Segunda poesía vertical (1963)
 

8

Hilos que vienen de afuera
me fabrican un gesto
que se da vuelta y se me va hacia adentro.
No sé a quien buscan esos hilos,
qué otra complicidad o respuesta o vínculo,
qué otro complot de formas.
¿O acaso no les importa ningún gesto
y persiguen tan sólo los hilos sueltos del otro lado,
para atarse con ellos,
y yo soy únicamente el lugar donde el nudo es posible?


31

La luna negra del día
les fabrica rumbos escondidos a las cosas.
Una gota se vuelve la mitad del aire
y el sitio de tu sueño pega un salto.
Un montón de tiempo inesperado
duplica las ventanas.
La sombra se convierte en el tacto más íntimo
y el cuerpo tiernamente grotesco del mundo
se palpa a sí mismo.

Las mareas se internan así en el pensamiento
y tu pasión comienza,
nido y límite a la vez del mediodía.


38

La nitidez secreta de las cosas
levanta un mundo nuevo en mi mirada,
que también es secreta y lleva un mundo.
Se abre entonces la ceguera del día
y la luz no cabalga sólo sombras.
Tu mano está en la idea de tu mano.
Mi palabra se instala
como una lluvia interna en todas partes.
Los pájaros sostienen a los árboles,
los muertos a la tierra,
y el amor, que es ausencia,
perfecciona su forma de ojo abierto.
La nitidez del caos
me salva hoy como un vientre junto al mío,
me puebla la ciudad apasionada
que cuelga entre mi ausencia y mi presencia.


45

Un corazón torcido, una voz ronca,
me han brotado en un lugar al que no llego.
Uno recoge al mundo de costado,
la otra lo devuelve por el centro.
No sé qué extraño maridaje los une,
en el cual también estoy ausente.
Sólo sé que ese mundo,
así tomado,
así devuelto,
va formando una isla en la que yo no falto
dentro de este otro mundo que es mi ausencia


50

La vida es un chal no del todo ceñido
cuyas puntas cuelgan por la espalda.
El frío pone puntos suspensivos en el rostro.
Enrollamos y guardamos caminos,
desenrollamos y tiramos palabras,
amamos y desamamos con el mismo gesto.
Mientras tanto el frío iguala todo.

Y hasta las puntas del chal desaparecen.


51

Tu ausencia es el borde
de una pared que detiene el viento
y fabrica con él dos largos túneles
de cuyo fondo volverán tus ojos.
Tu ausencia me suelta
una piel imposible,
que sólo viviría
en la temperatura que se fue con tus manos.
Y en cambio me ata
esta piel que me aprieta los tobillos
y me desemboca locamente
en el costado fiel del corazón.

Tu ausencia hace llover encima mío
el espacio que queda entre la lluvia.


82

Un largo túnel se me acerca a la boca
y me baja la voz,
este anillo que no termina nunca de cerrarse.

He buscado en vano una palabra
que sirva como dedo del anillo,
ahora mucho más cerca.

Si este túnel fuera suficientemente largo,
si retornara cada vez de su extremo,
él mismo sería el dedo.

Sólo cuando haya dedo se cerrará el anillo.