Nicanor Parra



Selección y nota
de Hernán Lavín Cerda

  

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Nota introductoria
 
 

Alguna vez ‒quizás en un día de otoño de 1967‒ Nicanor Parra nos dijo en su casa de La Reina, ya en los faldeos de la precordillera desde donde se vislumbra el valle de Santiago de Chile, que dos poetas de lengua inglesa, Ezra Pound y T.S. Eliot, le abrieron el camino, junto con los surrealistas y el chileno Carlos Pezoa Véliz (1879-1908) hacia una escritura más directa o comunicante, coloquial, sin los aditamentos ornamentales del modernismo; más del logos callejero, popular y patiperro, vagabundo o vagamundo, que apegada a las preceptivas de los lenguajes de academia, salón o púlpito.

Sospecho que por ahí encontraremos o fundaremos ‒me dijo‒ una nueva sensibilidad poética; otros registros aun cuando podamos caer, a veces, en prosaísmos o ingenuidades que nos debiliten. Sea como fuere, me parece que ha llegado la hora de correr todos los riesgos, más allá de lo que puedan o no puedan decir los críticos de siempre, aquellos que suelen venir de atrás y repiten los modelos establecidos.


Pienso que hasta 1954 ‒año de la publicación de Poemas y Antipoemas‒, el panorama de la poesía no sólo de Chile era un tanto uniforme a través del tono estilístico proveniente de la retórica de Pablo Neruda. Luego de la edición de ese libro de Parra (donde se reúnen algunas de sus mejores composiciones), las cosas empezaron a cambiar, poco a poco, aunque de manera sostenida. Me atrevo a decir ‒en calidad de testigo‒ que el primero en darse cuenta del asunto fue el propio Neruda, quien publicó en 1958 su obra Estravagario, volumen de poemas donde podemos observar cierta influencia parriana. No son pocos ‒entre poetas, críticos, lectores‒ los que aún consideran que la publicación de Poemas y Antipoemas fue un acontecimiento decisivo en la historia de la poesía contemporánea de lengua española. Ese juicio puede extenderse a otros libros que aparecieron después, tales como Versos de salón, Canciones rusas, La camisa de fuerza, Otros poemas, Obra gruesa (reunión de sus textos poéticos hasta 1968), y Hojas de Parra (reunión de sus textos poéticos que van de 1969 a 1985). En todos ellos hay algunos poemas, o algo por el estilo, que adolecen de facilismo, sin ir más allá del nivel de la denotación. Me parece que estas dificultades son todavía mayores en la escritura atómica de Nicanor Parra, aquella que él bautizó como artefactos, chistes para desorientar a la policía, guatapiques. Estos textos aforísticos no tienen desarrollo y, debido a ello, deben funcionar como una especie de golpe directo: un nocaut sensorial y conceptual. De no ser así, los efectos ya no se producen o son puramente superficiales, carecen de doble fondo. Parra le hace el juego al ingenio popular de la lengua, pero a veces se va con la finta porque tal ingenio no pasa de ser una ingenuidad.   

El crítico José Miguel Ibáñez-Langlois, señala en un estudio editado por primera vez en 1972:

He aquí la imperfecta, irritante, corrosiva, anticipadora obra poética de Nicanor Parra, que en los últimos años ha marcado rumbos novísimos en la poesía de Hispanoamérica, abriendo el verso lírico del idioma a las realidades más exteriores y apoéticas de nuestra circunstancia humana. A su libertad creadora debe no poco este fervoroso sentimiento que impregna hoy nuestro lenguaje: la conciencia de que ‒¡una vez más!‒, todo puede decirse en poesía. Este habitante del valle central de Chile, tan hondamente provinciano de su Chillán nativo como paradójicamente universal, ha asumido de veinte años a esta parte la vocación de fundir en los antipoemas, bajo intensas presiones de angustia y humor negro, una suma indefinida de experiencias y formas que el hombre contemporáneo siente liberadoras de sus demonios internos, reveladoras de su más secreto y culpable rostro... En el contexto de la poesía actual, la sensibilidad antipoética acusa el impacto del surrealismo francés, también aclimatado por las esencias criollas, por el humor ladino y el habla espontánea del chileno. Y la austeridad esencial de los poetas metafísicos ingleses, disuelta en la llaneza prosaica de Walt Whitman y en la desenvoltura crítica de cierto Eliot, del maestro Pound. Y el humor negro elevado a potencia poética, a la manera de un Michaux. Y el mundo conmovedor y nebuloso de Kafka, con los ingredientes del existencialismo posterior en estado natural. Y la evidencia del arte pop, con su insultante obviedad. Por no mencionar, de la mano con la técnica pop, los estilizados meca­nismos de la narración, de la crónica periodística, del psicoanálisis, del panfleto… Y todo un mundo de ur­gencias extraliterarias que, por esta generosa vía, ha vitalizado los resortes más sensibles de la palabra poética.


