Roberto Juarroz
(Poesía vertical, 1958-1975)



Nota introductoria del autor

Selección de
Arturo Trejo



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Nota introductoria


Es probable que nos falte conciencia para calibrar la posible realidad o irrealidad de la poesía. Podemos sospechar que la realidad es una cuestión de conciencia o visión profunda y que a mayor conciencia corresponde más realidad: o menos realidad. Y nos es dado suponer que para una hipotética conciencia o visión total no habría nada irreal, ni siquiera aquello que más lo parece.

La poesía, sin embargo, da un paso más allá. Antes que nada, el poema se nos revela como invención y nos damos cuenta luego que el poema es también descubrimiento de la realidad. Comprendemos entonces la esencia de la poesía: la realidad sólo se descubre inventándola. La poesía es la visión activa: visión que crea lo que uno ve.

La visión poética es, además, visión verbal. No nace con posterioridad a otra visión: ve con palabras. Primero hay un impulso, un estado de fluidez. La visión cobra forma mientras brota el poema. No hay, entonces, como a menudo se ha dicho, correspondencia o inadecuación de una forma verbal con respecto a una realidad preexistente, ni puede hablarse por lo tanto de fidelidad o traición. La realidad nace aquí con la forma. Todo el resto —sentimientos, ideas, cultura, tradición, hechos, situación— son factores convergentes, que colaboran en mayor o menor grado con el nacimiento de esa unidad de visión verbal y creadora que es el poema.

Vivo el poema como una explosión de ser por debajo del lenguaje. Descubro aquí cuatro elementos básicos: explosión, ser, lenguaje y debajo. Podríamos acercarnos a ellos diciendo lo anterior de otro modo: el poema es la expansión abrupta de una realidad fundamental que se genera a través de las posibilidades subyacentes de la expresión verbal y no sólo por medio de su capacidad significativa inmediata.

Partiendo de aquí (o tal vez llegando), he sentido la flaccidez y la blandura de gran parte de la poesía. He buscado entonces una poesía más concreta en su esencia, con peso propio, sólida, vertical. Creo que el problema no consiste en variar los temas, sino en una cuestión de tono, actitud interior, configuración simbólica y manejo del lenguaje. Tono: una expresión decidida, naturalmente de fondo, rotunda y hasta a veces cortante, aunque se hable de lo más escondido. Actitud interior: vivir las propias visiones con radical consistencia, sin cálculos ni temores, prolongando la vida interior hasta sus últimas consecuencias, hasta que adentro y afuera no se diferencien, en una contemplación casi religiosa de la dinámica profunda de las formas. Configuración simbólica: potencia íntegra de la imagen, entendiendo por tal no sólo la de raíz sensible sino también la fundada sobre los giros más penetrantes y originales del pensamiento, evitando rigurosamente lo difuso, con confianza plena en la vigencia de una estructura poética propia de los últimos alcances de la inteligencia, con la convicción de que sentir y pensar no son cosas distintas, con una fidelidad de base al desarrollo particular de cada núcleo poético y una vivencia o experiencia integral del poema como un organismo unitario. Manejo del lenguaje: concisión, desnudez, concentración, renuncia a lo decorativo y retórico, con una especie de animismo verbal (reconocimiento de la vibración, el temple, la conducta y el ánimo de cada palabra) y un plasticismo figurativo, despierto en los sucesivos esbozos de algo así como una despojada y tal vez inalcanzable parábola del espíritu.

Me apasiona la fuerte humanidad de una búsqueda de esta clase, su desafío a las normas y los estereotipos, la densidad del nivel donde se gesta la lucha por la expresión, la intensidad del buceo en las zonas más olvidadas y sin embargo más vivas de lo real, la simbiosis profunda de todas las proyecciones simbolizadoras, la paradójica complementariedad y hasta sincronicidad de lo espontáneo y lo reflexivo, lo dicho y lo no dicho, la victoria y el fracaso, lo esperado y lo inesperado, lo posible y lo imposible, lo uno y lo otro.

