mano:
mujeres que son hembras, varones que son machos
y una aureola de ginebra sobre los dulces canteros.

Nos reímos de nuestros mutuos desvelos
observándonos suavemente
como si fuéramos cada cual objeto de todos
                                                             [los incidentes:
al fin nos quedamos en el cero inicial
de una lengua trabada, impedida y torpe.

¿Serás tan héroe de soportar las recitaciones
y las largas concienzudas conferencias?

Tu pueblo es una congregación de ardores,
un tumulto de discursos, es una respiración
de dos que tienen frío y juegan con sus sexos.

 


Addio a la mamma, fiesta en casa y otros poemas


 
 

 
Do you know?
 
 
a D.G.
 

Supongamos un desierto,
supongamos que sólo las fuerzas paternales te conducen
por el desierto y la brava gente tan impenetrable,
pensarás que es natural que no sepas cómo hacer:
juntarás entonces rodillas con mentón
los ojos muy abiertos y los puños contra el pecho,
sin motivo llorarás pero con muchas ganas
atrapada en ese amor que no te guía y no aparece;
supongamos que no hay drogas no hay bebidas 
                                                                [ni pretextos,
sabrás, lo sabés, que despertar es recorrer esas praderas
de hombres exigentes, de arriesgados tés donde la música
es una plaga, un contagio doloroso,
una cristalería que se derrumba:
te gustará sentir el aluvión de las aguas que te bajan 
                                                                   [de los ojos
y pedir piedad porque una voz que te suena implacable 
                                                                   [y hermosa
te despierta no sé qué resonancias, no sé qué desdichas
pero no el árbol querido y viejo de los sueños,
pero no esa infancia a todo preferida;
el cuerpo y los deseos, la soledad y el miedo.

Fiesta en casa


Como un tierno lobizón que se transforma
impongo una luz propicia para aparecer.
Enardecidos, clamamos en silencio por el ardor
y convertimos en jungla nuestros dramas.

¿Quedarán por lo menos adherencias en los dedos?

Suena la música que viene de países
y que nos conmueve:
bailamos y con las uñas nos agujereamos la piel.
¿Podrá perderse lo que nunca se tuvo?

La luna intenta corregir mis tentaciones:
ya no seré nunca mis peligrosos recuerdos
sino esta forma del jazz que me persigue.

Romper una copa, dar un puñetazo, gemir.



Suburbios


Metida en sus sombras la noche sonríe
como un drogado confuso
que no ha encontrado un taxi para regresar.

Tras las ventanas iluminadas alguien vive.

Tras las luces de altas paredes alguien espera
el día de la libertad.

Las calles de la noche devoran a los imprudentes
que creen en el sueño como en una recompensa.

La muerte me lanza requiebros, me corteja,
con su cuello de ánfora me rodea,
me acaricia con su mirada de espuma,
pero yo no puedo, nunca desearé esa oscura carne.


El hombre en el pozo

Me saco de la ciénaga
con una mano;
vuelvo a caer, me tiro del cuello
con una mano:
un canturreo de pájaros me enloquece
mis pasos en el barro son
campanadas
para mis hijos;
vastas mujeres ardientes reaparecen
vuelvo a caer, me tiro del cuello
con una mano.



Arte poética

a Paco Urondo

 

Hay algo que titila en el plexo
hay una punta hiriente a la altura del poder de maldición

nada puede salir de este derrumbe
sólo lo que queda después de una gran devastación, 
                                                                 [la paciencia

un recuerdo ha trepado por la memoria y se intensifica
los focos revientan sobre la perplejidad

¿es posible que hayamos llegado a tal extremo?

debo excluirte, hijito querido, ruidito del amor
de las maldades calientes a las que no puedo renunciar

me sube el pavor y se me atranca entre los dedos
balbuceo y el tormento se desorbita
las palabras
las palabras
un clima inalcanzable
para siempre el borde
nunca el abismo.

