Los cuadernos de Marsias (1973)


Como el espejo loco
Por tu hermosura
Soplacañas
Muerta la sombra
Podría referir
Cuando tu Marsias
Lo único bueno
En la faz
Salve señor
Quién
Atento a tu consejo
Desde el brebaje
Os esté claro
Si quieres
Llamadme con razón


Como el espejo loco


Como el espejo loco sus imágenes
transforma en humo —esfera y eco. Canto
a la embriaguez tras el demonio azul—,
tu música implacable al entonarla
en flauta afónica tu Marsias,
más aún que a himno sonó a réquiem;
porque bañada en sangre por los puercos,
echada en el camastro referiste
quién fue de los devotos pretendientes
el más experto buscador de trufas,
antes de acuchillarlo por el hígado.

 


Por tu hermosura


Por tu hermosura, senos míos,
el ojo sano de su madre
tu viejo Marsias jugaría.
Hay más aún. Tomaría un baño.

 


Soplacañas


Soplacañas decían a tu perro
quizás por ofenderlo,
los estultos censores de su sueño.
¿Acaso no sabían que ladraba,
incandescente el humo de sus cirios,
padres nuestros cabrunos a sus tías,
jabones de alcanfor con yerba loca
a sus madres de lenguas coruscantes,
hermanas de armazón tamborilera,
cuñadas viperinas,
sobrinas desfondadas de pechos sobreactuados,
sin desdeñar de sus abuelas
helados, magros besos,
productos lácteos del gusano
perpetuado en el queso
amante de la muerte?


Muerta la sombra


Muerta la sombra del cautivo.
Su vieja flor de río. Incinerados
sus glissandi de gallo apenas cáncer,
vendrás con agorero cesto
a rescatar doliente, amor,
el corazón de Marsias
del muladar secreto
donde un aciago día lo olvidaste.
Estricta en los detalles,
lo cambiarás de cloaca.

 


Podría referir


Podría referir, si lo pidieras,
el cuento menos farragoso
de la lechuza herida bajo el ala,
o el cuento del sujeto que comía
hierbas humanas en un prado
más río que domingo siete;
acaso el memorioso apólogo
del nardo desterrado en una ingle
de madera, el robot del sueño,
el vino embrutecido,
la desazón del agua y sus moléculas.
Si lo exigieras amor mío,
tu Marsias obediente
vomitaría el cuervo que confiaste
anoche a su garganta,
como una negra nieve de los resentimientos.

 


Cuando tu Marsias


Cuando tu Marsias, deslumbrado,
miró en nevadas cumbres
los bellos, satinados senos
de nana poesía,
abandonó el triclinio del festín,
rompió sus rimas
y como antaño, infante,
volvió a gatear.

 


Lo único bueno


Lo único bueno que hay en mí
es ser un mal poeta.
¿Qué insidioso forúnculo en mal sueño
turbó la mente de mi madre
en el instante que caí en su vientre?
¿Cuál sapo acariciaste tumba mía
antes de croar en un cerrojo lirio
mi corazón zapato?
Sin embargo, en las noches más secretas
pongo en orden mi flauta lamentable
esperando vencer al mismo Apolo.
Si no triunfara,
mi pelleja valdría por lo menos
un asado de liebre en tu cumpleaños.


En la faz


En la faz del cielo esplende,
sobre todas, tu estrella preferida.
¿Señor, esperas redimirme
con luces ilusorias, halagándome?
Más que necias antorchas necesito
el cielo alcohólico de un vaso,
donde brillen sapientes veronales,
ninfas exactas a mi flauta,
en cuyo son solar enhebren
las agrias lunas de su danza.
Dirásme, pues, si todavía aguardas
—amante ciego en tu locura—
tallar en mi persona como en mármol
melancólico, un ángel de boñiga.

 


Salve Señor


Salve Señor de la Armonía.
Si en efecto me llamas
a tu diestra en el cielo
que un día prometísteme,
iré con una condición tan sólo:
ceba a tus vírgenes.

 


Quién


¿Quién como yo ha cenado
sesos de lirio,
ancas de rosa?


Atento a tu consejo


Atento a tu consejo,
        Boca mía,
por la abertura del buzón que mira
a mitad de la calle de su casa,
tu Marsias, obediente, se orinó.
Después, del fondo de la tumba
humor a rosas muertas se escapaba,
a frases tristes que el amor vomita
en su agonía gástrica, premioso.

 


Desde el brebaje


Desde el brebaje del eclipse supe,
que al fabricante de embutidos
a precio razonable venderías
los despojos restantes de tu Marsias.
Qué interés se te sigue al destinarme,
sin freno de ganancia ni medida,
a la triste pavana
de recoletas damas onanistas?
¿O solamente son homófagas?
¿O ejercen ambos ministerios?

 


Os esté claro


Os esté claro falsos euménides,
coéforas llorones,
así acosara el hambre a Marsias
segundos, siglos y milenios,
él nunca comería carne humana,
mas sí la pulpa sonrosada
de truchas, liebres y venados,
mejor si olisca ya y con gusanos.
En su alto ministerio considera,
gorgonas pudibundos:
siempre será de mal agüero
embaularse uno a quien desprecia.
Qué falta de lealtad al odio.

 


Si quieres


Si quieres seducir la virgo:
mientras orinas forma sobre el piso
un corazón y una paloma.
Mas si en lugar de la paloma
hubiera de salir un estornino,
la madre de la virgen
será la seducida. O ambas.

 


Llamadme con razón


Llamadme con razón, ¡oh poetas!,
doctor angélico de ripios
si a corto plazo no viniere
a revelaros la palabra
que rima a perfección con sangre.
En caso no cumpliera,
os reto a desollarme el alma.