Sexta poesía vertical (1975)
 

2

Mi mirada me espera en las cosas,
para mirarme desde ellas
y despojarme de mi mirada.

Mi memoria me espera en las cosas
para demostrarme que no existe el olvido

Y las cosas se apoyan en mí,
como si yo, que no tengo raíz,
fuera la raíz que les falta.

¿Es que tal vez las cosas
también se esperan en mí?

¿Es que todo lo que existe
se está esperando afuera de sí mismo?

¿Es que al final estarán mis brazos
abiertos para abrazarme?


12

Cuando se apaga la última lámpara
no sólo se apaga algo mayor que la luz:
también se enciende la sombra.

Debería haber sin embargo lámparas
que sirvieran exclusivamente
para encender la sombra.
¿No hay acaso miradas para no ver,
vidas nada más que para morir
y amores sólo para el olvido?

Hay por lo menos ciertas tinieblas predilectas
que merecen su propia lámpara de oscuridad.


27

El silencio que queda entre dos palabras
no es el mismo silencio que envuelve una cabeza
                                                          [cuando cae.
ni tampoco el que estampa la presencia del árbol
cuando se apaga el incendio vespertino del viento.

Así como cada voz tiene un timbre y una altura,
cada silencio tiene un registro y una profundidad.
El silencio de un hombre es distinto del silencio de otro
y no es lo mismo callar un nombre que callar otro nombre.

Existe un alfabeto del silencio,
pero no nos han enseñado a deletrearlo.
Sin embargo, la lectura del silencio es la única durable,
tal vez más que el lector.


64

Me desperté con un pedazo de sueño entre las manos
y no supe qué hacer con él.
Busqué entonces un pedazo de vigilia,
para vestir el pedazo de sueño,
pero éste ya no estaba.
Tengo ahora un pedazo de vigilia entre las manos
y no sé qué hacer con él.

A menos que encuentre otras manos
que puedan entrar con él al sueño.


75

Estamos aquí
como juguetes de alguien
que no sabe jugar.

Los juguetes
deben enseñarle a jugar
a quien los hizo.

76

Es más difícil despertar del sueño de los ojos abiertos
que del sueño de los ojos cerrados,
despertar sin volver a cerrar los ojos
ante la amenaza o la nitidez excesiva del paisaje,
despertar sin volver a caer en otro sueño.

El mal está en los ojos, no en las cosas.
El hombre es una fúnebre mirada
que cae de sueño en sueño
porque no sabe cuándo debe
cerrar o abrir los ojos.
Por eso, equivocadamente,
los abre cuando nace
y los cierra cuando muere.


84

Hay corazones sin dueño,
que no tuvieron nunca la oportunidad
de regir como un péndulo casi atroz
el laborioso espasmo de la carne.

Hay corazones de repuesto,
que esperan sabiamente
o por quién sabe qué mandato
el momento de asumir su locura.

Hay corazones sobrantes,
que se descuelgan como puños de contrabando
desde la permanente anomalía
de ser un corazón.

Y hay también un corazón perdido,
una campana de silencio,
que nadie sin embargo ha encontrado
entre todas las cosas perdidas de la tierra.

Pero todo corazón es un testigo
y una segura prueba
de que la vida es una escala inadecuada
para trazar el mapa de la vida.