Manuel Gutiérrez Nájera
Poemas dispersos



Selección y nota introductoria de
Fernando Tola de Habich



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Nota introductoria

En la historia de la literatura mexicana, las llamadas obras completas de escritores nacidos en el siglo XIX adolecen, por lo general, de omisiones y de errores que el sentido común permite suponer que en futuras reimpresiones serán remediados. Sin embargo esto no es así, quizá por negligencia del editor o por desentendimiento de quien en su momento se encargó de realizar la recopilación y ordenamiento del material. Poetas como Salvador Díaz Mirón, Justo Sierra, Manuel Acuña, Luis G. Urbina, para citar a algunos, persisten para el estudioso en obras semicompletas que van institucionalizándose a través de los años gracias a la voluntariosa ignorancia de trabajos posteriores de estudiosos o investigadores mexicanos o extranjeros.

Lógicamente, tal situación origina que cualquier empeñoso estudiante o ensayista que desee escribir sobre la obra de un escritor mexicano se vea en la obligación de no sólo trabajar con las supuestas Obras completas sino de tener que consultar revistas literarias, suplementos de periódicos, plaquettes, ediciones de tiraje reducido y prácticamente desaparecidas del mercado (y ojalá que no de las bibliotecas públicas) y, aun así, no contar con la seguridad de que tiene entre manos todo el material sobre el escritor que desea trabajar. Es posible suponer que ésta sea una de las razones por las que se realicen tan pocos trabajos globales sobre la obra de escritores mexicanos del diecinueve y que, de paso, exista tanta ignorancia y desprecio por lo que se escribió en aquel no tan lejano siglo.

Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895), el famoso Duque Job, y una de las figuras centrales del modernismo mexicano y latinoamericano, no ha corrido con suerte diferente. Al año de su muerte, en 1896, un grupo de amigos decidió imprimir sus poemas con un prólogo de Justo Sierra, prólogo que la crítica suele considerar como uno de los mejores que se hayan escrito en México. La edición de 400 páginas, reunía 158 textos del Duque Job. Cincuenta y siete años más tarde, en 1953, el poeta y ensayista Francisco González Guerrero preparó para la Colección de escritores mexicanos de la Editorial Porrúa una edición de las Poesías completas de Manuel Gutiérrez Nájera, edición que en 1966 revisó y corrigió. La novedad que traía esta publicación con respecto a la de 1896 era que el editor agregaba 27 textos que dio a conocer el estudioso norteamericano E.K. Mapes en 1943 (en realidad son 26 y uno es sólo el completar un poema que había aparecido fragmentariamente en 1896) más 20 que él mismo había recopilado de diarios y revistas. De esta manera la edición de 1966 debería haber traído 204 poemas —46 nuevos poemas y uno completado— si al editor no se le hubiera olvidado un pequeño poema: "En un abanico". De todas maneras, esta edición de las Poesías completas de Manuel Gutiérrez Nájera preparada por Francisco González Guerrero es la que convencionalmente se considera como la más completa de las realizadas hasta el día de hoy (que como se puede apreciar no han sido muchas).

Curiosamente, Francisco González Guerrero, para la edición revisada y corregida de 1966, no tuvo en cuenta el libro Manuel Gutiérrez Nájera. Estudios y escritos inéditos de Boyd G. Carter publicado en 1956, ni En torno a Gutiérrez Nájera y las Letras Mexicanas del siglo XIX que en 1960 publicó el mismo profesor norteamericano, ni el trabajo a él dedicado y que con el título de Indagaciones sobre Gutiérrez Nájera editó en 1957 Irma Contreras García, ni Reflejo. Biografía anecdótica de Manuel Gutiérrez Nájera, por Margarita Gutiérrez Nájera, ganador del Premio en el concurso convocado en 1959 por el INBA en ocasión del primer centenario del nacimiento del poeta, ni el catálogo que con el título Exposición documental de Manuel Gutiérrez Nájera 1859-1959 preparara Ernesto Mejía Sánchez con el sello de la Dirección general de publicaciones de la UNAM en 1959. Estos cinco libros traían en sus páginas poemas del Duque Job que no habían sido incluidos en las Poesías completas preparadas por él y que, lógicamente, de considerarlos (dudo mucho que los desconociera) hubieran enriquecido su edición y la hubieran acercado un poco más al título. Es cierto que González Guerrero dice en su prólogo que "Crecerá más la obra pero, de cualquier modo, la suma total de poesías no llegará a ser tan crecida como son éstas variadas en su temática y en su valor estético". Disculpa poco aceptable para las omisiones de la segunda edición de unas Poesías completas.

Ahora, ante la amable insistencia de mi amigo Marco Antonio Campos a que lleve a cabo una proposición que le hice, reúno los poemas de Manuel Gutiérrez Nájera que ignoró Francisco González Guerrero, más otro aparecido en el tomo III de las Obras del Duque Job y unos pocos más que encontré en revisiones de diarios y revistas del siglo XIX. Para mí resulta evidente que este aporte tampoco concluye la búsqueda de las poesías publicadas por él pero, al menos, creo que será un incentivo para que estudiantes e investigadores trabajen sobre Manuel Gutiérrez Nájera y logren algún día darnos las Poesías completas de este tan importante poeta mexicano.


Fernando Tola de Habich
(Tlahuapan, 1987)

¡Ven a mi gruta!*


Lirio que vierte con galano orgullo
Las blancas perlas que lloró el rocío,
Cuando doblega su gentil capullo
Lánguido y frío.
Botón que ostenta de fragancia lleno
La blanca copa de color preciada,
Casta violeta que crió en su seno
Célica fada.
Blanca paloma de los indios lares
Luciendo al aura la gallarda pluma,
Como en las ondas de revueltos mares
Cándida espuma.
Tú que te meces en sonante río
Como el vapor que de su seno brota,
Tú que semejas del sutil rocío
Diáfana gota.
Ven, ven a mí con tu inocente risa,
Con tu amorosa y virginal mirada,
Y al murmurar de la naciente brisa
Óyeme, fada.

He descubierto a nuestro amor, mi vida,
Aquí en la soledad del bosque umbrío,
A las orillas del callado río,
Gruta escondida.
Cíñenla en torno plácidas campiñas
Do crecen blancas y purpúreas rosas,
Jardines de azucenas olorosas,
Fértiles viñas.
Aquí es más bello el luminar del día,
Dulce placer al corazón encanta,
Suena la brisa y la paloma canta…
¡Ven, vida mía!
Adondequiera un manantial que brota
Y no hay rumor que su sonido iguale,
Que de la peña cristalino sale
Gota por gota.
Y alrededor de la escondida gruta,
Donde en mis sueños de placer te llamo,
Ya nos espera en el fragante ramo
Dúlcida fruta.
Escucharemos en las verdes lomas
De tiernas aves el clamor sentido,
Y prenderemos en su bello nido
Blancas palomas.
Tu voz me embriaga y tus miradas sigo;
Ya no le temo al huracán airado,
Ni a la tormenta que arrasara el prado
Temo contigo.
Al adornarte con la flor lozana
Su brillo apaga y relucir no quiere
Porque conoce que en tu sien galana
Pálida muere.
Dos lirios son nuestras sensibles almas
Que el manso viento de la noche mueve…
Ven, tú que imitas con tu tallo leve
Lánguidas palmas.
Ven tú que calmas todas mis congojas
Y a bellos mundos de placer me encumbras,
Lindo cocuyo que temblando alumbras
Entre las hojas.
Ocultos estarán nuestros amores
En esta gruta do el placer anida,
Nos basta aquí para vivir, mi vida,
Aves y flores.
Oír los votos de tu amor me basta,
Nunca dejemos nuestro hogar, bien mío,
Aquí muramos al rumor del río,
Tórtola casta.
Aquí, mi bien, en silenciosa calma
Tu voz escuche por la vez postrera,
Aquí en tus brazos amorosos muera
Bajo la palma.
Aquí al morir en la enramada umbría
El néctar beba de tus labios rojos
Y el sol me alumbre de tus negros ojos…
¡Ven, vida mía!


