Retrato de una aldea

Es apenas una aldea de pescadores, junto al mar.
Ante el sol se iluminan los naranjos.
En verano las naranjas caen maduras en la arena de la
      [playa, mezclándose con los guijarros y las conchas
mientras los niños se aventuran en el mar
y las mujeres van en busca de agua con vasijas de barro
                                                                     [en la cabeza.
Hombres, escenario y animales se integran al aire de la
                                                                         [mañana.

Antes de que descubriera la redondez de la tierra
esa aldea existía, con su iglesia y su cementerio,
los artesanos de cara al océano, la cal de sus casas, su
                                                   [aire que huele a flores
y las caballerizas bajo la nieve.
En la noche los esposos se aman sobriamente, sensibles
                                                                           [al deber
de procrear nuevas figuras para el paisaje.

Del mar los hombres traen el sustento, cavando las olas
   [con las redes que al anochecer se extienden en la playa
en el momento preciso en que, junto a sólidas puertas,
                                   [mujeres jóvenes dejan de hilar.
Los niños se acercan a ver los frutos del mar
y contemplan las estrellas marinas y la agonía de los
                                                                         [peces
que en los platos se unen al aceite, al vino
y a las pláticas familiares.

Es una aldea, con sus cabras en colinas de piedra.
Durante la noche, bajo las constelaciones, no se
                      [distinguen ni el mar ni los olivos.
Un quinqué, junto a una ventana, ilumina una sala.
Alrededor de una mesa, un matrimonio de viejos dormita,
                                          [un hombre canta y bebe vino
y una joven ofrece a su niño la dádiva de un seno desnudo,
un seno bello y antiguo como Europa.