 


Comer y comer 

 

Toda carne


Cuánta vida
cuánto puente
y cuánta agua debajo del puente
corrida, perdida, mordida
cuánto pudo ser y no fue
realmente no fue,
cuánto equilibrio en el borde mismo
y una soga que es como un lazo,
el rodeo íntimo la íntima garganta
y de a poco
un poco más
hasta el gorgorito

cuánto gesto
amplio
patético
hermético
un breve humito perdido para siempre
cuánto dolor
(así es dolor)
que pudo ser amor y no fue
realmente no fue

cuánto programa
cuánto popurrí
cuánta sala cubierta de licor y de gentileza
madrugada de no me da más el alma
maldades sin fin
cuánta Siberia vida mía sin ti
cuánto desnudarse
y después vestirse
cuánta paciencia
cuánto irse y otra vez volver
cuánta vida
esto es algo que no se entiende bien.

No hay sordina

Qué me queda
de una noche inconstante sino
un noticiario atrasado
tan atrasado que parece mentira
si todo pasó ayer nomás
la vendedora de violetas
el whiski con hielo
ese vago dominar la situación.

Qué me queda
de una orfebrería implacable sino
la indecisión
un resto de swing para pasar mis días
aquí sentado
mejor dicho caído bajo un enorme recuerdo.

Qué me queda
de un invierno que no entiendo sino
un par de ardides para vivir
una forma de tomar el cigarrillo
el calambre oportuno
dormir como las liebres
fornicar como un insomne.

Qué me queda
del tiempo que me ha sido concedido sino
una vocecita
soy un zorro que atropelló la vida
un juguete sin panza
un reloj sin voluntad.

Qué me queda
de toda la ropa y la música sino
una herida
otro estará en mi silla
y padecerá mi gloria
otro cargará lo que queda en mi mochila
y se negará
tomará los trenes bajará
se afeitará.

Qué me queda
de un sueño impreciso y caliente sino
un alfilerazo
una contracción para apartar el dolor
qué me queda
qué me queda
sino asegurar mis restos
no hay sordina suficiente
no hay algodón
me conmueve
la estridencia de la vida.


Como el diablo

Una mujer se corrompió
sin falta
un sacerdote buscó una esperanza
en vano
un labrador pisoteó la semilla
con una rabia
un boxeador se desconsoló
demasiado pronto
un militar tuvo un principio
de confianza

un asmático respiró
y sus fuelles
tocaron Bach
un comerciante (uníos ricos del mundo)
se desprendió de un peso
una chimenea de fondo emitió
perritos en vez de nubes
loritos enanitos chiquitos
inocencia

y así van las cosas por estas serranías
todo al revés
el destino (me acuerdo de vos Miguel)
ríe socarrón
es un solecismo
es un tropo sin poeta
incapaz de precisarse
en su metonimia

al destino le falta cultura
entiende poco
está tan preso como cualquiera
de sus incongruencias
el amor le pega estocadas
la muerte lo besuquea
y adiós
es horrendo y libre
todo al revés.


Contámelo otra vez

Y en cuanto a lo que podemos llamar “mi” dolor
(no es por el cariño que lo digo)
se parece a un brote
se parece a una mano
que altanera cierra una puerta
un pantalón

porque mi dolor
no es la cumbre del dolor infinito
sino un alga en una roca menor
un puntazo fulgurante en un pie
producto de un zapato descartado por la historia
no es el prestigioso dolor
la herida culta

a “mí” me duele cada fruto de mi cuerpo
desde el malentendido hasta la compulsión
el menor movimiento de mi existencia
me hace desear el grito
la pomada universal que me apacigüe

no puedo más que gritar sólo gritar
ni siquiera puedo
con la timidez con el desgano
no puedo hacer collares en los puertos
ni puedo con el dolor que me desanima
me pone de mal humor estoy rabioso
mis espumarajos alejan a la gente
soy un perro que la sociedad reprime
voy a hacer una declaración
conseguiré muchas firmas
me voy a corregir alguna vez
sanos propósitos de enmienda me estimulan:

