Astyanax (1956)
 

LA BELLEZA ESCANDALOSA
NOCHE



LA BELLEZA ESCANDALOSA


“La reina, señores...” anunció un tipo, sombríamente grotesco. Empujada por la calle a patadas, Su Graciosa Majestad rodó con un ruido de tonel sobre el pavimento azul. Por lo demás, era sólo una forma hueca, vestida con piel de trucha, que contenía un ratoncito chillón.

Bajo un cielo todo de gas, el muro del palacio se desgarró como una viejísima cortina, y quedaron deshechos los paños, la ropa interior, la ceniza. Los rostros postizos y las desnudeces postizas dejadas por los comensales provocan una galante turbación, bajo una piel de perro y un cabello de mujer. En la avenida están rugiendo los leones; la lluvia es cálida, a pesar del invierno.

Sea lo que fuere. En cuanto a ustedes, transeúntes y flores públicas, débiles mentales, fieles, protegidos por la apostura y por la canción, ustedes han seguido con precisión las órdenes impartidas que hablan de husmear y discernir la belleza escandalosa.



NOCHE

¿Noche, y la mar se retira de los guijarros, pero por qué van a quebrarse súbitamente en la cuerda de un violín monocorde donde se exaltan los deseos del cónsul de Argentina, pues es menester que él allí tenga una buena oportunidad de correr peligros cada instante, por uno u otro de nosotros? Un fuego, que ninguna mano ha encendido, navega sobre el agua tranquila. Los más viejos padres blancos meten un dedo en sus bocas. Ya se desliza, bajo la cual nosotros sabemos que no contiene la más mínima prenda del pequeño ropaje de Julie.