Redoble bajo una ceiba


1

Padre anciano,
Obrero y gran señor,
Sesenta y nueve ramas se han secado
En tu arbolado corazón.
Padre, es claro.
Yo acecho tu bastión:
Me abro paso entre cedros y álamos
Cuando, de pronto, soy
la multitud hambrienta de una calle
Aherrojada en cilicios de terror.

Padre obrero,
Obrero y gran señor.

2

Entre el moribundo y el muerto
Cómo zumba el asombro,
Cómo zumba el insecto burlón del silencio;
Cómo en esa mirada de pez sobre la arena
Sube la marea de la preñez amarilla
Del espectro;
Cómo su boca se abre
Sin estruendo;
Cómo su frente es un paisaje
Ya sin viento
Y un día breve es su mejilla.
En su mano derecha
Hizo su tálamo el tiempo.
El cuarto es un planeta a la deriva
Que encallará en su pecho.
El gruñido lejano de una puerta
Desova la noche entre sus huesos.

2

¡Qué proa su nariz hendiendo el alba!

Un invisible animal se duerme en sus cabellos.

7

                                                 Esta vida que tú me dejaste,
                                                 padre...

                                                    Poema anónimo de Chiapas
 

    —La vida que tú
    Me dejaste, padre,
    Es la yegua gris
    Que monto. Me tira:
    La monto; la monto:
    Me tira. No importa.
    (No sirve la espuela
    Ni la brida. Dando
    Tropezones ando,
    Hasta que me duela.)
    Látigo silbante
    Que nos desfigura:
    Esta pena es dura
    Y el vivir constante.

—Y esta vida que tú me dejaste,
                Padre,
Es la yegua que también montaste.