Me subyuga el amor que se funda y sustancia en estos espacios vivos y la libertad radical de ese amor, que ya no hace distingos entre expresarse y comunicarse, entre soledad y compañía, entre ausencia y presencia, entre voz y silencio, entre amar y pensar, entre todo y algo. La palabra transfigurada de un hombre solitario puede recoger allí, por abajo, el gesto misterioso y absurdamente magnífico de la humanidad. La poesía puede entonces proyectar ese gesto y abolir en un acto de amor la distancia entre el hombre y los objetos, entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, entre el hombre y la muerte. Más que un vacío, esas distancias son el músculo al que es posible dar vida con el nervio de la visión creadora, con el tatuaje inusitado de la palabra en función y explosión de ser, para mover así el mundo. La realidad está donde queremos que esté, donde somos capaces de engendrar una forma.

En el corazón de mi poesía está la creencia en que el pensamiento es más concreto que todo el resto de la materia del mundo. Por eso, en el corazón de mi poesía hay también un rostro.

Toda vida es sólo un amago, el anuncio o comienzo de un gesto. También la poesía es un amago, pero su ademán permanece, como si fuera algo más. El hombre y su lenguaje empujando implacablemente sus límites, desvestidos de todo cuanto no sea límite, desvistiéndose de aquello que ahora lo es. Suprema afirmación, es también lo más cercano a la suprema negación. La grandeza concreta de la poesía, como la de la vida, consiste en no estar hecha. Un salto siempre más allá, el salto que nos hace posibles.

Desde dentro, toda obra es un fracaso. Pero creo haber buscado algo distinto. Y esa búsqueda, desde adentro o afuera, no es un fracaso.


Roberto Juarroz*


* Roberto Juarroz nació en Coronel Dorrego, provincia de Buenos Aires, el 5 de octubre de 1925 y murió en Temperley, provincia de la capital argentina, el 31 de marzo de 1995.

 



Poesía vertical (1958)
 

1
DOS POEMAS SUELTOS


1

Una red de mirada
mantiene unido al mundo,
no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse en una espalda
que puede ser de dios.
Sin embargo,
ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso
que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro
para averiguar si existe el aire
o crear un mundo
para saber si hay dios
o ponernos el sombrero
para comprobar que existimos.


2

La muerte nos roza a veces los cabellos,
nos despeina
y no entra.

¿La detendrá quizás algún gran pensamiento?
¿O acaso pensamos
algo mayor que el pensamiento mismo?


3

El ser empieza en mis manos de hombre.
El ser,
todas las manos,
cualquier palabra que se diga en el mundo,
el trabajo de tu muerte,
Dios, que no trabaja.

Pero el no ser también empieza entre mis manos
                                                               [de hombre.

El no ser,
todas las manos,
la palabra que se dice afuera del mundo,
las vacaciones de tu muerte,
la fatiga de Dios,
la madre que nunca tendrá hijo,
mi no morir ayer.

Pero mis manos de hombre ¿dónde empiezan?


5

No quiero confundir a Dios con Dios.

Por eso ya no uso sombrero,
busco ojos en los ojos de la gente
y me pregunto qué es lo que nos deja despertar,
mientras estoy aquí, entre paréntesis,
y sospecho que todo es un paréntesis.

Mientras manoseo esta muerte con horario de trenes
y me calco las manos.

Porque tal vez todo el juego sea ése:
calcarse uno las manos.

Calcarse entre paréntesis,
no afuera.

No quiero confundir a dios con dios.


9

Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que sólo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría.

Y aquí empieza el abismo,
como cuando me duermo.
Soy mi propio sostén y me lo quito.

Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo.


15

El amor empieza cuando se rompen los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o alta,
se agacha hasta la sangre.

El amor empieza cuando Dios termina
y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier parte.
El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.


17

Hay que caer y no se puede elegir dónde.
Pero hay cierta forma del viento en los cabellos,
cierta pausa del golpe,
cierta esquina del brazo
que podemos torcer mientras caemos.

Es tan sólo el extremo de un signo,
la punta sin pensar de un pensamiento.
Pero basta para evitar el fondo avaro de unas manos
y la miseria azul de un Dios desierto.

Se trata de doblar algo más una coma
en un texto que no podemos corregir.


23

Hay trajes que duran más que el amor.
Hay trajes que comienzan con la muerte
y dan la vuelta al mundo
y a dos mundos.

Hay trajes que en lugar de gastarse
se vuelven cada vez más nuevos.

Hay trajes para desvestirse.
Hay trajes verticales.

La caída del hombre
los pone de pie.


