Poesía vertical (1958)
 

1
DOS POEMAS SUELTOS


1

Una red de mirada
mantiene unido al mundo,
no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse en una espalda
que puede ser de dios.
Sin embargo,
ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso
que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro
para averiguar si existe el aire
o crear un mundo
para saber si hay dios
o ponernos el sombrero
para comprobar que existimos.


2

La muerte nos roza a veces los cabellos,
nos despeina
y no entra.

¿La detendrá quizás algún gran pensamiento?
¿O acaso pensamos
algo mayor que el pensamiento mismo?


3

El ser empieza en mis manos de hombre.
El ser,
todas las manos,
cualquier palabra que se diga en el mundo,
el trabajo de tu muerte,
Dios, que no trabaja.

Pero el no ser también empieza entre mis manos
                                                               [de hombre.

El no ser,
todas las manos,
la palabra que se dice afuera del mundo,
las vacaciones de tu muerte,
la fatiga de Dios,
la madre que nunca tendrá hijo,
mi no morir ayer.

Pero mis manos de hombre ¿dónde empiezan?


5

No quiero confundir a Dios con Dios.

Por eso ya no uso sombrero,
busco ojos en los ojos de la gente
y me pregunto qué es lo que nos deja despertar,
mientras estoy aquí, entre paréntesis,
y sospecho que todo es un paréntesis.

Mientras manoseo esta muerte con horario de trenes
y me calco las manos.

Porque tal vez todo el juego sea ése:
calcarse uno las manos.

Calcarse entre paréntesis,
no afuera.

No quiero confundir a dios con dios.


9

Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que sólo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría.

Y aquí empieza el abismo,
como cuando me duermo.
Soy mi propio sostén y me lo quito.

Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo.


15

El amor empieza cuando se rompen los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o alta,
se agacha hasta la sangre.

El amor empieza cuando Dios termina
y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier parte.
El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.


17

Hay que caer y no se puede elegir dónde.
Pero hay cierta forma del viento en los cabellos,
cierta pausa del golpe,
cierta esquina del brazo
que podemos torcer mientras caemos.

Es tan sólo el extremo de un signo,
la punta sin pensar de un pensamiento.
Pero basta para evitar el fondo avaro de unas manos
y la miseria azul de un Dios desierto.

Se trata de doblar algo más una coma
en un texto que no podemos corregir.


23

Hay trajes que duran más que el amor.
Hay trajes que comienzan con la muerte
y dan la vuelta al mundo
y a dos mundos.

Hay trajes que en lugar de gastarse
se vuelven cada vez más nuevos.

Hay trajes para desvestirse.
Hay trajes verticales.

La caída del hombre
los pone de pie.


37

Mientras haces cualquier cosa,
alguien está muriendo.

Mientras te lustras los zapatos,
mientras odias,
mientras le escribes una carta prolija
a tu amor único o no único.

Y aunque pudieras llegar a no hacer nada,
alguien estaría muriendo,
tratando en vano de no mirar fijo a la pared.

Y aunque te estuvieras muriendo,
alguien más estaría muriendo,
a pesar de tu legítimo deseo
de morir un minuto con exclusividad.

Por eso, si te preguntan por el mundo,
responde simplemente: alguien está muriendo.


44

Porque esta noche duermes lejos
y en una cama con demasiado sueño,
yo estoy aquí despierto,
con una mano mía y otra tuya.

Tú seguirás allí
desnuda como tú
y yo seguiré aquí
desnudo como yo.

Mi boca es ya muy larga y piensa mucho
y tu cabello es corto y tiene sueño.

Ya no hay tiempo para estar
desnudos como uno
los dos.


51

Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.

Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía,
y no se detendrá ni cuando mueras.



DOS POEMAS SUELTOS

1

Mi pensamiento ha creado
otra forma de pensar para pensarte.
La ha creado en mí,
como si una sombra se inventara otro cuerpo.

Y ahora encuentro contactos
de suavidad creciente
entre mis pensamientos,
que antes no se tocaban.

Ahora encuentro
que mi pensar es casi como un cuerpo


2

Pongo los ojos hacia atrás,
como alguna vez puse a Dios hacia adelante
o el tacto pensativo con que he amado.

Y como alguna vez no puse nada,
ni adelante ni atrás,
puse mi sombra
o quizá la de algo que no encuentro.

Pongo los ojos hacia atrás
y me muero atrás mío,
me muero de no dios y de no alguien.

¿Será la muerte acaso
un puro ir hacia atrás,
un irse atrás sin nadie?