Me parece ver una vez más, a la distancia, la figura del antipoeta que sube por un camino lleno de sauces (¿eran en verdad sauces?) hacia su casa de piedra, ladrillos y madera. Vislumbro desde México el jardín donde Nicanor Parra era capaz de perder el juicio si decidía perseguir a una mariposa de alas amarillas. Cuántas veces vimos el vuelo de la mariposa de siempre, la de su locura: lúdica y lúcida neuropoesía de nuestro tiempo. Qué neura textual. Ahora me permito ofrecer a los lectores esta breve antología donde ya se puede apreciar la estética más o menos ética del energúmeno que se estrella contra molinos de viento, añorando la edad de la Utopía.

Hernán Lavín Cerda




Preguntas a la hora del té 

 

Este señor desvaído parece
Una figura de un museo de cera;
Mira a través de los visillos rotos:
Qué vale más, ¿el oro o la belleza?,
¿Vale más el arroyo que se mueve
O la chépica fija a la ribera?
A lo lejos se oye una campana
Que abre una herida más, o que la cierra:
¿Es más real el agua de la fuente
O la muchacha que se mira en ella?
No se sabe, la gente se lo pasa
Construyendo castillos en la arena.
¿Es superior el vaso transparente
A la mano del hombre que lo crea?
Se respira una atmósfera cansada
De ceniza, de humo, de tristeza:
Lo que se vio una vez ya no se vuelve
A ver igual, dicen las hojas secas.
Hora del té, tostadas, margarina.
Todo envuelto en una especie de niebla.




Hay un día feliz


A recorrer me dediqué esta tarde
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;
El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas
En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.
Éstos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera.
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío!; nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;
Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mi singular empresa,
Una tras otra, en oleaje mudo,
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda
Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:
El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
Como una blanca tempestad de arena!




Autorretrato


Considerad, muchachos,
Este gabán de fraile mendicante:
Soy profesor en un liceo obscuro,
He perdido la voz haciendo clases.
(Después de todo o nada
Hago cuarenta horas semanales).
¿Qué les dice mi cara abofeteada?
¡Verdad que inspira lástima mirarme!
Y qué les sugieren estos zapatos de cura
Que envejecieron sin arte ni parte.

En materia de ojos, a tres metros
No reconozco ni a mi propia madre.
¿Qué me sucede? ‒ ¡Nada!
Me los he arruinado haciendo clases:
La mala luz, el sol,
La venenosa luna miserable.
Y todo ¡para qué!
Para ganar un pan imperdonable
Duro como la cara del burgués
Y con olor y con sabor a sangre.
¡Para qué hemos nacido como hombres
Si nos dan una muerte de animales!

Por el exceso de trabajo, a veces
Veo formas extrañas en el aire,
Oigo carreras locas,
Risas, conversaciones criminales.
Observad estas manos
Y estas mejillas blancas de cadáver,
Estos escasos pelos que me quedan.
¡Estas negras arrugas infernales!

Sin embargo yo fui tal como ustedes.
Joven, lleno de bellos ideales,
Soñé fundiendo el cobre
Y limando las caras del diamante:
Aquí me tienen hoy
Detrás de este mesón inconfortable
Embrutecido por el sonsonete
De las quinientas horas semanales.

 




Epitafio
 

De estatura mediana,
Con una voz ni delgada ni gruesa,
Hijo mayor de profesor primario
Y de una modista de trastienda;
Flaco de nacimiento
Aunque devoto de la buena mesa;
De mejillas escuálidas
Y de más bien abundantes orejas;
Con un rostro cuadrado
En que los ojos se abren apenas
Y una nariz de boxeador mulato
Baja a la boca de ídolo azteca
‒Todo esto bañado
por una luz entre irónica y pérfida‒
Ni muy listo ni tonto de remate
Fui lo que fui: una mezcla
De vinagre y de aceite de comer
¡Un embutido de ángel y bestia!

 




Advertencia al lector

 

El autor no responde de las molestias que puedan
                                        [ocasionar sus escritos
Aunque le pese
El lector tendrá que darse siempre por satisfecho.
Sabelius, que además de teólogo fue un humorista
                                                       [consumado,
Después de haber reducido a polvo el dogma de la
                                               [Santísima Trinidad
¿Respondió acaso de su herejía?
Y si llegó a responder, ¡cómo lo hizo!
¡En qué forma descabellada!
¡Basándose en qué cúmulo de contradicciones!

Según los doctores de la ley este libro no debiera
                                                            [publicarse:
La palabra arco iris no aparece en él en ninguna parte,
Menos aún la palabra dolor,
La palabra torcuato.
Sillas y mesas sí que figuran a granel,
¡Ataúdes!, ¡útiles de escritorio!
Lo que me llena de orgullo
Porque, a mi modo de ver, el cielo se está cayendo a
                                                                     [pedazos.