37

Mientras haces cualquier cosa,
alguien está muriendo.

Mientras te lustras los zapatos,
mientras odias,
mientras le escribes una carta prolija
a tu amor único o no único.

Y aunque pudieras llegar a no hacer nada,
alguien estaría muriendo,
tratando en vano de no mirar fijo a la pared.

Y aunque te estuvieras muriendo,
alguien más estaría muriendo,
a pesar de tu legítimo deseo
de morir un minuto con exclusividad.

Por eso, si te preguntan por el mundo,
responde simplemente: alguien está muriendo.


44

Porque esta noche duermes lejos
y en una cama con demasiado sueño,
yo estoy aquí despierto,
con una mano mía y otra tuya.

Tú seguirás allí
desnuda como tú
y yo seguiré aquí
desnudo como yo.

Mi boca es ya muy larga y piensa mucho
y tu cabello es corto y tiene sueño.

Ya no hay tiempo para estar
desnudos como uno
los dos.


51

Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.

Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía,
y no se detendrá ni cuando mueras.



DOS POEMAS SUELTOS

1

Mi pensamiento ha creado
otra forma de pensar para pensarte.
La ha creado en mí,
como si una sombra se inventara otro cuerpo.

Y ahora encuentro contactos
de suavidad creciente
entre mis pensamientos,
que antes no se tocaban.

Ahora encuentro
que mi pensar es casi como un cuerpo


2

Pongo los ojos hacia atrás,
como alguna vez puse a Dios hacia adelante
o el tacto pensativo con que he amado.

Y como alguna vez no puse nada,
ni adelante ni atrás,
puse mi sombra
o quizá la de algo que no encuentro.

Pongo los ojos hacia atrás
y me muero atrás mío,
me muero de no dios y de no alguien.

¿Será la muerte acaso
un puro ir hacia atrás,
un irse atrás sin nadie?

 

 


Segunda poesía vertical (1963)
 

8

Hilos que vienen de afuera
me fabrican un gesto
que se da vuelta y se me va hacia adentro.
No sé a quien buscan esos hilos,
qué otra complicidad o respuesta o vínculo,
qué otro complot de formas.
¿O acaso no les importa ningún gesto
y persiguen tan sólo los hilos sueltos del otro lado,
para atarse con ellos,
y yo soy únicamente el lugar donde el nudo es posible?


31

La luna negra del día
les fabrica rumbos escondidos a las cosas.
Una gota se vuelve la mitad del aire
y el sitio de tu sueño pega un salto.
Un montón de tiempo inesperado
duplica las ventanas.
La sombra se convierte en el tacto más íntimo
y el cuerpo tiernamente grotesco del mundo
se palpa a sí mismo.

Las mareas se internan así en el pensamiento
y tu pasión comienza,
nido y límite a la vez del mediodía.


38

La nitidez secreta de las cosas
levanta un mundo nuevo en mi mirada,
que también es secreta y lleva un mundo.
Se abre entonces la ceguera del día
y la luz no cabalga sólo sombras.
Tu mano está en la idea de tu mano.
Mi palabra se instala
como una lluvia interna en todas partes.
Los pájaros sostienen a los árboles,
los muertos a la tierra,
y el amor, que es ausencia,
perfecciona su forma de ojo abierto.
La nitidez del caos
me salva hoy como un vientre junto al mío,
me puebla la ciudad apasionada
que cuelga entre mi ausencia y mi presencia.


45

Un corazón torcido, una voz ronca,
me han brotado en un lugar al que no llego.
Uno recoge al mundo de costado,
la otra lo devuelve por el centro.
No sé qué extraño maridaje los une,
en el cual también estoy ausente.
Sólo sé que ese mundo,
así tomado,
así devuelto,
va formando una isla en la que yo no falto
dentro de este otro mundo que es mi ausencia


50

La vida es un chal no del todo ceñido
cuyas puntas cuelgan por la espalda.
El frío pone puntos suspensivos en el rostro.
Enrollamos y guardamos caminos,
desenrollamos y tiramos palabras,
amamos y desamamos con el mismo gesto.
Mientras tanto el frío iguala todo.

Y hasta las puntas del chal desaparecen.