* Correo Germánico, 12-9-1876. Firmado: Manuel Gutiérrez Nájera. Fuente: Carter, Boyd G.: Manuel Gutiérrez Nájera. Estudios y escritos inéditos, México, 1956, pp. 81-83.


Pilar Belaval*


I


A Antonio Muñoz


¡Qué triste es la noche!
¡Qué negro está el cielo!
Cual ruge en el alma
La voz del recuerdo.
¡Qué triste la alcoba!
¡Qué triste el silencio,
Que apenas si turba
¡Monótono rezo!
Tendida, tendida,
Cual lirio, en su lecho,
Sus pálidas manos
Cruzadas, cubierto
Por sombras de muerte
Su rostro tan bello;
Cerrados sus ojos
Que miran al cielo,
Su boca entreabierta
Y aún sonriendo.
Las flámulas rojas
En torno del lecho,
Su rostro alumbrando
Con tenue reflejo,
La noche muy negra
Y en alas del eco
La voz de la esquila
Doblando a lo lejos.
En calles y plazas
La vida rugiendo.
La calma, la muerte
En este aposento.

II

Y en medio a la sombra
Y en medio al silencio,
En llanto anegado,
De pena muriendo,
El mísero esposo
De pie junto al lecho.
¡Qué cuadro tan triste!
¡Qué triste recuerdo!

*

Tal dijo el esposo
Muy quedo, muy quedo:
—Te fuiste, mi alondra,
Volastes al cielo,
Que es vida muy corta
La vida del genio;
Te fuistes, y solo
Sin alma me quedo,
Como árbol naciente
Que seca el invierno.
Ya ves, te quería
Mi vida, te quiero
Con toda mi alma,
Con todo mi aliento.
Sin ti ¿qué me resta?
Sin ti, nada espero,
La muerte tan sólo
Con ansia deseo.
¡Ay, tórtola casta!
¡Ay, lirio entreabierto!
¿Por qué tus hogares
dejastes desiertos?
¿No ves cómo inclinan
Las flores del huerto
Su lánguido tallo
Marchito ya y seco?
¿No ves cómo lloro?

II

¿No ves cómo peno?
¿Por qué me dejaste,
Sin alma, sufriendo?
Si duermes, despierta,
Despierta del sueño;
Mas ¡ay! en mis brazos
Amante te estrecho
Y nada respondes,
Y sigues durmiendo.

*

Calló, y a la alcoba
Volviendo el silencio
Ya no se escucharon
Sollozos ni rezos;
Y en medio a la sombra
Tan sólo se oyeron
De fúnebres cirios
Los chisporroteos;
Y allá en lontananza,
Muy lejos, muy lejos,
La voz de la esquila
Llorando a los muertos.

*

Allí está tendida,
Tendida en su lecho;
Allí destrenzado
Su negro cabello;
¡Callad, no despierte!
¡Dejadla en su sueño!
¿Que ha muerto? ¡Mentira!
¡No mueren los genios!


* El Federalista, 14-10-1887. Firmado: Manuel Gutiérrez Nájera. Fuente: Gutiérrez Nájera, Manuel, Obras III, México, 1974, pp. 243-245.


EL REY SOLITARIO*
(Théophile Gautier)
 


Enclaustrado en mi espíritu profundo,
sin nada humano, ni amistad ni amores,
mis únicos iguales en el mundo
duermen en el panteón de mis mayores.

Quien dijo soledad dijo grandeza:
cual ídolo de aspecto sobrehumano,
la púrpura conservo con fiereza
y encierra al mundo el hueco de mi mano.

Tengo, también, el círculo de espinas:
del nimbo sideral los rayos de oro,
me ponen, como agudas javelinas,
una perla de sangre en cada poro.

El heráldico buitre, con encono
clavado siempre a mis entrañas veo:
en su roca el antiguo Prometeo
era un rey nada más sobre su trono.

Mi Olimpo, de misterio rodeado
nada más repercute adulaciones
que a la cumbre en que estoy, sólo ha llegado
el constante reír de los histriones.

Cuando a veces mi pueblo escarnecido,
choca sus hierros y se apiña en masa,
dormid, señor, me dicen al oído,
vino la tempestad pero ya pasa.

Todo lo puedo: nada me convida.
¡Si pudiera sentir algún deseo,
el calor amoroso de la vida,
el fuego de las dichas que entreveo!

Pero el monte más alto es el más frío;
el sol camina solo, y no se atreve
ni a derretir en el volcán la nieve,
ni a matar en los reyes el hastío.




* El Republicano, 4-3-1880. Firmado: Manuel Gutiérrez Nájera (?). Fuente: Contreras García, Irma, Indagaciones sobre Gutiérrez Nájera, México. 1957, pp. 136-137.


Del tambor el ra-taplán*


¡Del tambor el ra-taplán!
¡Ya aproximándose van!
¡Tambor y clarín resuenen!
¡Cual la esperanza entretienen!
¡Cómo en corazón abrazan!
Estas músicas que pasan,
¡Qué alegres son cuando vienen!



* El Nacional, 1882. Firmado: Frú-Frú, en la sección "Correo de México". Fuente: Contreras García, Irma, Indagaciones sobre Gutiérrez Nájera, México, 1957, p. 137.


 

A Aurelio Horta*



Aurelio, estoy en mi afelio
El libro me cuesta caro
Y, si anda el público avaro
Pierdo los cuartos, Aurelio.

El caso es grave, ya ves
Yo gasto en muchas niñadas
Y me fumo cada mes
Cien "Bibliotecas honradas".

Si hay corresponsales ágiles
Y tú me pones piropos,
Tal vez con "Tipos y Sapos"
Se paguen los "cuentos frágiles".




* 2-8-1883. Dedicatoria manuscrita en ejemplar de Horta. Firmado: Gutiérrez Nájera. Fuente: Mejía Sánchez, Ernesto, Exposición documental de Manuel Gutiérrez Nájera 1858-1959, México, 1959, p. 31.


EN LA MUERTE DE CHAMBORD*
(Inconcluso)



Entra, gran Expectante, al infinito
reposo de la muerte: aparejada
la góndola de ébano sombría
espera quieta al pálido viajero:
callan las ondas y la noche es fría…
¡Entra y reposa en paz, buen caballero!

Jamás viril como los grandes héroes
domadores audaces del destino,
con el acero de la noble espada
a tu ambición abristes el camino.
Vástago enfermo de pujante estirpe,
nunca tomastes el guerrero casco
y fue tu vida silenciosa y sola,
el esfuerzo impotente de la ola
que se estrella gimiendo en el peñasco.

Tu reino estaba en la región del sueño
..............................................................




*1883. Cuaderno manuscrito de Manuel Gutiérrez Nájera. Fuente: Gutiérrez Nájera, Margarita, Reflejo, México, 1960, pp. 207-208.


En un abanico*



Ojos de negros espejos
Más que la mar agitados,
Decid si estáis enlutados
Por los que amando de lejos
Se mueren de enamorados;
¡Ojos de negros espejos
Más que la mar agitados!




* 1883. Fuente: Gutiérrez Nájera, Manuel, Obras de…, México, 1896, p. 322.


Canta, poeta, la canción divina*



Canta, poeta, la canción divina
o mientras dura la tormenta calla:
la corte con sus laudes afemina,
la plebe con sus gritos encanalla.
Para otras lides el acero templa
y mira las revueltas populares
como en la roca el águila contempla
la cólera imponente de los mares.




* 21-10-1884. Cuaderno manuscrito de Manuel Gutiérrez Nájera. Fuente: Gutiérrez Nájera, Margarita, Reflejo, México, 1960, p. 206.