Los mortales que hayan leído el tractatus de Wittgenstein
Pueden darse con una piedra en el pecho
Porque es una obra difícil de conseguir:
Pero el Círculo de Viena se disolvió hace años,
Sus miembros se dispersaron sin dejar huella
Y yo he decidido declarar la guerra a los cavalieri
                                                              [della luna.

Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna
                                                                    [parte:
“¡Las risas de este libro son falsas!”, argumentarán mis
                                                               [detractores
“Sus lágrimas, ¡artificiales!”
“En vez de suspirar, en estas páginas se bosteza”
“Se patalea como un niño de pecho”
“El autor se da a entender a estornudos”
Conforme: os invito a quemar vuestras naves,
Como los fenicios pretendo formarme mi propio alfabeto.
“¿A qué molestar al público entonces?”, se preguntarán
                                                      [los Amigos lectores:
“Si el propio autor empieza por desprestigiar sus escritos,
¡Qué podrá esperarse de ellos!”
Cuidado, yo no desprestigio nada
O, mejor dicho, yo exalto mi punto de vista,
Me vanaglorio de mis limitaciones
Pongo por las nubes mis creaciones.

Los pájaros de Aristófanes
Enterraban en sus propias cabezas
Los cadáveres de sus padres.
(Cada pájaro era un verdadero cementerio volante)
A mi modo de ver
Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia
¡Y yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores
                                                                       [lectores!




Paisaje


¡Veis esa pierna humana que cuelga de la luna
Como un árbol que crece para abajo
Esa pierna temible que flota en el vacío
Iluminada apenas por el rayo
De la luna y el aire del olvido!




Notas de viaje


Yo me mantuve alejado de mi puesto durante años.
Me dediqué a viajar, a cambiar impresiones con mis
                                                           [interlocutores,
Me dediqué a dormir;
Pero las escenas vividas en épocas anteriores se hacían
                                             [presentes en mi memoria.
Durante el baile yo pensaba en cosas absurdas:
Pensaba en unas lechugas vistas el día anterior
Al pasar delante de la cocina,
Pensaba un sinnúmero de cosa fantásticas
                    [relacionadas con mi familia;
Entretanto el barco ya había entrado al río,
Se abría paso a través de un banco de medusas.
Aquellas escenas fotográficas afectaban mi espíritu,
Me obligaban a encerrarme en mi camarote;
Comía a la fuerza, me rebelaba contra mí mismo.
Constituía un peligro permanente a bordo
Puesto que en cualquier momento podía salir con un
                                                             [contrasentido.




Madrigal


Yo me haré millonario una noche
Gracias a un truco que me permitirá fijar las imágenes
En un espejo cóncavo. O convexo.

Me parece que el éxito será completo
Cuando logre inventar un ataúd de doble fondo
Que permita al cadáver asomarse a otro mundo.

Ya me he quemado bastante las pestañas
En esta absurda carrera de caballos
En que los jinetes son arrojados de sus cabalgaduras
Y van a caer entre los espectadores.

Justo es, entonces, que trate de crear algo
Que me permita vivir holgadamente
O que por lo menos me permita morir.

Estoy seguro de que mis piernas tiemblan,
Sueño que se me caen los dientes
Y que llego tarde a unos funerales.




Solo de piano


Ya que la vida del hombre no es sino una acción a
                                                                 [distancia.
Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso;
Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan:
No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo;
Ya que nosotros mismos no somos más que seres
(Como el dios mismo no es otra cosa que dios)
Ya que no hablamos para ser escuchados
Sino para que los demás hablen
Y el eco es anterior a las voces que lo producen;
Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos
En el jardín que bosteza y que se llena de aire,
Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir
Para poder resucitar después tranquilamente
Cuando se ha usado en exceso de la mujer;
Ya que también existe un cielo en el infierno,
Dejad que yo también haga algunas cosas:
Yo quiero hacer un ruido con los pies
Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.




El peregrino


Atención, señoras y señores, un momento de atención:
Volved un instante la cabeza hacia este lado de la
                                                              [república,
Olvidad por una noche vuestros asuntos personales,
El placer y el dolor pueden aguardar a la puerta:
Una voz se oye desde este lado de la república.
¡Atención, señoras y señores! ¡un momento de atención!

Un alma que ha estado embotellada durante años
En una especie de abismo sexual e intelectual
Alimentándose escasamente por la nariz
Desea hacerse escuchar por ustedes.
Deseo que se me informe sobre algunas materias,
Necesito un poco de luz, el jardín se cubre de moscas,
Me encuentro en un desastroso estado mental,
Razono a mi manera;
Mientras digo estas cosas veo una bicicleta apoyada en
                                                                      [un muro,

Veo un puente
Y un automóvil que desaparece entre los edificios.