51

Tu ausencia es el borde
de una pared que detiene el viento
y fabrica con él dos largos túneles
de cuyo fondo volverán tus ojos.
Tu ausencia me suelta
una piel imposible,
que sólo viviría
en la temperatura que se fue con tus manos.
Y en cambio me ata
esta piel que me aprieta los tobillos
y me desemboca locamente
en el costado fiel del corazón.

Tu ausencia hace llover encima mío
el espacio que queda entre la lluvia.


82

Un largo túnel se me acerca a la boca
y me baja la voz,
este anillo que no termina nunca de cerrarse.

He buscado en vano una palabra
que sirva como dedo del anillo,
ahora mucho más cerca.

Si este túnel fuera suficientemente largo,
si retornara cada vez de su extremo,
él mismo sería el dedo.

Sólo cuando haya dedo se cerrará el anillo.
 
 


Tercera poesía vertical (1965)
 

I. POEMAS DE OTREDAD
II. POEMAS DE UNIDAD
III. POEMA UNO Y OTRO



I. POEMAS DE OTREDAD


2

El otro que lleva mi nombre
ha comenzado a desconocerme.
Se despierta donde yo me duermo,
me duplica la persuasión de estar ausente,
ocupa mi lugar como si el otro fuera yo,
me copia en las vidrieras que no amo,
me agudiza las cuencas desistidas,
descoloca los signos que nos unen
y visita sin mí las otras versiones de la noche.

Imitando su ejemplo,
ahora empiezo yo a desconocerme.
Tal vez no exista otra manera
de comenzar a conocernos.


3

Hay huellas que no coinciden con su pie.
Hay huellas que se anticipan a su pie.
Hay huellas que fabrican su pie.
Hay huellas que son más pie que el pie.

¿Qué puede hacer un pie
cuando le ocurren estas cosas?
Solamente
darse vuelta hacia el aire.


4

Si uno no es igual a su despertar,
si el despertar lo excede
o es menor que uno,
¿quién ocupa la diferencia?

Y si uno no es igual tampoco a su dormir,
¿a dónde se queda su costado despierto
o qué otra cosa se duerme con uno?

¿Y si uno no es igual a uno?

El signo igual parece a veces
la duplicación ensimismada
del menos.


15

Nos quedamos a veces detenidos
en medio de una calle,
de una palabra
o de un beso,
con los ojos inmóviles
como dos largos vasos de agua solitaria,
con la vida inmóvil
y las manos quietas entre un gesto y el que hubiera
                                                                   [seguido,
como si no estuvieran ya en ninguna parte.
Nuestros recuerdos son entonces de otro,
a quien apenas recordamos.

Es como si prestásemos la vida por un rato,
sin la seguridad de que nos va a ser devuelta
y sin que nadie nos la haya pedido,
pero sabiendo que es usada
para algo que nos concierne más que todo.

¿No será también la muerte un préstamo,
en medio de una calle,
de una palabra
o de un beso?




II. POEMAS DE UNIDAD


4

La sinceridad disimulada de la noche
guía las gotas de la lluvia
hacia la atención ejemplar de las cosas
y una sílaba antigua,
una gota de hombre,
humedece las paredes porosas del pensamiento.

Mariposa de piedra viva
que recoge el color de una estrella apagada
para enunciar la felpa ardiente
donde el pensar es pasto de las cosas,
torre de alimento
para el hambre intersticial y alerta.

Pensar es como amar.


20

A veces comprendemos algo
entre la noche y la noche.
Nos vemos de pronto parados debajo de una torre
tan fina como el signo del adiós
y nos pesa sobre todo desconocer si lo que no sabemos
es adónde ir o adónde regresar.
Nos duele la forma más íntima del tiempo:
el secreto de no amar lo que amamos.
Una oscura prisa
un contagio de ala
nos alumbra una ausencia desmedidamente nuestra.
Comprendemos entonces
que hay sitios sin luz, ni oscuridad, ni mediaciones
espacios libres
donde podríamos no estar ausentes.


21

Tal vez la muerte sea imposible
y el truco consista en vaciar la mirada
para salvar el ojo.

Tal vez tu mano forme parte de la mía
y el truco consista en ponérmela al margen
para que yo haga un mundo.

Tal vez el hombre sea el hombre
y el truco consista en publicar un dios
para que el hombre sea todo.


34

Callar en algún sitio de uno mismo
y callar en algún sitio de otro,
para que el amor no cambie de nombre.