VERSOS PARA UN LIBRO DE PEZA*
(Inconcluso)


Concha, Juan y Margot, niños hermosos
Con que alegrar tu casa el cielo plugo,
Son ya para nosotros tan famosos
Como Jorge y Juanita Víctor Hugo.



*Revista de México, 1-8-1885. Firmado: M. Gutiérrez Nájera, en la sección "Bibliografía". Fuente: Contreras García, Irma, Indagaciones sobre Gutiérrez Nájera, México, 1957, p. 94.

 

Los moscos*



Hizo Dios al león, al tigre hosco,
Y a la hiena voraz: el diablo, al mosco!

Y Arihman, encarándose blasfemo
Con el creador supremo,
Murmuró estas palabras: —"Tu obra admiro!
Tú creaste la garra, araña horrible
El encorvado pico, el diente agudo,
El pulpo, mareando en lo invisible,
La hiena: boca. La culebra: nudo.
El rojo tigre, un Hércules de Angola,
El colmillo, el tentáculo, la uña;
Ese Bismarck del tiburón, la cola;
Y ese dos de diciembre, la pezuña!"

"Pero tu obra es la maldad infolio
El elefante es casi un capitolio;
La trompa es una encina que se mueve;
El oso blanco, un Ararath de nieve
Los búfalos, los toros, los chacales
Y el mariscal Von Moltke son iguales;
Todo eso es rudo, material y tosco,
Yo ni garras ni dientes necesito,
Tomo una sola gota de infinito
Le infundo mi maldad, y te hago el mosco!"

¿Qué es el mosco en verdad? Es lo invisible
Lo formidable, lo brutal, lo innúmero;
El león tiene la garra, araña horrible!;
Pero el mosco le vence, tiene el número!
En la atmósfera azul se multiplica;
Es un átomo de aire que nos pica;
No sabemos si es rojo, negro o verde,
Es una idea de Veuillot que muerde
Le matamos y a poco resucita,
Se oculta, porque el mosco es un jesuita,
Pero luego zumbando se revela:
Es un microbio prófugo que vuela.
Obsesión! ananké! Lo interminable
Zumbando eternamente en lo insondable!
Ser bebido! oh terror! ser como fuente
En que el mosco voraz su sed abreva
Y sentir que la sangre se nos lleva
Y que es vuestro pariente!
¿Qué congoja, qué angustia habrá más honda
Para el poeta que sentirse fonda?

No hay moscos en el cielo, el mal impera
En la proscrita humanidad sombría;
No hay moscos más allá, si los hubiera
Júpiter inmortal se rascaría!




* El Partido Liberal, 15-10-1885. Se publicó sin firma y atribuyéndosela al poeta francés Victor Hugo. Ver: Tola de Habich. Fernando: Museo literario dos, México, 1986, pp. 42-43. De este poema sólo se publicaba un fragmento.


 

Ya no oprimen las cadenas*



Ya no oprimen las cadenas
A los héroes mexicanos,
Ni estandartes castellanos
Tremolan en las almenas;
Un pueblo libre, de hermanos
Es mi patria vencedora;
Nadie gime, nadie llora
Bajo tiránicas leyes,
Ni altiva manda virreyes
La España conquistadora.

El ceñudo encomendero
A los esclavos no azota,
Ni tras la coraza rota
Sangra el pecho del guerrero;
Descansa el bélico acero
En la tranquila heredad,
Y los campos, la ciudad,
Son como el ara divina,
Que esplendoroso ilumina
El sol de la libertad.

Ni rencores al pasado
Ni temores al futuro!
México libre y seguro
Toda ofensa ha perdonado;
Podrá un invasor osado
Querer su cuello oprimir,
Pero si llega a venir,
Patria, no te han de faltar
Hombres que sepan luchar,
Niños que sepan morir!

Cuando de la guerra en nombre
Venga el invasor sañudo,
Cada pecho será escudo,
Cada niño será un hombre.
Ni hay poder que nos asombre,
Ni ánimo que desespere;
¡Hiere, si te place, hiere;
Diremos al invasor,
Que en defensa de su honor
Todo mexicano muere!

Toma, patria, nuestras vidas!
Te las damos cuando empiezan,
Cuando aún por ellas rezan
Nuestras madres tan queridas;
Si por niños nos olvidas,
Quisiéramos avanzar
Nuestro paso en el vivir,
No para saber morir,
Sí para saber matar.

Vuestra grandeza imitamos,
Héroes de la patria historia:
Indignos de vuestra gloría
No seremos ¡lo juramos!
Si hoy apenas nos hallamos
De la vida en los albures,
Imitando vuestros hechos
Defenderán nuestros pechos
La bandera de Dolores!




* El Partido Liberal, 23-9-1886. Ver: Tola de Habich, Fernando, Museo literario dos, México, 1986, pp. 45-46. Líneas antes del comienzo del poema se dice: "Para que el acto, como dicen los cronistas galantes, se cerrara con broche de oro, el niño Vicente Villada, de quien ya hemos hablado elogiando su talento precoz, se adelantó hacia la tribuna y de memoria y declamada, dijo en medio de interrupciones frecuentes, las siguientes décimas que según hemos oído decir, escribió el elegante Duque Job". Manuel Gutiérrez Nájera era redactor de El Partido Liberal y el niño Villada hijo del director del diario. De no ser cierta la afirmación del cronista se hubiera desmentido en algún número posterior, lo cual no sucedió.


 

En un álbum*



Todos los cantos para tu oído!
Todas las perlas para tu cuello!
…Para tu casa, para tu nido,
todo lo noble, todo lo bello!

Son los poetas tus ruiseñores;
Y a ti te dicen, bella entre bellas,
La Primavera: toma mis flores!
Y el infinito: ten mis estrellas!

Como es la dicha tu enamorada
jamás ingrata podrá dejarte!
será una esclava que arrodillada
nunca se cansa de contemplarte.




* La juventud literaria. Tomo II, p. 267 (1888). Firmado: M. Gutiérrez Nájera. Ver: Tola de Habich, Fernando, Museo literario dos, México, 1986, p. 44.


Con un ramo de flores*



Por qué vuela tu alegría
y así con tus dudas hieres
a quien tanto en ti confía.
Por qué lloras, vida mía!
Por qué lloras, no me quieres?

No sabes tú mi ventura
que siempre a tu lado voy
y en las horas de amargura
no oyes mi voz que murmura
—Nada temas! Aquí estoy!

Pueden los cielos querer
que el hielo polar se inflame,
pueden los astros caer…
pero nadie puede hacer
mi CECILIA que no te ame!

No estés triste! Yo te adoro!
Ya la dicha va a llegar…
Seca pues tu amargo lloro…
Qué sabe amor, mi Tesoro!
Si no sabe consolar?

Virgencita enamorada
la de la esbelta cintura
y garganta torneada,
en qué lengua no escuchada
podrá hablarte mi ternura?

En qué idioma, mi paloma,
diré lo que siento en mí
cuando respiro tu aroma?
Mi paloma, no hay idioma
que sea digno para ti!

Como el diamante, mi amor
vive mudo y escondido
falto aún de tu calor;
que si canta el ruiseñor
es porque tiene su nido.

Mas deja que surja el día
que en tierna inquietud espero
que sea tuyo, que seas mía,
y ya verás, mi alegría,
ya verás cuánto te quiero!




* 5-1-1888. Fuente: Gutiérrez Nájera, Margarita, Reflejo, México, 1960, pp. 80-81.


No se casa Castelar*


A Monaguillo


¿Se casará Castelar
con la señora de Rute?
Tal cosa es la que discute
la prensa peninsular.
Esta señora traviesa
del matrimonio ya abusa
y es española y francesa…
y creo que princesa rusa.

