Friso antiguo

 

Añoso olivo plateado, hachón ceremonioso
donde vienen la brisa y saborea.
Ay templo de Poseidón, melancolía
profunda junto al mar,
todo de mármol blanco
—hoy ya sólo las vértebras—,
de buen mármol de Naxos,
embalsamado por las fumarolas de las islas.
Mar endiosado, bodega azul celeste, desnudez.
Y en los pinos rabiosos
pájaros embriagados por la luz,
la adolescencia de la noche.
Filigranas de luz malva en las vides.
Astrónomos del día,
no podréis con la luz,
con esta inflamación funeral de la tarde.
Bajo la mordedura de las sierpes,
los frisos, las cerámicas, los signos demoniacos.
Sobre la tumba de los leopardos está inscrita
aciaga historia en los hayedos,
el sueño de una corza perseguida,
la ponzoña en las astas.
Ay templo de Poseidón,
muertos los manuscritos, las flautas y el laurel,
muerto el hombre,
la palabra es un recuerdo impuro
y el corazón un enterrado trueno,
un huracán de plumas.