claro, ahora estoy equivocado tengo la impresión
de estar haciendo todo al revés
debo tomarme mi tiempo por ejemplo
para secarme al salir del mar
la gota que hierve en la piel causa un daño profundo
para erradicar hasta el fin
el último grano de arena
voy a empezar por mí, ordenar la casa
aunque me duele esto del sol
que regresa infatigable y después
sutilmente se agota entre las matas

estuve aquí hace diez años y ahora
o hace doscientos mil o nunca estuve ni siquiera ahora
y eso me llena de dolor insatisfecho
hasta cuándo podré decir
estuve aquí hace diez años
y (recuerdo) alegre me puso la alegría elemental
de descubrir un cangrejo
una vieja lo había descubierto y en sus manos
la bestia deprimida se le parecía
ella creía que era un juego
ese múltiple pataleo esa araña en flor
¿y si lo olvido, no seré igualmente feroz?

me duele este dolor de cada instante
yo quisiera liberarme del enredo
por qué cuando digo blanco se me escucha gris
es terrible es tembloroso
que yo haga por tu bien
y me estés odiando sin tregua
que yo te explique y mis palabras me estén condenando
a la muerte cabal de tu impaciencia.


Tengo que aprenderlo de memoria

En la corta noche de los aperitivos solitarios
en esa sombra
el tiempo es cariñosamente real
el tiempo lo palmea a uno
el tiempo toma una copa con nosotros
y tiembla en sus bordes, vacilante,
está a punto de entregarse
lo hará lo hará
está casi desmayado casi no resiste
se toma tan sólo su espacio
parece que piensa en la pieza en la que caerá
debe exigir condiciones para ser abolido
una cierta frondosidad una cierta gloria
su copa está vacía y la mía
los sillones son islas que nos guardan del peligroso mar
de la luz
las llenamos el tiempo y yo, gentilmente,
uno al otro otro al uno
el aperitivo se agranda y los líquidos se mezclan
seguimos firmes en esa idea maligna
el tiempo vaya uno a saber lo que le pasa
se pone a hipar llora en su sillón oscuro
se lamenta de todo y de nada
le duele la cabeza
nos duele la cabeza
qué nos importa más en este instante
la penumbrosa ceremonia
la reducción tan fácil
la expresión perfecta de una voluntad
frágil como esa luz de la ventana…
alguien entra llegó el momento
invasor, alguien tantea mi paciencia
me doy vuelta y el tiempo ya no está
la maniobra no resultó
la otra vez fue igual fue en una playa
o en una estación o en una corrida
a punto de rendirse se escapó,
no, si esto es como para hartarse
es como para enojarse
es como para embriagarse
es como para morirse.

Las tazas


Como en los tangos
la tristeza verdadera
la tristeza sin vuelta
se hace propietaria de los inmuebles
pinta sus paredes
resuena en las canillas mal cerradas
huele en las toallas y qué decir de los zapatos
desajusta las ventanas
le impide a las puertas el silencio y la suavidad
rechaza los carteros tardíos
dobla la punta de las alfombras
y en cuanto a las tazas, ah las tazas
en la desierta soledad de la noche se desconchan
la tristeza las descascara
les pone el borde áspero
les reprime su café
y en consecuencia no hay nada que hacer
hasta es vano
ponerse a recordar
sin siquiera el recuerdo de un amor bien hecho
ni el recuerdo de una traición insondable:
el café se pone áspero y duro
a qué seriedad se puede aspirar así
sin vajilla
sin recuerdos
igual que los niños que no tienen maestra
ni tienen ama
ni amor.


