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El taller del zapatero

Las dos manos
Pantomima
El pez
Al fin del juego

 


El taller del zapatero

 

    “En toda ciudad existe una calle en la cual, si está uno atento, hallará cierta tienda muy antigua. El recinto es pequeño, y tan oscuro que su techo se hunde en sombras. En una de las paredes habrá una litografía casi indescifrable —un almanaque tal vez, o alguna estampa sagrada.   

    ”Cerca del umbral hay siempre un mostrador muy bajo —en mi ciudad, y en el pueblo donde vivo, está pintado de añil; y sobre él se ve la fatiga, se ve la materia, se ven los años de las cosas en que allí trafican.

    ”Y en una puertecilla que hay al fondo, si está uno atento, podrá ver al dueño, soportando su delantal enorme, en una mano el martillo esbelto, y eternamente velado su rostro en la penumbra.”

 


Las dos manos

 

    Las dos manos, como dos perros muy fieles, conducen ágiles las irritadas cosas.

    Cuando el mayor se cansa viene el otro, el segundo de las fiestas continuas, y juega. La indiferencia que lo recibe algún rencor esconde, que orgullo y cariño disimulan.

    Las dos manos trabajan siempre. Son como dos bestias de las que figuran en el Apocalipsis, materiales y angélicas. Su misterioso afán, su oficio prodigioso a qué podríamos compararlo.

    Cuando su dueño muere se le tienden sobre el pecho —no quisieran ya dejarlo.

 


Pantomima

 

   “Viene la muerte, en figura de General de Brigada. El Escribiente la recibe con excesos.

   ”Se sirven pasteles, granizados, almendras. La muerte participa de todo con gustosa gravedad. El Escribiente habla y habla.

    ”Luego la muerte, en figura de General de Brigada, toma al Escribiente del brazo y lo conduce en silencio a la puerta.”

 


El pez

  

    Un pez de fuego atraviesa el tumulto de las nubes y la ira de las tinieblas –un pez de fuego, semejante a los que en su inocencia cruzaron el obstinado furor del Diluvio.

   Un pez, un pez radiante que atraviesa la locura del espacio enorme, tan suavemente como la flecha eriza el lívido reino de la luna.

 


Al fin de juego

  

    Al fin del juego se barajan las cartas, y el que iba tranquilo delante, ¿adónde irá a parar?   

    Adónde el rey a dónde el caballero y los demás a dónde. 

    Aire y tierra y fuego y agua: fe y barajar.