Ustedes se peinan, es cierto, ustedes andan a pie por los
                                                                      [jardines,
Debajo de la piel ustedes tienen otra piel,
Ustedes poseen un séptimo sentido
Que les permite entrar y salir automáticamente.
Pero yo soy un niño que llama a su madre detrás de las
                                                                       [rocas,
Soy un peregrino que hace saltar las piedras a la altura
                                                                  [de su nariz,
Un árbol que pide a gritos se le cubra de hojas.




Recuerdos de juventud


Lo cierto es que yo iba de un lado a otro,
A veces chocaba con los árboles,
Chocaba con los mendigos,
Me abría paso a través de un bosque de sillas y mesas,
Con el alma en un hilo veía caer las grandes hojas.
Pero todo era inútil,
Cada vez me hundía más y más en una especie de jalea;
La gente se reía de mis arrebatos,
Los individuos se agitaban en sus butacas
             [como algas movidas por las olas
Y las mujeres me dirigían miradas de odio
Haciéndome subir, haciéndome bajar,
Haciéndome llorar y reír en contra de mi voluntad.

De todo esto resultó un sentimiento de asco,
Resultó una tempestad de frases incoherentes,
Amenazas, insultos, juramentos que no venían al caso,
Resultaron unos movimientos agotadores de caderas,
Aquellos bailes fúnebres
Que me dejaban sin respiración
Y que me impedían levantar cabeza durante días,
Durante noches.
Yo iba de un lado a otro, es verdad,
Mi alma flotaba en las calles
Pidiendo socorro, pidiendo un poco de ternura;
Con una hoja de papel y un lápiz yo entraba en los
                                                            [cementerios
Dispuesto a no dejarme engañar.
Daba vueltas y vueltas en torno al mismo asunto,
Observaba de cerca las cosas
O en un ataque de ira me arrancaba los cabellos.

De esa manera hice mi debut en las salas de clases,
Como un herido a bala me arrastré por los ateneos,
Crucé el umbral de las casas particulares,
Con el filo de la lengua traté de comunicarme con los
                                                              [espectadores:
Ellos leían el periódico
O desaparecían detrás de un taxi.

¡Adónde ir entonces!
A esas horas el comercio estaba cerrado;
Yo pensaba en un trozo de cebolla visto durante la cena
en el abismo que nos separa de los otros abismos.




La víbora


Durante largos años estuve condenado a adorar a una
                                                      [mujer despreciable
Sacrificarme por ella, sufrir humillaciones y burlas
                                                               [sin cuento,
Trabajar día y noche para alimentarla y vestirla,
Llevar a cabo algunos delitos, cometer algunas faltas,
A la luz de la luna realizar pequeños robos,
Falsificaciones de documentos comprometedores,
So pena de caer en descrédito ante sus ojos fascinantes.
En horas de comprensión solíamos concurrir a
                                                       [los parques
Y retratarnos juntos manejando una lancha a motor,
O nos íbamos a un café danzante
Donde nos entregábamos a un baile desenfrenado
Que se prolongaba hasta altas horas de la madrugada.

Largos años viví prisionero del encanto de aquella mujer
Que solía presentarse a mi oficina completamente
                                                                 [desnuda
Ejecutando las contorsiones más difíciles de imaginar
Con el propósito de incorporar mi pobre alma a su órbita
Y, sobre todo, para extorsionarme hasta el último
                                                               [centavo.
Me prohibía estrictamente que me relacionase con mi
                                                                        [familia.
Mis amigos eran separados de mí mediante libelos
                                                              [infamantes
Que la víbora hacía publicar en un diario de su propiedad.
Apasionada hasta el delirio no me daba un instante de
                                                                        [tregua,
Exigiéndome perentoriamente que besara su boca
Y que contestase sin dilación sus necias preguntas
Varias de ellas referentes a la eternidad y a la vida futura
Temas que producían en mí un lamentable estado de
                                                                      [ánimo,
Zumbidos de oídos, entrecortadas náuseas,
                     [desvanecimientos prematuros
Que ella sabía aprovechar con ese espíritu práctico
                                                 [que la caracterizaba
Para vestirse rápidamente sin pérdida de tiempo
Y abandonar mi departamento dejándome con un palmo
                                                                    [de narices.
Esta situación se prolongó por más de cinco años.
Por temporadas vivíamos juntos en una pieza redonda
Que pagábamos a medias en un barrio de lujo cerca
                                                         [del cementerio.
(Algunas noches hubimos de interrumpir nuestra luna
                                                                          [de miel
Para hacer frente a las ratas que se colaban por la
                                                               [ventana).