Empecemos ya

 

El árbitro no se decidía a tocar
el silbato; nadie entendía lo que
podía estar pasando.
Julio Lareu

La vida
a qué hora empieza
sus turbaciones
sus malandanzas
sus buenas maneras
los balbuceos tras las fórmulas felices
las combinaciones perfectas
las caídas
en los precipicios en la vulgaridad
etcétera.

 

 


Díscola cruz del sur, ¡guíame!

 

Sueños (cavilaciones)


Fragmento 1

Hace algunas noches
soñé con Quevedo:
multiplicado,
su imagen severa rompía los espejos.
Don Francisco le decía yo y él
parecía más sensible que airado
más moderno que conceptista, no usaba
sus cristales pedregosos
ni su notoria irritación;
me atraía en él cierto dejo burlón y nada
(sorprendentemente)
epigramático
en sus frases perfectas.
Del modo como hablaba quería
acumular efectos (algo patéticos) y dedicatorias:
a los desamparados, decía,
a los que van a morir
a los decapitados
a los que hurgan en los desperdicios de la vida
y de la historia.
Yo sentí que hablaba de nosotros
me involucré.
Y sin concluir, su gesto
se hacía ampuloso
como si todo quedara dicho.

Fragmento 2

Sacando fuerzas de no sé dónde
tanta era mi admiración
repliqué: es la inteligencia quien le habla
a la callada
pero no en las cortes diurnas,
es en el sueño, ahí la callada se digna responderle,
se comunican y entienden su brindis.
Don Francisco se enojó y como quien
hace una aclaración de una vez y para siempre
escribió: inconsciente
y muerte se revelan sus plazos
un convenio entre ellos es posible aunque todos saben
(sonrió)
que tramposos y engañadores sólo ahí
hablan la verdad
ponen sus cartas sobre la mesa
y a ti lo que es tuyo lo que es mío a mí.

Fragmento 3

Quedé azorado atrapado y sumiso,
rendido; yo quería decirle ¡pero Señor!
yo no tengo respuesta, sólo pienso
en lo que todos dicen acerca del horizonte,
el horizonte (todos dicen) no está ya más allá
sino acá
ha entrado por la ventana y está en la habitación
que no puede expulsarlo y debe admitirlo;
en ese caso, en qué va a consistir mirar
afuera, en qué
tiempo y espacio.
Pero no le dije nada.

en la indigencia (oda frágil)


Fragmento 1. El trapecista

Paso de la desdicha
a la extrema felicidad sin transición
pero transando
casi sin vibración es su pasaje
o mejor con la vibración final al final
esto me pasa en esta época
tiempo raro de extrañas transmisiones

qué poder qué energía qué trabajos
me llevan de aquí allá
me recuperan

la línea que va
de la pena a la alegría
es (pienso) como un trapecista que aéreo
une cóncavo cielo
con atractivo suelo

sobre el aplauso vida
en el suspiro muerte.

Fragmento 4. Un encendido carmín

Paso de la desdicha
a la felicidad
y es como si pasaran retumbando
tropas victoriosas
por donde ya nadie lo esperaría
desfiladero asolado y solo
monte seco monte pardo
en el que va
un como carmín prendido.

Lo que se agazapa bajo la nube
(canto fúnebre)


Fragmento 1. El velorio

Cuando alguien —un quídam—
desaparece pero aún
está presente de su “cuerpo presente”
puesto que todo lo suyo volátil
se supone que fue expelido
y, últimamente, suspirado
y su cuerpo pálido a la luz deficiente
de los velones que no gimen como antaño
el consumo de su cera
o de los voltios avaros de cirios fingidos
(que señalan que la muerte no es eterna
ni una solemnidad
sino un acto social sometido al progreso)
y su cuerpo muestra con pasiva vehemencia
compasivamente
el tránsito
entonces surgen
los filósofos los filónecros
sacudiendo las cabezas gravemente
afirman “ley es de la vida”
o bien, más cultos “sic transit gloria mundi”
o bien más contenidos “no hay palabras”
“todo está dicho”
ausencia es presencia de lo que nunca más
nadie ni nada ni nunca para siempre del todo

Fragmento 2. Nacimiento de la filosofía

Todos los filósofos ahí asistentes
aportan esa frase un algo
que a veces es un trazo un escorzo
una microponencia en el Congreso
trivial de la muerte
rasgos concurrentes que hacen nacer
al FILÓSOFO
necróparo y como se dijo filónecro
hijo de la violencia y de las sombras
figura que construye su morada aforísticamente
o su morada de aforismos
en el exterior de las sombras
que son dramáticamente EL OTRO
lo filosofable.