Tres maridos ha enterrado
y todos dicen al verla:
—Pero señor esta perla
¡cuántas veces ha enviudado!
Enviuda por la mañana,
por la tarde, por la noche,
a pie, a caballo y en coche…
cuando se le da la gana.

¡Don Emilio…! Un varón
que por sus muchos quehaceres
no ha tenido la ocasión
de tratar a las mujeres…!

¡Un hombre que toma a pasto
cierta infusión deachicoria
y está escribiendo la historia
del rey don Alfonso el Casto!

Como a los cincuenta inviernos
había al fin de enamorarse
quien, si tocan a casarse,
siempre ha dicho: ¡Cuernos cuernos!

Tal invención, Monaguillo,
es invención del demonio
o si no, de don Antonio
Cánovas y del Castillo!

Él se casó… no hizo mal,
tiene posición, tupé,
y sobre todo, con qué...
Porque eso es lo principal.

Pero a Castelar, ni Emilia
Pardo Bazán lo atrapa,
se hará padre, será Papá,
¡nunca padre de familia!

Sin embargo, a fuer de viejo,
por cariño a don Emilio
le voy a dar un concilio...
Quiero decir un consejo.

Castelar, no hay que casarse
con madama Ratazzi,
¡Mejor con la Calderazzi!
¡Eso es mejor, Castelar!



* El Universal, 19-10-1890. Firmado: El Cura de Jalatlaco. Fuente: Contreras García, Irma, Indagaciones sobre Gutiérrez Nájera, México, 1957, pp. 137-139.


DE FOTÓGRAFO*
(Inédito)


(Para El Universal)


Ya que a la luz, olímpica pintora,
ocultas tu hermosura con recato,
permite al trovador, rubia señora,
que trace con la pluma tu retrato.

Para juntar la celestial pureza
de tu cuello, tus labios y tus ojos,
es fuerza que en tributo a tu belleza
me ponga, como Angélico, de hinojos.

Así… sobre la cauda de tu traje
en el silencio de tu azul retrete,
deja que te contemple como el paje
hincado en el pequeño taburete.

Nadie nos ve ¡La claridad del día
por densos cortinajes tamizada,
menos alumbra, cenicienta y fría,
que la divina luz de tu mirada.

¡Así... La vista hacia mis ojos tiende
y en esta soledad, en esta calma,
verás cómo tu imagen se desprende
de los oscuros limbos de mi alma.

No sé por qué tus hombros me parecen
y de tu busto el atrevido corte;
de esas mujeres cisnes que aparecen
en los cuentos fantásticos del Norte.

Sobre tu pecho, de la nieve afrenta,
caen en desorden los azules lazos
y el peinador de lino transparenta
los mórbidos encantos de tus brazos.

Azules son las cintas del prendido
que con donaire ostentas en el pelo;
porque el azul es tu color querido,
¡le llaman al azul, azul del cielo!

Tu boca, la codicia de las flores,
la juguetona del mohín travieso,
es urna que formaron los amores
para esconder en su interior el beso.

Qué bella estás. De tu hermosura griega
se adivinan los mágicos contornos
cuando la brisa enamorada juega
del blanco peinador con los adornos.

Alzas gallarda la serena frente
en que tu casto espíritu reflejas,
y envías sonriendo dulcemente
las artísticas curvas de tus cejas.

¡Te había soñado así. Nerviosa y alta
diáfano el cutis, sonrosado apenas!
con yo no sé qué luz que hierve y salta
en las azules curvas de tus venas.

Las sedosas pestañas entornando,
arco de triunfo a tu mirada tienden,
y luego, las pupilas ocultando,
tus satinados párpados descienden.

¡Tu rostro hermoso como flor temprana,
al soplo del rubor se colorea,
porque tienes el alma de Susana
en la plástica forma de Frinea!

El aire que a ceñirte no se atreve,
tu rosada mejilla apenas toca,
y arco de grana sobre blanca nieve
me parecen las líneas de tu boca.

Qué garganta del cisne, ni qué ala
de paloma compitan con tu cuello?
ni qué áureo manto, noble diosa iguala
al manto celestial de tu cabello?

¡Ah! Cuando suelto en ondas agitadas
abandona el listón que los sujeta,
parece, a mis atónitas miradas
la causa fulgurante de un cometa.

Te cubre toda: con sus trenzas blondas
ocultas de tus gracias el tesoro,
y como Venus surge de las ondas
apareces también entre olas de oro.

Con tu mano de reina, pequeñita,
en el cuello graciosa lo detienes,
quiere escaparte, y trémulo palpita
en el puro alabastro de tus sienes.

Otras veces, cayendo por la rosa
del hombro escultural, ebúrneo lecho,
le dan las gracias y feliz reposa,
sintiendo los latidos de tu pecho.

Cuando en tu espalda palpitar parece
su rubia cabellera, de amor loca,
en éxtasis profundo se estremece
porque te ciñe y te respira y toca.

¡Ah mi pluma se rompe! En la penumbra
del camarín azul, caigo de hinojos...
¡Muy solo estoy! El astro que me alumbra
no es; ¡ay! la doble estrella de tus ojos!

Soñé que aquí; junto al balcón abierto
copiaba tu belleza de Afrodita
mi lámpara se apaga... ¡ya despierto!
¡Era Fausto soñando en Margarita!




* El Universal, 9-8-1891. Firmado: Puck. Fuente: Contreras García, Irma, Indagaciones sobre Gutiérrez Nájera, México, 1957, pp. 139-143. En este poema usa fragmentos de otros; por ejemplo de "Mirtos".


Autobiografía*


Nací en México... de día…
O de noche... no recuerdo!
y aunque nacer no quería
me nacieron a porfía
cuatro médicos de acuerdo.

Después recibí el bautismo...
de modo que soy cristiano...
Pero, para mí es lo mismo,
porque todos ¡oh cinismo!
¡me ven cara de pagano!

Desde que a la vida entré
toda belleza me hechiza,
todo lo grande admiré...
Recuerdo cuánto adoré
los senos de mi nodriza.

Dicen que era muy bonito
de muchacho... yo lo creo;
todo aquel que de chiquito,
es muy guapo, muy gordito,
siempre de grande es muy feo.

La edad de los desengaños,
la funesta, la de araños,
deja para siempre atrás...
Cumplí hace un año treinta años…
Mi nariz tiene uno más.

Como todos, paso apuros;
y vivo así, mal que bien,
sonando unos cuántos duros;
me he fumado muchos puros...
Y algunas puras también.

No tengo más biografía,
ni mi amigo Pancho Sosa
encontrármela podría...

Conque, pase usted buen día
y pasemos a otra cosa.



* El Universal, 9-8-1891. Firmado: Puck, dentro de la sección "Lo del día". Fuente: Contreras García, Irma, Indagaciones sobre Gutiérrez Nájera, México, 1957, pp. 143-144.


 

En las regatas*


Un indito en las regatas
miraba pasar los botes,
y casi abierto de patas,
hablaba con unas gatas
que estaban comiendo elotes.

Ya los entecos inditos
de las chinampas señores,
están arrinconaditos:
hoy son güeros y bonitos
los señores remadores.

Ya no con palos groseros
azotan las ondas fieras
los remeros, casi en cueros,
¡Ya se fueron los remeros!
¡Sólo quedan las rameras!

Ya no la de tosca proa
chalupa, se mira a flote
cargada de barbacoa,
y parece la canoa
como la suegra del bote.

Hoy en tapizado banco
van inglés y yankee y franco,
y sportmen del mundo todo,
y van vestidos de blanco
… y vuelven llenos de lodo.

A los míseros inditos
la costumbre les ingenia.
Pero los niños bonitos
naufragan en sus barquitos,
con guantes y con gardenia.

¡En tan serios chapuzones!
se ensucian mucho los trajes,
por éstas y otras razones
se les llama en las reuniones
los niños patos salvajes.

