La alondra


¿Quién canta entre las nubes del día,
al romper el alba?
¿Quién canta allá en lo alto?
Acaso será él, será tan sólo él,
el hombre de la tierra, el mínimo,
con su cuerpo como frescas verduras
y su voz como las claridades celestes,
con su sangre azul como un Ave María.
Sólo puede ser él,
el Cristo de los pájaros,
el que con cada día
resucita de nuevo,
vencedor sin espada,
desde el trigo hasta el cielo
y lava los pecados
de todas las aldeas.