Llevaba la víbora un minucioso libro de cuentas
En el que anotaba hasta el más mínimo centavo que yo
                                                    [le pedía en préstamo;
No me permitía usar el cepillo de dientes que yo mismo
                                                           [le había regalado
Y me acusaba de haber arruinado su juventud:
Lanzando llamas por los ojos me emplazaba a comparecer
                                                                  [ante el juez
Y pagarle dentro de un plazo prudente parte de la deuda
Pues ella necesitaba ese dinero para continuar sus
                                                               [estudios
Entonces hube de salir a la calle y vivir de la caridad
                                                                    [pública,
Dormir en los bancos de las plazas
Donde fui encontrado muchas veces moribundo por la
                                                                      [policía
Entre las primeras hojas del otoño.
Felizmente aquel estado de cosas no pasó más adelante,
Porque cierta vez en que yo me encontraba en una plaza
                                                                     [también
Posando frente a una cámara fotográfica
Unas deliciosas manos femeninas me vendaron de pronto
                                                                     [la vista
Mientras una voz amada para mí me preguntaba quién
                                                                       [soy yo.
Tú eres mi amor, respondí con serenidad.
¡Ángel mío, dijo ella nerviosamente,
Permite que me siente en tus rodillas una vez más!
Entonces pude percatarme de que ella se presentaba ahora
                                 [provista de un pequeño taparrabos.
Fue un encuentro memorable, aunque lleno de notas
                                                              [discordantes:
Me he comprado una parcela, no lejos del matadero,
                                                                 [exclamó,
Allí pienso construir una especie de pirámide
En la que podamos pasar los últimos días de nuestra vida.
Ya he terminado mis estudios, me he recibido de abogado,
Dispongo de un buen capital;
Dediquémonos a un negocio productivo, los dos, amor
                                                                [mío, agregó,
Lejos del mundo construyamos nuestro nido.
Basta de sandeces, repliqué, tus planes me inspiran
                                                           [desconfianza,
Piensa que de un momento a otro mi verdadera mujer
Puede dejarnos a todos en la miseria más espantosa.
Mis hijos han crecido ya, el tiempo ha transcurrido,
Me siento profundamente agotado, déjame repesar un
                                                                     [instante,
Tráeme un poco de agua, mujer,
Consígueme algo de comer en alguna parte,
Estoy muerto de hambre,
No puedo trabajar más para ti,
Todo ha terminado entre nosotros.




Idilio


Esta señora amable
                           respetuosa
culta
        con gran dominio de sí misma
separada de bienes y de males
aparece y desaparece
con una regularidad digna de mejor causa

pero yo soy un pánfilo
que no va más allá del beso en la frente
salvo contadísimas ocasiones

imagino las noches maravillosas que pasaríamos juntos
intercambiando planchas de dientes




La trampa


Por aquel tiempo yo rehuía las escenas demasiado
                                                            [misteriosas.
Como los enfermos del estómago que evitan las comidas
                                                                     [pesadas
Prefería quedarme en casa dilucidando algunas cuestiones
Referentes a la reproducción de las arañas,
Con cuyo objeto me recluía en el jardín
Y no aparecía en público hasta avanzadas horas de la
                                                                       [noche;
O también en mangas de camisa, en actitud desafiante,
Solía lanzar iracundas miradas a la luna
Procurando evitar esos pensamientos atrabiliarios
Que se pegan como pólipos al alma humana.
En la soledad poseía un dominio absoluto sobre mí
                                                                    [mismo,
Iba de un lado a otro con plena conciencia de mis actos
O me tendía entre las tablas de la bodega
A soñar, a idear mecanismos, a resolver pequeños
                                           [problemas de emergencia.
Aquéllos eran los momentos en que ponía en práctica
                                          [mi célebre método onírico,
Que consiste en violentarse a sí mismo y soñar lo que
                                                               [se desea,
En promover escenas preparadas de antemano
                        [con participación del más allá.
De este modo lograba obtener informaciones preciosas
Referentes a una serie de dudas que aquejan al ser:
Viajes al extranjero, confusiones eróticas, complejos
                                                                  [religiosos,
Pero todas las precauciones eran pocas
Puesto que por razones difíciles de precisar
Comenzaba a deslizarme automáticamente por una
                                       [especie de plano inclinado
Como un globo que se desinfla mi alma perdía altura,
El instinto de conservación dejaba de funcionar
Y privado de mis prejuicios más esenciales
Caía fatalmente en la trampa del teléfono
Que como un abismo atrae a los objetos que lo rodean
Y con manos trémulas marcaba ese número maldito
Que aún suelo repetir automáticamente mientras
                                                              [duermo
De incertidumbre y de miseria eran aquellos segundos
En que yo, como un esqueleto de pie delante de esa
                                                      [mesa del infierno
Cubierta de una cretona amarilla.
Esperaba una respuesta desde el otro extremo del mundo,
La otra mitad de mi ser prisionera en un hoyo.
Esos ruidos entrecortados del teléfono
Producían en mí el efecto de las máquinas perforadoras
                                                          [de los dentistas.
Se incrustaban en mi alma como agujas lanzadas desde
                                                                     [lo alto
Hasta que, llegado el momento preciso,
Comenzaba a transpirar y a tartamudear febrilmente.
Mi lengua parecida a un beefsteak de ternera
Se interponía entre mi ser y mi interlocutora
Como esas cortinas negras que nos separan de los
                                                               [muertos.
Yo no deseaba sostener esas conversaciones demasiado
                                                                       [íntimas
Que, sin embargo, yo mismo provocaba en forma torpe
Con mi voz anhelante, cargada de electricidad.
Sentirme llamado por mi nombre de pila
En ese tono de familiaridad forzada
Me producía malestares difusos,
Perturbaciones locales de angustia que yo procuraba
                                                                      [conjurar
A través de un método rápido de preguntas y respuestas
Creando en ella un estado de efervescencia pseudoerótico
Que a la postre venía a repercutir en mí mismo
Bajo la forma de incipientes erecciones y de una sensación
                                                                 [de fracaso.
Entonces me reía a la fuerza cayendo después en un
                                     [estado de postración mental
Aquellas charlas absurdas se prolongaban algunas horas
Hasta que la dueña de la pensión aparecía detrás
                                                         [del biombo
Interrumpiendo bruscamente aquel idilio estúpido,
Aquellas contorsiones de postulantes al cielo
Y aquellas catástrofes tan deprimentes para mi espíritu
Que no terminaban completamente con colgar el teléfono
Ya que, por lo general, quedábamos comprometidos
A vernos al día siguiente en una fuente de soda
O en la puerta de una iglesia de cuyo nombre no quiero
                                                                [acordarme.