Una puerta se abrió para
su paso (conjetura)


Fragmento 1. La bomba

El hombre saca su llave
pone su llave donde hay que ponerla
debe ser la madrugada las dos dos y media
ligera soledad abruma levemente sus gestos
es un caballero que regresa de una fiesta
imágenes tenaces vibran todavía en su mente
en su cansancio del cuerpo 
y
cosa inesperada
explota una bomba que impide el ingreso
a la casa silenciosa
caliente ataúd contra la melancolía.

Fragmento 2. No era una bomba

Pero por qué
ver la situación de esta manera triste
lúgubre diría y sonora
puede también suceder que no teniendo
enemigo alguno corrupción ninguna
proveniente de otro cuerpo
tranquila en esa época la sociedad
haga girar la llave y suceda
cosa deseable
que la puerta se abra
con un crujido si es necesario
en ese caso está salvado
el caballero logró huir de la noche amenazante
como si huyera
decepcionado
de la voluntad y la ilusión
del poder.

No esperes de mí (profecía)


Será la tarde gris será una pena
de color similar será
Cardenal en su isla de caimanes
esmaltada y violeta
todo me induce a proclamar que no esperes de mí
una vida eterna
un buen día te lo aseguro me voy a morir
y también tú
y vos y españoles y franceses
y el propio Cardenal mi hermano
a pesar de su soledad.

Verrà e avrà i tuoi occhi (consolación)


Fragmento 1. Está un poco vieja

La muerte
debe intentar el camino de la persuasión;
hasta ahora llegó brutalmente se instaló
copó la partida
pocas veces serenamente pidió permiso
con lentitud sin esa impaciencia
ese ya ya tan crujiente tan poco soportable
debe intentar la persuasión es lo único que le queda 
                                                                   [por hacer]
no tiene otro camino
es un consejo
no es una máscara engañosa
una negación
y aunque otra es su verdad se entiende
que hay que consolarla
últimamente está sin trabajo y además un poco vieja
la temporada no ha empezado
esta vez el verano duró y duró
no se termina nunca y en las cabañas
los fuegos no se encienden todavía.

La ironía está en derrota (noticia)


Fragmento 1. Se ciernen amenazas sobre la inocencia

La daga azul de la ironía
no es como el pellizco de la inocencia
porque perdió el conceptismo
era buena y envidiada en épocas de Lorenzo
llamado el Magnífico aunque debía ser
un esclavo de su propia imagen.
La inocencia en cambio
cura las heridas y aun las previene
resiste cinco mil voltios en el lecho del dolor
que se llama la tortura
equivale a cinco millones de unidades de nux vómica
cuando la salmonella aprieta su dogal.
La ironía melló en cambio su daga
pretendió demasiado y ahora se quedó sin corazón
estaba en todas partes queriendo saberlo todo y ahora
como una divorciada espantosa y tardía
sólo puede distenderse en el campo freudiano
no en el campo de la batalla de la vida.

Fragmento 4. Aparece la indiferencia

Pero que la inocencia no sonría en su triunfo
dentro de poco le llegará el turno ya la están aguardando
en la vuelta de la esquina de la vida
la acechan le envidian su triunfo
le van a arrebatar el trono y ya no se sabrá
quién es quién
quién el advenedizo quién el usurpador
es la indiferencia con su manto y sus esporas
como un niño que aprende sus lecciones se prepara
alguien la va a descubrir alguien la va a lanzar
previamente cosmetizada levemente vestida.

