Tercera poesía vertical (1965)
 

I. POEMAS DE OTREDAD
II. POEMAS DE UNIDAD
III. POEMA UNO Y OTRO



I. POEMAS DE OTREDAD


2

El otro que lleva mi nombre
ha comenzado a desconocerme.
Se despierta donde yo me duermo,
me duplica la persuasión de estar ausente,
ocupa mi lugar como si el otro fuera yo,
me copia en las vidrieras que no amo,
me agudiza las cuencas desistidas,
descoloca los signos que nos unen
y visita sin mí las otras versiones de la noche.

Imitando su ejemplo,
ahora empiezo yo a desconocerme.
Tal vez no exista otra manera
de comenzar a conocernos.


3

Hay huellas que no coinciden con su pie.
Hay huellas que se anticipan a su pie.
Hay huellas que fabrican su pie.
Hay huellas que son más pie que el pie.

¿Qué puede hacer un pie
cuando le ocurren estas cosas?
Solamente
darse vuelta hacia el aire.


4

Si uno no es igual a su despertar,
si el despertar lo excede
o es menor que uno,
¿quién ocupa la diferencia?

Y si uno no es igual tampoco a su dormir,
¿a dónde se queda su costado despierto
o qué otra cosa se duerme con uno?

¿Y si uno no es igual a uno?

El signo igual parece a veces
la duplicación ensimismada
del menos.


15

Nos quedamos a veces detenidos
en medio de una calle,
de una palabra
o de un beso,
con los ojos inmóviles
como dos largos vasos de agua solitaria,
con la vida inmóvil
y las manos quietas entre un gesto y el que hubiera
                                                                   [seguido,
como si no estuvieran ya en ninguna parte.
Nuestros recuerdos son entonces de otro,
a quien apenas recordamos.

Es como si prestásemos la vida por un rato,
sin la seguridad de que nos va a ser devuelta
y sin que nadie nos la haya pedido,
pero sabiendo que es usada
para algo que nos concierne más que todo.

¿No será también la muerte un préstamo,
en medio de una calle,
de una palabra
o de un beso?




II. POEMAS DE UNIDAD


4

La sinceridad disimulada de la noche
guía las gotas de la lluvia
hacia la atención ejemplar de las cosas
y una sílaba antigua,
una gota de hombre,
humedece las paredes porosas del pensamiento.

Mariposa de piedra viva
que recoge el color de una estrella apagada
para enunciar la felpa ardiente
donde el pensar es pasto de las cosas,
torre de alimento
para el hambre intersticial y alerta.

Pensar es como amar.


20

A veces comprendemos algo
entre la noche y la noche.
Nos vemos de pronto parados debajo de una torre
tan fina como el signo del adiós
y nos pesa sobre todo desconocer si lo que no sabemos
es adónde ir o adónde regresar.
Nos duele la forma más íntima del tiempo:
el secreto de no amar lo que amamos.
Una oscura prisa
un contagio de ala
nos alumbra una ausencia desmedidamente nuestra.
Comprendemos entonces
que hay sitios sin luz, ni oscuridad, ni mediaciones
espacios libres
donde podríamos no estar ausentes.


21

Tal vez la muerte sea imposible
y el truco consista en vaciar la mirada
para salvar el ojo.

Tal vez tu mano forme parte de la mía
y el truco consista en ponérmela al margen
para que yo haga un mundo.

Tal vez el hombre sea el hombre
y el truco consista en publicar un dios
para que el hombre sea todo.


34

Callar en algún sitio de uno mismo
y callar en algún sitio de otro,
para que el amor no cambie de nombre.

Y callar también
donde ya no hay más sitio.




III. POEMA UNO Y OTRO

Lo visible soporta una fiera mordedura,
un desgarrante acoso sin tregua.
Durar en el filo de una boca
es tomar poco a poco su forma
o tal vez darle la propia.
Lo visible es una fiera mordedura,
un acosado acoso,
una mordida boca.

Llegará el día en que habrá que ver lo visible
con los ojos de otra cosa,
como si fuera otra cosa.
O quizá, por fin, como si fuera visible.
O sencillamente como si fuera.