Los vicios del mundo moderno


Los delincuentes modernos
Están autorizados para concurrir diariamente a parques
                                                                    [y jardines.
Provistos de poderosos anteojos y de relojes de bolsillo
Entran a saco en los kioskos favorecidos por la muerte
E instalan sus laboratorios entre los rosales en flor.
Desde allí controlan a fotógrafos y mendigos que
                              [deambulan por los alrededores
Procurando levantar un pequeño templo a la miseria
Y si se presenta la oportunidad llegan a poseer a un
                                            [lustrabotas melancólico.
La policía atemorizada huye de estos monstruos
En dirección del centro de la ciudad
En donde estallan los grandes incendios de fines de año
Y un valiente encapuchado pone manos arriba a dos
                                                 [madres de la caridad
Los vicios del mundo moderno:
El automóvil y el cine sonoro,
Las discriminaciones raciales,
El exterminio de los pieles rojas,
Los trucos de la alta banca,
La catástrofe de los ancianos,
El comercio clandestino de blancas realizado por
                                   [sodomitas internacionales.
El auto-bombo y la gula,
Las Pompas Fúnebres,
Los amigos personales de su excelencia,
La exaltación del folklore a categoría del espíritu,
El abuso de los estupefacientes y de la filosofía,
El reblandecimiento de los hombres favorecidos por la
                                                                     [fortuna,
El auto-erotismo y la crueldad sexual,
La exaltación de lo onírico y del subconsciente en
                                [desmedro del sentido común.
La confianza exagerada en sueros y vacunas,
El endiosamiento del falo,
La política internacional de piernas abiertas patrocinada
                                             [por la prensa reaccionaria
El afán desmedido de poder y de lucro,
La carrera del oro.
La fatídica danza de los dólares,
La especulación y el aborto,
La destrucción de los ídolos,
El desarrollo excesivo de la dietética y de la psicología
                                                             [pedagógica,
El vicio del baile, del cigarrillo, de los juegos de azar,
Las gotas de sangre que suelen encontrarse entre
                    [las sábanas de los recién desposados,
La locura del mar,
La agorafobia y la claustrofobia,
La desintegración del átomo,
El humorismo sangriento de la teoría de la relatividad,
El delirio de retorno al vientre materno,
El culto de lo exótico,
Los accidentes aeronáuticos,
Las incineraciones, las purgas en masa, la retención
                                                     [de los pasaportes,
Todo esto porque sí,
Porque produce vértigo,
La interpretación de los sueños
Y la difusión de la radiomanía.
Como queda demostrado, el mundo moderno se compone
                                                        [de flores artificiales
Que se cultivan en unas campanas de vidrio parecidas
                                                             [a la muerte,
Está formado por estrellas de cine,
Y de sangrientos boxeadores que pelean a la luz de
                                                                  [la luna,
Se compone de hombres ruiseñores que controlan la vida
                                                   [económica de los países
Mediante algunos mecanismos fáciles de explicar;
Ellos visten generalmente de negro como los
                                    [precursores del otoño
Y se alimentan de raíces y de hierbas silvestres.
Entretanto los sabios, comidos por las ratas,
Se pudren en los sótanos de las catedrales,
Y las almas nobles son perseguidas implacablemente por
                                                                    [la policía.
El mundo moderno es una gran cloaca:
Los restoranes de lujo están atestados de cadáveres
                                                                   [digestivos
Y de pájaros que vuelan peligrosamente a escasa altura.
Esto no es todo: los hospitales están llenos de impostores,
Sin mencionar a los herederos del espíritu
que establecen sus colonias en el ano de los recién
                                                                [operados.

