Al gran poeta Luis Cernuda, en su tumba, en ocasión
del xv aniversario de su muerte*


Marsias, ya desollado, confió su canto al viento.
De las ramas de un abedul, dicen, cuelga su piel.
La flauta que sus labios oprimieron, madre de
    la música,
yace hoy en el barro; pero su voz se perpetúa
hasta imponer en la soberbia del día apolíneo
el melancólico acento de las noches serenas.

Marsias no cesa en su martirio. Él es la poesía
    en llamas,
en llanto, en vida. Tú lo supiste. Desde siempre
escuchaste el canto del desposeído aldeano.
El son de su instrumento acompañó tus pasos
y por ello, tú también como Marsias,
desafiaste las iras del soberbio dios a quien
    venciste.
Mas si acaso no acertara a decir toda la verdad,
exijo que las veces cuyo canto tú mismo has detenido,
canten entonces hasta sepultar al viento, al abedul:
flauta y piel sangrante para que tú, soñador perpetuo
de la muerte viva, animes tus huesos,
y vuelvas a nosotros a recordarnos que el hombre,
el pobre hombre, es festín favorito de los dioses.



* Poema no coleccionado, Los Universitarios, noviembre de 1983.