Nota introductoria

                                                              Palabras, por ejemplo.
                                     Palabras de familia gastadas tibiamente.
                                                                  Jaime Gil de Biedma

Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929), vive su primera experiencia poética, según confesión propia, en el segundo invierno de la Guerra Civil; fue la España dividida el escenario que el entonces niño eligió para su encuentro con la poesía. En 1937 Lorca ya había sido fusilado y la guerra colocaba en distintos bandos a los hermanos Machado. El llamado “demonio de la política” se apoderaba de Alberti, Hernández y Garfias; si no hizo lo mismo con Cernuda, Salinas o Guillén era evidente que los empujaba por rumbos nunca esperados: la guerra fue quizá el propagandista más grande del grupo del 27 pero fue también quien hizo inoperantes sus dogmas y exilió a sus fieles no sólo en otras naciones sino en otras poéticas.

Al terminar la Guerra Civil la poesía española parece ser una negación de lo que los poetas del 27 habían propuesto. Tanto los que se colocaron del lado de los ganadores como los derrotados, rechazaban lo que una década antes se llamaba “poesía pura” o “deshumanización del arte”. A católicos como a herejes la guerra los había marcado con su dramatismo romántico; Cernuda, en alusión a su libro Las Nubes, reconocería que nunca pudo olvidar la muerte de Lorca.

Con Según sentencia el tiempo (1953) Jaime Gil de Biedma parece tomar una actitud beligerante. Lejos de participar del espíritu hegemónico en la poesía de esos años, el poeta se encuentra invadido por el aliento de “Más allá”. Como reconoce en Cántico, el mundo y la poesía de Jorge Guillén (1960) Gil de Biedma escribía “en guillén, porque el mundo que contemplaba sólo en esa lengua puede ser expresado”. Sin embargo, la presencia de Guillén no debe ser entendida como aceptación incondicional de la “poesía pura”; del poeta de Cántico Gil de Biedma tomará una apreciación del lenguaje poético y del estilo que se irá depurando en visión general de la poesía. La presencia de Guillén se manifiesta más en la mirada del poeta que en sus textos; más en la forma de mirar que en lo que descubre la mirada.

A partir de la Guerra Civil el tema de lo social se impuso en la poesía española. Un repaso de la obra contenida en Antología consultada nos deja la certeza de que no solamente se verifica un cambio en los temas y en las formas de hacer poesía; a diferencia de los poetas de la generación pasada (pensemos en Hernández o Garfias) para los nuevos poetas lo épico ha sido sustituido por lo público y, en cierta forma, lo político por lo civil. Se trata, entonces, de rescatar el lenguaje del dominio general para la poesía y hacer de ésta un medio de transformación.

Si bien es cierto que Gil de Biedma siguió a sus contemporáneos en la aventura de la “poesía como comunicación” o del “realismo social”, hay que reconocer que fue un compañero de viaje poco disciplinado. En sus poemas de entonces no se propone mudar el yo por una colectividad a la cual el poeta es ajeno: testigo de su tiempo, va de la poesía civil a la confesión íntima, del compromiso político a la ironía. No escribe en nombre de una clase que desconoce, se ríe de la propia:

a vosotros pecadores
como yo, que me avergüenzo
de los palos que no me han dado,
señoritos de nacimiento
por mala conciencia escritores
de poesía social,
dedico también un recuerdo,
y a la afición en general.

Si nos propusiéramos hacer un listado de los temas de que se ocupa la poesía de Gil de Biedma, antes que el civil tendríamos que hablar (cosa común en la poesía de todos los tiempos) del amor. Es más, apurando un juicio obviamente personal tendría que decir que “Pandémica y celeste” es el poema más profundo y logrado de la obra de Gil de Biedma. Entre el infierno y el cielo, entre lo oscuro y lo sublime, el deseo adopta sus múltiples rostros. No se trata ni de una renuncia a las experiencias del amor efímero, sórdido a veces, ni de una filiación maldita. Entre ambos extremos el amor sufre múltiples transfiguraciones, ocupa espacios que van de la caseta de baño al cuarto íntimo.

Más de una vez se ha comentado la relación que existe entre Gil de Biedma y Cernuda. Efectivamente los dos poetas tienen muchas cosas en común: ambos se encuentran fuertemente influidos por la poesía inglesa, T.S. Eliot en particular, y hay en sus confesiones una voz común, una marginalidad y una posición moral similar, escribe Cernuda:

Infierno y paraíso
los creamos aquí, con nuestros actos
donde el amor y el odio brotan juntos
animando el vivir.


Sin embargo los siguientes versos de Luis Cernuda serían impensables en el poeta de Moralidades:

‘Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos
cuando se aman,
parece como el viento que se mece en otoño
sobre adolescentes mutilados’

La relación de Gil de Biedma con el cuerpo amado es más inmediata, se entrega al objeto del deseo sin considerarlo una imagen o representación. Si el poeta de La realidad y el deseo escinde lo soñado de lo vivido, Gil de Biedma, como Guillén, realiza una suerte de comunión con la realidad; entre la vida y el deseo no se encuentra la presencia del vacío sino una reflexión crítica y vital. La religiosidad de Cernuda, su culpa, no forman parte del itinerario poético de Gil de Biedma.

Entre Según sentencia el tiempo y Moralidades hay un lapso de historia en el que las gabardinas y las faldas largas son sustituidas por los jeans y las minifaldas. Son los años de la entrada de España a la ONU y de las huelgas universitarias que enfrentaron a los hijos de la pequeña burguesía con el régimen del generalismo. Pronto vendrían Raimon, Serrat y Lluis Llach; Últimas tardes con Teresa y las primeras huelgas obreras. Si en estos tiempos la censura oficial no cede, la autocensura sí. La voz de Gil de Biedma se escucha cada vez más profunda, más radical; no se propone como otros cambiar la vida, sus poemas, por eso su influencia de la poesía medieval, se parecen más a una representación íntima que adquiere valor general, se trata más de una moraleja que de un dictado de normas morales. Gil de Biedma en un juglar no un inquisidor, un testigo crítico y un protagonista, no una conciencia moral portadora de la verdad.

En una excelente entrevista de Federico Campbell con Jaime Gil publicada en 1971, el poeta explica el porqué de sus poemas póstumos: el autor de Compañeros de viaje y Moralidades ha muerto, de la misma manera que los tiempos y las razones han cambiado. Si el poeta encarna en un cuerpo, el paso del tiempo ejerce su sentencia de manera inevitable. “Un cuerpo para un poeta”, parece decir el autor de los Poemas póstumos. Matar al poeta es conjurar el suicidio del hombre y es quedarse callado.

Desde la aparición de Poemas póstumos (1968) Jaime Gil de Biedma edita únicamente selecciones o reagrupamientos de su obra. Se ha convertido en el antólogo de un poeta desaparecido.



Eduardo Vázquez