Los industriales modernos sufren a veces el efecto
                                  [de la atmósfera envenenada,
Junto a las máquinas de tejer suelen caer enfermos
                                 [del espantoso mal del sueño
Que los transforma a la larga en unas especies de ángeles.
Niegan la existencia del mundo físico
Y se vanaglorian de ser unos pobres hijos del sepulcro.
Sin embargo, el mundo ha sido siempre así.
La verdad, como la belleza, no se crea ni se pierde
Y la poesía reside en las cosas o es simplemente un
                                              [espejismo del espíritu
Reconozco qué un terremoto bien concebido
Puede acabar en algunos segundos con una ciudad rica
                                                              [en tradiciones
Y que un minucioso bombardeo aéreo
Derribe árboles, caballos, tronos, música.
Pero qué importa todo esto
Si mientras la bailarina más grande del mundo
Muere pobre y abandonada en una pequeña aldea del
                                                              [sur de Francia
La primavera devuelve al hombre una parte de las flores
                                                              [desaparecidas.

Tratemos de ser felices, recomiendo yo, chupando la
                                         [miserable costilla humana.
Extraigamos de ella el líquido renovador,
Cada cual de acuerdo con sus inclinaciones personales.
¡Aferrémonos a esta piltrafa divina!
Jadeantes y tremebundos
Chupemos estos labios que nos enloquecen;
La suerte está echada.
Aspiremos este perfume enervador y destructor
Y vivamos un día más la vida de los elegidos:
De sus axilas extrae el hombre la cera necesaria
                     [para forjar el rostro de sus ídolos.
Y del sexo de la mujer la paja y el barro de sus templos.
Por todo lo cual
Cultivo un piojo en mi corbata
Y sonrío a los imbéciles que bajan de los árboles.




Las tablas


Soñé que me encontraba en un desierto y que hastiado
                                                                  [de mí mismo
Comenzaba a golpear a una mujer.
Hacía un frío de los demonios; era necesario hacer algo.
Hacer fuego, hacer un poco de ejercicio;
Pero a mí me dolía la cabeza, me sentía fatigado
Sólo quería dormir, quería morir.
Mi traje estaba empapado de sangre
Y entre mis dedos se veían algunos cabellos
—Los cabellos de mi pobre madre—
“Por qué maltratas a tu madre” me preguntaba entonces
                                                                    [una piedra
Una piedra cubierta de polvo “por qué la maltratas”.
Yo no sabía de dónde venían esas voces que me hacían
                                                                        [temblar
Me miraba las uñas y me las mordía,
Trataba de pensar infructuosamente en algo
Pero sólo veía en torno a mí un desierto
Y veía la imagen de ese ídolo
Mi dios que me miraba hacer estas cosas.
Aparecieron entonces unos pájaros
Y al mismo tiempo en la oscuridad descubrí unas rocas.
En un supremo esfuerzo logré distinguir las tablas de
                                                                          [la ley:
“Nosotras somos las tablas de la ley” decían ellas
“Por qué maltratas a tu madre”
“Ves esos pájaros que se han venido a posar sobre
                                                                [nosotras”
“Ahí están ellos para registrar tus crímenes”
Pero yo bostezaba, me aburría de estas admoniciones.
“Espanten esos pájaros” dije en voz alta
“No” respondió una piedra
“Ellos representan tus diferentes pecados”
“Ellos están ahí para mirarte”
Entonces yo me volví de nuevo a mi dama
Y le empecé a dar más firme que antes
Para mantenerse despierto había que hacer algo
Estaba en la obligación de actuar
So pena de caer dormido entre aquellas rocas
Aquellos pájaros.
Saqué entonces una caja de fósforos de uno de mis
                                                                   [bolsillos
Y decidí quemar el busto del dios
Tenía un frío espantoso, necesitaba calentarme
Pero este fuego sólo duró algunos segundos.
Desesperado busqué de nuevo las tablas
Pero ellas habían desaparecido:
las rocas tampoco estaban allí
Mi madre me había abandonado.
Me toqué la frente; pero no:
Ya no podía más.