Más sin embargo ¡rememos!
acaso no salga mal
el ensayo: ¡regateemos!
Y acaso en breve tendremos
la marina nacional.

Si las ondas, nos son gratas
con la protección divina
progresarán las regatas
los hombres y la marina
empiezan andando a gatas.

Pero algo se ha de empezar
no se triunfa Velis-Noli
y es preciso trabajar
a mí me ha dicho Nicoli
que es muy bueno regatear.

Ya la fiesta de las flores
(la del Viernes de Dolores)
llevó Guillermo Valleto
a la Alameda y señores
ya hay un club de remadores

¿qué dirá Guillermo Prieto?

Nota: me pienso lectores
que esa quintilla es sexteto
no obstante: el mísero indito
que está allí comiendo elotes,
me da pena, pobrecito!
¡Con qué tristeza el bendito,
mira en el lago los botes!

Pero me quita la pena
(y hasta me quitó la plata)
la elegancia de la escena
Y vi, al salir, ¡ay morena!
Una gata… ¡qué re-gata!



* El Universal, 9-9-1891. Firmado: Puck, dentro de la sección "Plato del día". Fuente: Contreras García, Irma, Indagaciones sobre Gutiérrez Nájera, México, 1957, pp. 144-146.


Las alcaldadas*


1

Ya vienen los alcaldes
con sus bastones;
ya les están haciendo
los pantalones.
Dios los proteja!
Dios quiera que no enseñen
aquí la oreja!

2

—No tengas celos hija
—dice Aristeo—.
No ves que yo ya viejo
y estoy muy feo?

—Temo que topes
con una de las hijas
del señor López!

3

—Por Dios no comas mucho
que te indigestas,
y dirán los alcaldes
que les apestas;
—Vete con tiento
porque a veces molesta
molesta el viento!

4

No piensas que es honroso
para un alcalde
ir a México gratis,
esto es, de balde!
De tu peineta
respondo; y en Celaya
de la cajeta.

5

Ya vienen caminando
los Reyes Magos!
Recíbeles gozoso
calde de Lagos.
(Me faltó el Al,
pero éste no es descuido
muy esencial!)

6

Allá en el verde pasto
de la Alameda
sentados en el suelo
formarán rueda.
Pero, señores!
Ya saben que se come
con tenedores!

7

No hay que meter los dedos
en el platillo,
y cuidado, cuidado
con el cuchillo!
Estad atentos
a lo que hagan los otros
ayuntamientos!

8

Ay pobres funcionarios!
En ese día
caliente estará el vino,
la carne, fría.
Dará esa gente
trescientos diez abrazos
al Presidente.

9

Y si chícharos comen
o betabeles,
en la noche qué zambra
por los hoteles!
Aunque es barato
gastarán tres mil pesos
en carbonato!

10

Pero es muy agradable
(sigan los ripios!)
ver cómo comen todos
los municipios.
Lo digo yo,
porque así me lo dijo
Sadi Carnot.

11

Volverán los alcaldes…
pues… como nuevos,
les darán en la mesa
miles de huevos
de campanillas.
Será la fiesta; pero
no habrá tortillas!

12

Ay! Nacho Bejarano
alcalde ex!
Recomiéndalos mucho
con el Express.
Son muy amargos
los trámites y costos
de los encargos!

13

Dales una comida
muy substanciosa
para que no se enoje
ninguna esposa
y queso, y quesas,
porque eso recomiendan
las alcaldesas!

14

Ya vienen los alcaldes
por el camino!
Irán cuando se vayan
oliendo a vino.
Que estén contentos
y que les sean propicios
todos los vientos!




* 1891 o 1892 (?). Firmado: Puck dentro de la sección 'Lo del día'. Fuente: Gutiérrez Nájera, Margarita, Reflejo, México, 1960, pp. 112-114. La autora sostiene la autoría de su padre en este poema, en contra de la opinión del profesor norteamericano E.K. Mapes, basándose en que se halla en el álbum de recortes que coleccionaba Santiago Gutiérrez Nájera en los escritos de su hermano.


Un cuadro*


A la angelical Sra. Dolores P. de Mercado



¡Vaya un extraño sueño el que he tenido!
Mi pluma a describíroslo no alcanza:
Y no es original, lo he recogido
De un cuadro de Ocaranza.

¿Queréis el cuadro conocer primero?
¡Qué reflexiones fúnebres despierta!
A éste sí le conviene un nombre austero:
"Naturaleza muerta".

Allí no hay carnes, ni oropel, ni ropa
Nada erótico, rústico, o divino;
Sobre un sepulcro un cráneo y una copa
De licor opalino.

Sobre el pulido mármol, mal reposa
Invertido aquel cráneo amarillento
Como apartado de la helada losa
Su helado pensamiento.

Todo es original pero sombrío
Y causa admiración bañada en pena;
Miradlos bien: el cráneo está vacío
La copa aún está llena.

¡Ópalo de mil iris sonrosados!
¿Qué expresas en tan lóbrego recinto?
Ilusiones de amor, sueños dorados,
¿Qué sois? ¡gotas de absinto!

¡Oh pintor de lo triste! Tu talento
Fue una estrella fugaz que aún ilumina
Ese desnudo cráneo amarillento.
Y esa copa opalina.

Yo he soñado tu cuadro, y he creído
Que en él pintaste tu contraria suerte:
¡Amabas la corona del olvido
Y el licor de la muerte!




* El mundo literario ilustrado, tomo III, p. 254 (1892). Firmado: Manuel G. Nájera. Ver: Tola de Habich, Fernando, Museo literario dos, México, 1986, p. 47.


 

Bicicletas*



Es fuerza que se conformen
Ciertos señores sportmen
Flacos, medianos o gordos,
A escuchar, si no son sordos,
Este grito: — ¡Que los hormen!

Lo digo con claridad,
Y también por caridad:
Estas clubmen mis paisanos
Moviéndose a cuatro manos
Son una calamidad.

No les miro buenas piernas
Para Skating, para Hipódromo…
Serán para escenas tiernas,
Para dijes o mancuernas,
Pero no para el velódromo.

Se constipan; estornudan;
Quieren mucho a sus mamás;
Si corren un poco, sudan…
¡Hombre, cuando los desnudan
Se ven huesos nada más!

En las regatas, las patas
Y los patos y… ¡la mar!
Los vieron salir cual ratas...
¡No estamos para regatas
Sino para regatear!

El biciclo es una rueda
Con otra ruedita... claro!
Y el biciclista remeda
Al niño que en la Alameda
Va jugando con el aro.

Pero si es hombre proyecto,
Como dije en otro artículo,
Cambia la cuestión de aspecto;
Un pretérito perfecto
En bicicleta, es ridículo.

¡Y los que van sonriendo...!
¡Y los que van muy formales
Sus dos piernitas moviendo...!
Esos señores, entiendo
Que no están en sus cabales!

Al que monta en bicicleta
No lo insulto ni denigro:
Que toque bien la trompeta
Y que pierda la chaveta...
Pero ahora es un peligro.

Ya lo dijo muy tronante
El Sr. Mastella Clarck:
No es justo ni edificante
Hacer la calle de Gante
Una especie de Hyde-Park.

Frente a Palacio, de noche,
Señores, hay un derroche
De biciclos que da horror...
Y luego, el wagon… el coche…
¡Maldiga Dios el Sport!

Las piernas buenas y listas
Por fuerza hemos de tener
Y hasta de ruedas provistas:
Para andar, los biciclistas;
Los otros, para correr.




* El Partido Liberal, 15-1-1893. Firmado: Puck. Ver: Tola de Habich, Fernando, Museo literario tres (en prensa).


Los guerreros aztecas*



Hay rumores alarmantes:
Cuentan que los dos gigantes
—Según Cazarín, aztecas—
Que tienen las piernas chuecas
Se van a quedar cesantes.

