Áspero mundo
 
 

*


Aquí, Madrid, mil novecientos
cincuenta y cuatro: un hombre solo.

Un hombre lleno de febrero,
ávido de domingos luminosos,
caminando hacia marzo paso a paso,
hacia el marzo del viento y de los rojos
horizontes –y la reciente primavera
ya en la frontera del abril lluvioso…–

Aquí, Madrid, entre tranvías
y reflejos, un hombre: un hombre solo.

–Más tarde vendrá mayo y luego junio,
y después julio y, al final, agosto–.

Un hombre con un año para nada
delante de su hastío para todo.



Cumpleaños
 
 

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.

Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.