Soliloquio del Individuo


Yo soy el Individuo.
Primero viví en una roca
(Allí grabé algunas figuras).
Luego busqué un lugar más apropiado.
Yo soy el Individuo.
Primero tuve que procurarme alimentos,
Buscar peces, pájaros, buscar leña,
(Ya me preocuparía de los demás asuntos).
Hacer una fogata,
Leña, leña, dónde encontrar un poco de leña,
Algo de leña para hacer una fogata,
Yo soy el Individuo.
Al mismo tiempo me pregunté,
Fui a un abismo lleno de aire;
Me respondió una voz:
Yo soy el Individuo.
Después traté de cambiarme a otra roca,
Allí también grabé figuras,
Grabé un río, búfalos,
Grabé una serpiente
Yo soy el Individuo.
Pero no. Me aburrí de las cosas que hacía,
El fuego me molestaba,
Quería ver más,
Yo soy el Individuo.
Bajé a un valle regado por un río,
Allí encontré lo que necesitaba,
Encontré un pueblo salvaje,
Una tribu.
Yo soy el Individuo.
Vi que allí se hacían algunas cosas,
Figuras grababan en las rocas,
Hacían fuego, ¡también hacían fuego!
Yo soy el Individuo.
Me preguntaron que de dónde venía.
Contesté que sí, que no tenía planes determinados,
Contesté que no, que de ahí en adelante.
Bien.
Tomé entonces un trozo de piedra que encontré en
                                                                      [un río
Y empecé a trabajar con ella,
Empecé a pulirla,
De ella hice una parte de mi propia vida.
Pero esto es demasiado largo.
Corté unos árboles para navegar,
Buscaba peces,
Buscaba diferentes cosas,
(Yo soy el Individuo).
Hasta que me empecé a aburrir nuevamente.
Las tempestades aburren,
Los truenos, los relámpagos,
Yo soy el Individuo.
Bien. Me puse a pensar un poco,
Preguntas estúpidas se me venían a la cabeza.
Falsos problemas.
Entonces empecé a vagar por unos bosques.
Llegué a un árbol y a otro árbol,
Llegué a una fuente,
A una fosa en que se veían algunas ratas:
Aquí vengo yo, dije entonces,
¿Habéis visto por aquí una tribu,
Un pueblo salvaje que hace fuego?
De este modo me desplacé hacia el oeste
Acompañado por otros seres,
O más bien solo.
Para ver hay que creer, me decían,
Yo soy el Individuo.
Formas veía en la obscuridad,
Nubes tal vez,
Tal vez veía nubes, veía relámpagos,
A todo esto habían pasado ya varios días,
Yo me sentía morir;
Inventé unas máquinas,
Construí relojes,
Armas, vehículos,
Yo soy el Individuo.
Apenas tenía tiempo para enterrar a mis muertos,
Apenas tenía tiempo para sembrar,
Yo soy el Individuo.
Años más tarde concebí unas cosas,
Unas formas,
Crucé las fronteras
Y permanecí fijo en una especie de nicho,
En una barca que navegó cuarenta días,
Cuarenta noches,
Yo soy el Individuo.
Luego vinieron unas sequías,
Vinieron unas guerras,
Tipos de color entraron al valle,
Pero yo debía seguir adelante,
Debía producir.
Produje ciencia, verdades inmutables,
Produje tanagras,
Di a luz libros de miles de páginas,
Se me hinchó la cara,
Construí un fonógrafo,
La máquina de coser,
Empezaron a aparecer los primeros automóviles,
Yo soy el Individuo.
Alguien segregaba planetas,
¡Arboles segregaba!
Pero yo segregaba herramientas,
Muebles, útiles de escritorio,
Yo soy el Individuo.
Se construyeron también ciudades,
Rutas,
Instituciones religiosas pasaron de moda,
Buscaban dicha, buscaban felicidad,
Yo soy el Individuo.
Después me dediqué mejor a viajar,
A practicar, a practicar idiomas,
Idiomas,
Yo soy el Individuo.
Miré por una cerradura,
Sí, miré, qué digo, miré,
Para salir de la duda miré,
Detrás de unas cortinas,
Yo soy el Individuo.
Bien.
Mejor es tal vez que vuelva a ese valle,
A esa roca que me sirvió de hogar,
Y empiece a grabar de nuevo,
De atrás para adelante grabar
El mundo al revés.
Pero no: la vida no tiene sentido.




Padre nuestro


Padre nuestro que estás en el cielo
Lleno de toda clase de problemas
Con el ceño fruncido
Como si fueras un hombre vulgar y corriente
No pienses más en nosotros.

Comprendemos que sufres
Porque no puedes arreglar las cosas.

Sabemos que el Demonio no te deja tranquilo
Desconstruyendo lo que tú construyes.

Él se ríe de ti
Pero nosotros lloramos contigo:
No te preocupes de sus risas diabólicas.

Padre nuestro que estás donde estás
Rodeado de ángeles desleales
Sinceramente: no sufras más por nosotros
Tienes que darte cuenta
De que los dioses no son infalibles
Y que nosotros perdonamos todo.