Dicen que el Ayuntamiento
A esos dos que en la Reforma
Jamás han tomado asiento,
Piensa enviarlos, y lo siento,
A cantar coros en Norma.

Les pondrán una escalera,
Bajarán del pedestal,
Y de gabán y chistera
Irán juntos por la acera
Al Teatro Nacional.

Y se verán muy hermosos
Esos señores colosos
Vestidos de sacerdotes,
Porque son muy majestuosos…
Y sobre todo, grandotes!

Pero, la pura verdad,
Ultraja su dignidad
Este pequeño desaire.
De la ilustre autoridad:
¿En qué daña a la ciudad
El que ellos tomen el aire?

Serán buenos los deseos
De estos sabios concejales
Que cuidan de los paseos;
Serán los "guerreros" feos
¡Pero, hombre, son muy formales!

Digo al verlos en las noches
—¡Comendador, que me pierdes!
Y sólo son dos fantoches,
En suma, dos viejos verdes
Que miran pasar los coches.

Ni su pedestal tan bruno,
Tan bruno que tira a negro...
Además, amigos, uno
Es la estampa de mi suegro.

Más que aztecas, lidiadores,
Parecen esos señores...
Lo confieso ¿Por qué no?
Unos dos conspiradores
Cantando Madame Angot.

Mas ni por lo dicho antes
Acuso ni hago reproches
A los dos pobres gigantes,
Que están de frac y de guantes
Mirando pasar los coches.

Son mansos... son muy simplones,
¡Qué aztecas ni qué "guerreros"!
Dejen a los dos hombrones,
Muy serios, con sus bastones
Fungiendo de bastoneros.

¿Verdad, señor Casarín,
—Hable con franqueza al fin—
Que está en cada pedestal
Un José María Servín
En baile de carnaval?




* El Partido Liberal, 20-1-1893. Firmado: Puck, bajo el encabezamiento de "Bric-à-Brac". Ver: Tola de Habich, Fernando, Museo literario tres (en prensa).


Raterías*



Un ratón de nadie gato
que anda en tratos con mi gata,
me dijo hace poco rato:
"Si no hay plata para el plato,
lo dicho, me vuelvo rata".

Y tiene mucha razón
el caballero ratón,
porque no tiene ni un peso:
Y, estando el peso a tostón,
no es pecado robar queso.

El rata futuro y joven
dice: "pues baja la plata,
¡robar para que me roben,
que unos a otros joroben!
y ¡zumba!, ¡y siga la rata!

"La baja del metal blanco
es un problema complexo
que no resuelve ni el Banco;
yo sí, porque soy más franco;
resuelvo cambiar de sexo".

Ya se ven cuerpos de alambre
y hombres nada más de nombre:
Si andan con piernas de estambre,
digan claro: ¡Yo soy hambre!
Pero no digan ¡soy hombre!

El ratón tiene razón,
porque quieras o no quieras
hay que meterse a ladrón
no es muy bonito el danzón
aguanta hasta que te mueras.

Al que no le va peor
por lo menos le va mal.
Ayer mismo un senador
quiso cenarse al señor
don Francisco Menocal.

¡Las tales depreciaciones
son, señor, depreciaciones!
No hay hombre que las aguante!
saldrán hasta los ratones
como ratas por tirantes!

Si baja el peso en el Paso
Ya no es tal peso un peso…
¡Yo no paso por el caso!
¡Pido pan, me dan pambaso!
¡Pido carne me dan hueso!

El asunto, señor, es de
poner en el cielo el grito
¡y todo ha ocurrido desde
que vino San Expedito!

Nota: La última quintilla salió cuarteta; porque le tocó la depreciación. Vale.




* El Universal, 12-7-1893. Firmado: Recamier, dentro de la sección "Plato del día". Fuente: Contreras García, Irma, Indagaciones sobre Gutiérrez Nájera, México, 1957, pp. 66-68.


Para el álbum de la señorita
Rosa Clara Gamboa*


(Para El Universal)



Versos que parecen prosa
escribo en este álbum para
la gentil y fresca Rosa
señorita Rosa Clara.

Para pintar tus hechizos
merced, no posible, imploro:
tener un pincel de oro
hecho con tus blondos rizos.

En tu cuerpo unidas vence
gracias que ninguna hermana:
el garbo, de gaditana;
la elegancia, parisiense.

Yo cuando te miro creo
por tu donaire y tu chic
oír la risa de Theo,
ver los ojos de Judic.

Quién al verte no se inspira
muy pobre de ingenio es;
la camelia, si te mira,
será violeta a tus pies.

En tu angélica hermosura
late noble corazón...
dime Clara, ¿por ventura
no te llamas Cendrillon?

¿No eres aquella que fue
modelo de amor filial?
¿Está esperando tu pie
el escarpín de cristal?

Hada que pasas rozando
onda azul y níveas rosas,
sé como las mariposas
que viven siempre volando.

Por lo bella y por lo buena
amor siempre encontrarás;
mas sigue, de gracia llena,
en el nido de tu hogar.




* 1893. Firmado: M.G.N. Fuente: Gutiérrez Nájera, Margarita, Reflejo, México, 1960, pp. 47-48.


Villancico*



Las campanas tocan,
la leyenda acaba
y mi acento es débil
y la noche pasa...
¡Ay! mi voz se extingue
y a decir no alcanza
lo que en esta noche
dicen las campanas.




* El Universal, 23-12-1894. Firmado: Puck, en la "Crónica dominical". Fuente: Gutiérrez Nájera, Margarita, Reflejo, México, 1960, p. 45.


Ante la esfinge*


Quién puede sondear el hondo abismo
del pensamiento humano? Quién acierta
a decidir si late enamorado
el corazón o nos anima torpe
el ansia infatigable del deseo?
En vano fija su mirada fría
el grave observador y ver procura
la desnuda verdad que el rostro esconde.
En dónde acaba la lascivia? En dónde
comienza la pasión honrada y pura?

Todo es oscuro y misterioso: suelen
confundir sus raíces en la tierra
el pino soñador y la ardorosa
palma que a la molicie nos convida:
no analices los tintes de la rosa,
no busques el secreto de la vida.
En pechos de mujeres mercenarias
ha brotado el amor limpio y augusto.
Quién juzga nuestros actos? quién condena?
Corrompe sus caminos el rey justo
y sube al Paraíso... Magdalena!

Transformación inacabable, eterna,
los átomos renueva y las pasiones:
lo que hoy es pensamiento en el cerebro
será mañana chispa en los hogares.
Esa que miras gota de rocío
verás en breve convertida en lodo!
Todo se agita y transfigura, todo,
desde la nebulosa al albedrío!




* Sin fechar. Cuaderno manuscrito de Manuel Gutiérrez Nájera. Fuente: Gutiérrez Nájera, Margarita, Reflejo, México, 1960, pp. 206-207.


No quiero decirlo*


No quiero decirlo, tal vez si lo digo
batiendo la alas, se vuela, se va!
Dejad que en mi alma se quede conmigo
a solas, muy cerca, muy juntos, acá!

Qué blanco es el cisne! La virgen, qué pura!
Qué muda la tumba! Qué honda la mar!
Y no hallo pureza, mudez, ni blancura,
ni oído de niño, ni abismo, ni altura
que sepa y merezca su nombre guardar!

Le digo a rosa: —me guardas secreto?
La rosa contesta —yo he sido botón!
Y al ir a decirlo, y a ser indiscreto
lo atrapo de nuevo, lo escondo, lo aprieto
y vuelve a su cárcel: mi fiel corazón!




* Sin fechar. Fuente: Gutiérrez Nájera, Margarita, Reflejo, México, 1960, p. 74.


Sueltas*


Cuando me duermo y sueño
con tus caricias
cuando sueño que tu alma
es sólo mía,
míos tus besos…
Qué triste que me pongo
cuando despierto!