Y callar también
donde ya no hay más sitio.




III. POEMA UNO Y OTRO

Lo visible soporta una fiera mordedura,
un desgarrante acoso sin tregua.
Durar en el filo de una boca
es tomar poco a poco su forma
o tal vez darle la propia.
Lo visible es una fiera mordedura,
un acosado acoso,
una mordida boca.

Llegará el día en que habrá que ver lo visible
con los ojos de otra cosa,
como si fuera otra cosa.
O quizá, por fin, como si fuera visible.
O sencillamente como si fuera.
 
 

 


Cuarta poesía vertical (1969)
 

7

Una mosca anda cabeza abajo por el techo,
un hombre anda cabeza abajo por la calle
y algún dios anda cabeza abajo por la nada.

Tan sólo tú no andas esta tarde,
a menos que las ausencias puras
inventen otra forma de andar que no sabemos:
andar cabeza arriba.

Exploraremos el encuentro del amor y la piedra,
el viaje de la mano a su duelo,
la playa de banderas con que sueña la sangre,
la fiesta de ser hombre cuando el hombre despierta
y se cae en el hombre,
la fábula que se convierte en niño,
la mujer necesaria para amar lo que amamos
y hasta lo que no amamos.
Y exploraremos también el espacio vacío que dejaste
                                                               [en tu poema,
el espacio vacío que dejaste en cada palabra
y hasta en tu propia tumba
para alzar el futuro.

Allí te encontraremos
y juntos echaremos a andar cabeza arriba

(A Paul Eluard)


46

Las palabras son pequeñas palancas,
pero no hemos encontrado todavía su punto de apoyo.

Las apoyamos unas en otras
y el edificio cede.
Las apoyamos en el rostro del pensamiento
y las devora su máscara.
Las apoyamos en el río del amor
y se van con el río.

Y seguimos buscando su suma
en una sola palanca,
pero sin saber qué queremos levantar,
si la vida o la muerte,
si el hecho mismo de hablar
o el círculo cerrado de ser hombres.
 
 


Quinta poesía vertical (1974)
 


2

Llega un día
en que la mano percibe los límites de la página
y siente que las sombras de las letras que escribe
saltan del papel.

Detrás de esas sombras,
pasa entonces a escribir en los cuerpos repartidos por
                                                                   [el mundo,
en un brazo extendido,
en una copa vacía,
en los restos de algo.

Pero llega otro día
en que la mano siente que todo cuerpo devora
furtiva y precozmente
el oscuro alimento de los signos.

Ha llegado para ella el momento
de escribir en el aire,
de conformarse casi con su gesto.
Pero el aire también es insaciable
y sus límites son oblicuamente estrechos.

La mano emprende entonces su último cambio:
pasa humildemente
a escribir sobre ella misma.


8

Una pregunta rueda como una piedra
por el costado del hombre
y en lugar de caer en el vacío
encuentra un valle que la sostiene.

Ya no se trata de hombres ni de dioses.
Ya no se está en el sitio de las respuestas.
El propio eco se ha convertido en valle.

Quizá la salvación del hombre
consista en rodar por su propia ladera,
abrazado a la piedra
de la mayor de sus preguntas.


10

Hay vidas que duran un instante:
su nacimiento.

Hay vidas que duran dos instantes:
su nacimiento y su muerte.

Hay vidas que duran tres instantes:
su nacimiento, su muerte y una flor.


33

El corazón más plano de la tierra,
el corazón más seco,
me mostró su ternura.
Y yo tuve vergüenza de la mía.

Tuve vergüenza de los himnos largos,
de las constelaciones derramadas,
de los gestos nupciales y espumosos,
de las escarapelas del amor,
de los amaneceres desplomados.

Y también tuve miedo.
Miedo de las palabras que no cantan,
miedo de las imágenes que sobran
cuando tanto ser falta,
miedo de los roedores que se baten
en la iglesia vacía,
miedo de las habitaciones bautismales
que se llenan de águilas.

El corazón más plano de la tierra
me hizo aprender el salto del abismo
de una sola mirada.

FRAGMENTOS VERTICALES

No siempre la visión y la palabra coinciden hasta la suma del poema. Muchas veces sólo quedan algunos núcleos o imágenes o roces, como si fueran los restos o las ganancias de un naufragio. ¿Pero acaso es otra cosa toda la poesía? Quizá se debiera entonces hablar aquí de fragmentos de restos, astillas de poesía, trozos de materia desnuda de los poemas que no terminaron de nacer.

