Asonancias 

 

VI

Tú, de siempre, tan lejos en el sueño,
sin valles, sin olvido, sin recuerdo.

    Claveles deshojados sin partida
con tu nombre y sus labios entreabiertos,
por decir, por callar en estos ojos,
los puñales que matan al silencio.

    Soledades de siempre, tan de siempre,
donde cruzan palabras del invierno,
donde el llanto se pierde en los suspiros,
donde tira sus lágrimas el viento.

    Soledades ausentes de los labios,
soledades cautivas en los cuerpos.

    Tú de siempre, tan cerca de las playas,
soledades sin sombra y sin recuerdo.

VIII

Estas rejas de siempre donde sangra el silencio
por llevarte encendida en la sombra del sueño.

    Sola luz de la luna que las nubes tropiezan
en su viaje de ausencia como el árbol al viento;
clara luz que se inunda en palabras tan blancas,
arena de la sangre donde llora mi cuerpo.

    Qué delgadas paredes en la noche se alejan
por la fuente sin ojos que te lleva tan lejos;
qué sonora es tu mano en los pasos perdidos,
qué temblor deshojado es la voz de los ciegos.

    Tras la estrella se anudan soledades nocturnas
desprendiendo tus labios su rumor descubierto.

     Esperándote siempre las orillas suspiran
en la rosa del alba donde lloran los sueños.