*

Ay! ven, paloma mía
de blancas alas;
llévale al amor mío
toda mi alma,
y dale un beso
y le dices que venga
porque me muero!

*

No extrañes que yo no pueda
dar bella forma a mi amor:
en lugar de entendimiento
yo tengo otro corazón!
Mi amor, el amor mío
durmiendo estaba
y era sólo su ensueño
soñar con tu alma,
ensueño hermoso!
Al sentir tus pisadas
abrió los ojos!

*

Mientras viva he de darte
muchas ternuras...
cuando me esté muriendo,
coge las últimas;
cógelas, mi Cecilia
con muchos besos...
No quiero que las lleven
al cementerio!

*

Si yo tengo alegrías,
y tienes lágrimas
para que tú te alegres
toma mi alma,
pero cambiadas!
Toma mis alegrías,
dame tus lágrimas!




* Sin fechar. Fuente: Gutiérrez Nájera, Margarita, Reflejo, México, 1960, pp. 78-79.


Dicen que siempre es triste*


Dicen que siempre es triste
la despedida.
Y hay una muy alegre,
la de la vida!

Que estoy enfermo piensan
porque no duermo.
Cuando me duerma mucho
no estaré enfermo.

Nos juzgamos muy buenos
y somos muy malos.
El mejor cuando menos
merece palos.

Que anda la muerte cerca
piensan los viejos.
Pero a mí me parece
que está muy lejos!

Son versos estas coplas?
lo que tú quieras.
Mas por el sonsonete
son peteneras!




* Sin fechar. Fuente: Gutiérrez Nájera, Margarita, Reflejo, México, 1960, pp. 121-122.


MIS ILUSIONES ESTAOS QUIETAS
(Inconcluso)*



Mis ilusiones estaos quietas!
No hagáis ruido, venid acá!
Tomad ejemplo de las violetas
y sed humildes y sed discretas...
Adentro! Adentro! —Pero Papá!...

—Vamos, silencio, niña habladora!
Que no es posible! que no ha de ser!
Y mientras una se muerde y llora
otra me dice: —No duermo ahora
ya no soy niña: ya soy mujer!

—Sed obedientes, hijitas mías;
id a acostaros, id a dormir!
Y siguen todas en sus porfías
y golpeando las celosías
por las ventanas quieren salir.

Turba impaciente de colegialas
que grita y bulle tras el cancel!
Guerra de dios [sic] tumulto de alas!
Las mariposas de ricas galas
se pronunciaron en el cuartel.

Anoche mismo, la más traviesa,
la mayorcita, la rubia en fin,
mucho más seria que una abadesa
me habló, sentada sobre la mesa,
viendo la punta de su botín.

—Papá, ya miras que te obedezco,
y eso que sueles ponerme en cruz,
por qué te enfada ver cómo crezco,
por qué me encierras? Qué, no merezco
salir al aire ni ver la luz?

Dice mi espejo que soy bonita,
mas en clausura tanto pené
que estoy muy flaca, muy palidita
y tan enferma, tan enfermita
que, si no salgo, me moriré!

Jamás he visto la luz del día,
ni el verde campo, ni el ancho mar:
en celda oscura y en cárcel fría
presa me tienes cuando querría
alas inmensas para volar!

De qué me sirve ser tan hermosa
si la que amo jamás miró
mis grandes ojos, mi tez de rosa
y las alitas de mariposa
con que a sus labios volara yo?

Tengo la culpa de haber nacido?
...................................................





* Sin fechar. Cuaderno manuscrito de Manuel Gutiérrez Nájera. Fuente: Gutiérrez Nájera, Margarita, Reflejo, México, 1960, pp. 208-209.


Pidiendo un cerillo a Castillón*


Mi querido Castillón
o me das otro cerillo
o te declaro Castillo
y te quedas sin el On.




* Álbum de recortes de la familia Gutiérrez Nájera. Sin fecha. Fuente: Gutiérrez Nájera, Margarita, Reflejo, México, 1960, p. 151.


El sol quiebra sus flechas de oro*

El sol quiebra sus flechas de oro en el latón de las
[caramañolas.
y en la punta de las bayonetas; suena el redoble del
[tambor, y los
soldados marchan en compactos batallones, entre una
[doble fila de
gallardetes y banderas.
¡Música!— ¡Qué aliento dan
y qué esperanza sin fin,
el re-tin-tin del clarín.




* Fuente: Contreras García, Irma, Indagaciones sobre Gutiérrez Nájera, México, 1957, pp. 135-136. Lamentablemente no indica la fecha ni la procedencia.


Apéndice


En 1956, en su libro Manuel Gutiérrez Nájera. Estudios y escritos inéditos, el profesor norteamericano Boyd G. Carter informa sobre escritos de Manuel Gutiérrez Nájera en números del Correo Germánico correspondientes a los meses de agosto y septiembre de 1876. Cinco textos en prosa y un poema estaban firmados con el nombre y los dos apellidos del Duque Job. Cinco poemas estaban firmados sólo con "M. Gutiérrez". El profesor Carter, respaldado por E.K. Mapes, atribuyó estos últimos textos a Manuel Gutiérrez Nájera.

En su libro En torno a Gutiérrez Nájera y las Letras Mexicanas del siglo XIX, publicado en 1960, y debido a dudas surgidas especialmente de que el estudioso mexicano Porfirio Martínez Peñaloza publicara en Novedades dos poemas que se habían dado a conocer anónimamente en 1851 en La Ilustración Mexicana, con los títulos de "Amor e infortunio. Fantasía" y "Para el álbum de una señorita. A una flor", el profesor Carter se replanteó la autoría de los poemas firmados por "M. Gutiérrez" y luego de una serie de hipótesis y análisis temáticos y estilísticos, llegó a la siguiente conclusión: '"Amor y muerte' y 'A una flor disecada' no deben estimarse de la paternidad literaria de Gutiérrez Nájera sino a título de adaptaciones. 'La casa de vecindad' podría ser también una refundición de algún escrito desconocido, sea de la pluma de su padre o de otro escritor. Esto lo dudamos, sin embargo, y optamos por considerar el poema de su exclusiva propiedad literaria. 'Amor sagrado' y 'El viejo verde' parecen ser auténticos escritos suyos".1

En este mismo libro de 1960, el profesor Carter informa sobre el poema "Una flor" publicado en El Bucaro en 1874 y firmado también por "M. Gutiérrez", y que considera atribuible al Duque Job. Luego de analizar el poema y compararlo con otros de la época e incluso con escritores como José María Gutiérrez Zamora, también colaborador de la misma revista, llega a la conclusión de que ante las pruebas que ha dado "parece casi cierto que a Gutiérrez Nájera le toca la paternidad literaria de 'Una flor'. Si es que en esta suposición no nos equivocamos, sería el primer escrito suyo en publicarse de que tenemos conocimiento hasta ahora. A la sazón Manuel tenía quince años".2

En vista de las dudas que las mismas conclusiones del profesor Carter llevan consigo, considero que estos poemas de "M. Gutiérrez" pertenecen a la categoría de "atribuibles" pero sin ninguna certeza absoluta que lo respalde.


Fernando Tola de Habich




Nota: Margarita Gutiérrez Nájera en su libro Reflejo cita versos sin indicar generalmente si son inéditos, no recopilados o fragmentos de poemas. Sólo en cinco casos indica claramente el carácter inédito de poemas. Los que aquí he incluido, doce, aparentemente no fueron recopilados por González Guerrero en la edición que preparó de las Poesías completas de Gutiérrez Nájera, y en esa cantidad cuento los cinco que señala la autora de Reflejo.

En lo concerniente a los poemas que da como no recopilados Irma Contreras García, al parecer está en lo correcto salvo en la observación que hizo Virginia Gómez Baños en su libro Bibliografía de Manuel Gutiérrez Nájera y cuatro cuentos inéditos sobre unas quintillas que pertenecían a Nicolás Fernández de Moratín.