 

 


Las cartas que no se mandan

 

De día siempre


Un perro
lejano
ansioso
un niño que despierta
amarrado
por un dolor
por un terror
incomprensible
zumbidos
presencias
fuegos que fueron
fuegos
de amor
todo cae sobre la luz
del insomne
hace de su noche
un claro
de ansiedad
terminar pronto.

Hora de comer


Formando un ala
o un cuerpo
de cuervo
los pájaros
cortan el aire
como una quilla de barco
corta las aguas
devoran el cielo
y el mar
amanecen
seguros de su destino
adustos
sobre la tierra
y el mar.

Estar o no estar


El tren que ahora me despierta
tirado
sobre las piedras
al lado del mar de grano rojo
y los trenes de mi infancia
difieren en el humo
no me devuelven
el tiempo que pasó
el gusto del carbón
en la pampa
otro mar
no me devuelven
a mi padre y sus gestiones
promesas heroicas
en las que sólo yo creí
el tren ahora me tiende
nada más
hacia una ciudad
otra
llena de lluvia
interminable
incandescente
ansiosa.

Montañas más bajas

Súbito fulgor
del animal
de la hierba
de la piedra sobre la piedra
esfuerzo arcaico
por sobrevivir
por defenderse
es un intento
como los míos
vano
del hombre
por la calma
poder mirar lejos
más allá
meterse en el tiempo
y desjarretarlo
intento de destiempo
y llamado
qué estás haciendo ahora
que palpita
mi vino
mi eucaristía
mi sangre
lejos de ti.


A un extremo de un jardín


Esas retamas
que otrora se llamaban
hiniestas
vibran un poco
empujadas por el viento
son muchas
los campos se plagan de amarillo
se perfuman
se desvanecen
ésta es su fuerza
sus flechas
reticuladas
llevan a un rincón
que está en otra parte
de olvido
llevan a mis propias manos
tocándolas
en mi propia
tierra.

Otra vez


Qué hago aquí
tocando
el piso
pisando
el suelo
este suelo
dramático
aquí
en un ómnibus
que empuja
adentro
hacia adentro
trágico
más adentro

¿echará raíces
mi corazón?
¿se cansará
mi corazón?

¿en este suelo
bajo este cielo?


El desdichado

Qué más que la salud
se le puede pedir
a un hombre
y aun la imperfección
que es su disculpa
en otros tiempos se quería
su claridad su rechazo
a la muerte
hoy bastaría su mirada
sobre la bruma
su perpleja explosión
de su tranquilidad
o su despojo
o bien pedirle nada
nadie pide nada
o bien se le puede pedir
que en la penuria
desdichado
se lance incoherente
novedoso
y triste
por las ideas sueltas
como cabras
como trogloditas.


Yo sé algo sobre el tiempo

El tiempo
que a otros otorga su cortejo
su custodia
a mí me quita el coche
la calesa
viene en cascada
sobre mí
me deposita
allí donde el amor
alguna vez
se me hizo luz
se me hizo pintura
o revelación
me devuelve
a lo que fui
a lo que no soy
y sin embargo
todavía soy
mi fantasma
mi esencia
mi asombro
y lo que a otros
concedió de encanto
de despreocupación
me lo quita a mí
con usura
me reduce
a verlo pasar
con tristes oropeles
con falso frenesí.


Pitonisa

Puedo no contarte el sueño
que tuve contigo:
aparecías
como nacida
desnuda
pero no te dabas a mí
no me esquivabas
salías de la concha
tan sólo
y tu concha
estaba sin entrada
me dijiste
las cartas que no se mandan
no llegan
las llamadas que no se hacen
no suenan
de lo demás no quiero
hablar
quiero que pienses
en tus palabras
tal vez les encuentres
interpretación.