1

Me falla la memoria:
recuerdo demasiado.
Recuerdo, por ejemplo, que no era.


2

Pensar entre dos,
como si hacer el pensamiento
fuera igual a hacer el amor.


5

Llegar con los ojos abiertos a la mirada final,
como un estandarte que no se avergüenza.
Aunque los ojos abiertos
tengan que cerrar muchas cosas.


10

Lo visible es un adorno de lo invisible.


13

Hay que afilar la vida como un lápiz
y copiar al dictado.


15

Clavaron un clavo en la pared del alma,
para colgar la imagen
del alma.


19

Los números tienen forma de hombre.
Hasta el cero tiene forma de hombre.


20

Hay que aprender las lecciones dibujadas
en la parte de abajo de los puentes.


21

Una sed que sentimos en un sueño
nos ha hecho beber fuera del sueño.
 
 


Sexta poesía vertical (1975)
 

2

Mi mirada me espera en las cosas,
para mirarme desde ellas
y despojarme de mi mirada.

Mi memoria me espera en las cosas
para demostrarme que no existe el olvido

Y las cosas se apoyan en mí,
como si yo, que no tengo raíz,
fuera la raíz que les falta.

¿Es que tal vez las cosas
también se esperan en mí?

¿Es que todo lo que existe
se está esperando afuera de sí mismo?

¿Es que al final estarán mis brazos
abiertos para abrazarme?


12

Cuando se apaga la última lámpara
no sólo se apaga algo mayor que la luz:
también se enciende la sombra.

Debería haber sin embargo lámparas
que sirvieran exclusivamente
para encender la sombra.
¿No hay acaso miradas para no ver,
vidas nada más que para morir
y amores sólo para el olvido?

Hay por lo menos ciertas tinieblas predilectas
que merecen su propia lámpara de oscuridad.


27

El silencio que queda entre dos palabras
no es el mismo silencio que envuelve una cabeza
                                                          [cuando cae.
ni tampoco el que estampa la presencia del árbol
cuando se apaga el incendio vespertino del viento.

Así como cada voz tiene un timbre y una altura,
cada silencio tiene un registro y una profundidad.
El silencio de un hombre es distinto del silencio de otro
y no es lo mismo callar un nombre que callar otro nombre.

Existe un alfabeto del silencio,
pero no nos han enseñado a deletrearlo.
Sin embargo, la lectura del silencio es la única durable,
tal vez más que el lector.


64

Me desperté con un pedazo de sueño entre las manos
y no supe qué hacer con él.
Busqué entonces un pedazo de vigilia,
para vestir el pedazo de sueño,
pero éste ya no estaba.
Tengo ahora un pedazo de vigilia entre las manos
y no sé qué hacer con él.

A menos que encuentre otras manos
que puedan entrar con él al sueño.


75

Estamos aquí
como juguetes de alguien
que no sabe jugar.

Los juguetes
deben enseñarle a jugar
a quien los hizo.

76

Es más difícil despertar del sueño de los ojos abiertos
que del sueño de los ojos cerrados,
despertar sin volver a cerrar los ojos
ante la amenaza o la nitidez excesiva del paisaje,
despertar sin volver a caer en otro sueño.

El mal está en los ojos, no en las cosas.
El hombre es una fúnebre mirada
que cae de sueño en sueño
porque no sabe cuándo debe
cerrar o abrir los ojos.
Por eso, equivocadamente,
los abre cuando nace
y los cierra cuando muere.


84

Hay corazones sin dueño,
que no tuvieron nunca la oportunidad
de regir como un péndulo casi atroz
el laborioso espasmo de la carne.

Hay corazones de repuesto,
que esperan sabiamente
o por quién sabe qué mandato
el momento de asumir su locura.

Hay corazones sobrantes,
que se descuelgan como puños de contrabando
desde la permanente anomalía
de ser un corazón.

Y hay también un corazón perdido,
una campana de silencio,
que nadie sin embargo ha encontrado
entre todas las cosas perdidas de la tierra.

Pero todo corazón es un testigo
y una segura prueba
de que la vida es una escala inadecuada
para trazar el mapa de la vida.