La procedencia de los poemas de "Manuel Gutiérrez" figura en la breve nota introductoria al "Apéndice".





1 La cursiva es mía.
2 La cursiva es mía.

Amor y muerte



"El mar está en calma,
la luna riela
Jugando en las ondas
De plata y azul."
"El aire reposa
Y el ave que vuela,
Lenta, pavorosa,
Graznando revela
Nocturna quietud."
"Esta hora sagrada
Misterios y amores
Derrama en la vida
Del hombre infeliz;"
"Más libres exhalan
Perfumes las flores,
Más libres los ayes
De agudos dolores
Más libres los ayes
De agudos dolores
Se arrojan aquí."
"Tiéndeme, adorada,
Tu mano hechicera,
No importa que mires
Mi mano temblar."
"El mar está en calma,
La góndola espera...
Pastora preciosa,
Con planta ligera,
Corramos al mar."
Así el amante cantaba
Junto a su pastora bella,
Tierna y cariñosa ella
Con delicia le escuchaba,
Cuando a tan tierna canción
Dio el dolor un nuevo giro,
Salir haciendo un suspiro
Del centro del corazón:
El pasto que tal oyera
Vuelve la vista turbada,
Y a su pastora adorada
La dice de esta manera:

"¿También los suspiros tu pecho alimentan?
"¿También hay tormentos, mi bien, para ti?
"Dime que a mis ojos tus penas se aumentan:
"Diles a tus ojos, paloma, que mientan...
¡No mires así!
"¿Un vago recuerdo de dicha pérdida
"Tu ardiente suspiro del seno arrancó?...
"¿Fue acaso un presagio de pena temida?...
"Responde, adorada: responde, mi vida:
¡Tu voz oiga yo!"
"Cualquiera el motivo fatal de tu duelo
"Corramos, pastora, su influjo a matar.
"El mar está en calma, copiando ese cielo:
"La luna derrama de dicha y consuelo...
"Corramos al mar."

Muda la joven dichosa,
Pero a caminar dispuesta,
Ardiente mano en respuesta
A su trovador tendió
Y de ambos cual corderitos
Que triscan por la pradera,
Hacia la mansa ribera
Amor sus pasos guió.

Ya ondula con gracia
La góndola libre.
Ya el remo potente
Azota la mar,

Espumas de plata
Oprime la quilla,
Plumitas brillantes
Se miran brotar.
Semejan los peces,
Saltando a los bordes,
Enjambre de abejas
Que ronda un panal,
Y surca los mares
La amante pareja,
Cual blancas palomas
Vuelan par a par.

¡Señor, mi Dios! Tu diestra Omnipotente,
Sujeta al viento y encadena al mar...
Quisiste, y nació el sol resplandeciente,
El orbe a iluminar.
La tierra simboliza tu clemencia,
Fecunda, engalanada por doquier:
Patentizan los astros tu alta ciencia...
¡Los mares tu poder!
¡Señor, mi Dios, la ráfaga de viento
Detén, que cruza rebramando ya,
Y pretende elevar al firmamento
Las ondas de la mar!
¡Mira los antes quietos arenales
En montes levantarse por allí
Y robustas palmeras colosales
Besar su sombra aquí!
¡Retumba en las cavernas la tormenta!
¡El trueno de las aguas causa horror!
¡El suelo siento abrir que nos sustenta!
¡Piedad! ¡Piedad, Señor!

Siguió la luna enviando
Pálida luz, sepulcral;
Y ya atado el vendabal,
Fuese la mar arrastrando
A su cárcel inmortal.
Del bosque no se veía
Una hoja sola mover,
Pero con pavor se oía
Algún tronco que crujía,
Ya desgajado al caer.
Por las ondas arrojados,
Por los vientos impelidos,
Árboles desencajados
Y buques despedazados
Se miraban esparcidos...
¡Oh recuerdo de dolor!
¡Pareja amante!... a perderte

Fuiste, porque fue tu suerte
En la góndola de amor
Bogar en pos de la muerte.

 

La casa de vecindad



Prólogo
Cualesquiera de vosotros,
Amados míos, que escucháis,
Sabe qué son y conoce
Las casas de vecindad:
Mas no lo sabe, presumo
En verso, y distancia va
Del lenguaje acompasado
Al común modo de hablar,
Para esto de describir
O si se quiere pintar
Las cosas, y yo que soy
Un si es no es original,
Voy a daros en renglones
Medidos con el compás
Del oído, que alguien llamara
Metrónomo auricular,
un croquis d'après nature
De una casa comunal.

Empiezo, pues, implorando
Indulgencia o caridad,
Pues, pintor de brocha gorda
Y habiendo de emborronar
De prisa; sólo Dios sabe
Cómo la labor saldrá.

Al chapucero pincel
Ayude vuestra bondad,
Y mi ingénita sosera
Sazónela vuestra sal.

Hecho este pacto, al asunto,
Después gloria y aquí paz.

Quería echarme de rondón
Al meollo o a la sustancia;
Pero es cosa de importancia
Ponernos en situación.


I

A un zaguán desvencijado,
Altísimo y muy estrecho,
Sigue un callejón derecho,
Tísico, oscuro, enlodado.

Es largo, porque sostiene
Casa principal encima,
Y angosto porque escatima
Al dueño el caudal que tiene.

Del techo pende en la altura
Farol acerbatanado,
Que es de un pábilo ensebado
Vaina, saco o sepultura;

Y en el que en formas extrañas,
De los vidrios del redor
Duplican el espesor
Las telas de las arañas:

Farol que su nombre miente,
Que es su luz otra mentira
Y que si de día se mira
De noche apenas se siente.

En la pared una mano,
Y con otra en la nariz,
Suele el transeúnte infeliz
Atravesar salvo y sano

A una plazuela raquítica,
Patio, excorral reformado,
Cuyo ascenso le fue dado
Por la reforma política;

Y que con el pozo y fuente,
Y caños y lavaderos,
Corrales y gallineros,
Da apenas paso a la gente.

En redor los aposentos
Se encuentran altos y bajos;
Y... aquí empiezan mis trabajos:
Oyentes, estadme atentos.


II

Una viuda de alguno, pensionada,
Que fue, según pregona,
Encumbrada persona,
Con un loro, un faldero, una criada
Y una mona también, su vida pasa
En la mejor vivienda de la casa.

De la viuda frontero
Se aloja una modista,
Literata además, y guapa y lista,
Que vive de la aguja y el tintero,
Pues que por precio módico,
Con sin igual presteza,
Entalla trajes, gorros adereza,
Y escribe diariamente en un periódico.

Debajo de la ex... (Debajo dije
Porque la situación así lo exige
De las habitaciones)
Un poeta de altivas pretensiones,
Un genio incomprendido,
Por lo mucho que vale desvalido,
En mísero cuartucho,
Que llamaría mejor cuarto cartucho,
Flaco como un alambre
Vive... ¡suerte fatal! muerto de hambre.

Y para mayor pena... ¡pobre mozo!
¡Sarcasmos de este mundo! con él frisa
Verdulera prosaica que da gozo,
Rebosando salud, contento y risa:
Con tamaños carrillos
Y cuatro o seis chiquillos
De quienes es el padre un hombre honrado,
Zapatero de viejo acreditado.
¡Matrimonio ejemplar, aunque modesto,
Si los hay, salvo yerro por supuesto!

Pues con los personajes mencionados,
Una beata de fecha perdurable,
Dos ex tenientes, cuatro jubilados
Y la portera, pieza indispensable
De casa comunal, daremos punto,
Que ya bastantes son según barrunto,
Y advierto en mi auditorio (con franqueza)
Que sólo por lo amable no bosteza.


III

Es una preciosa noche,
Y los más de los vecinos
En desahogos diferentes
Se encuentran entretenidos.

La viuda está de tertulia
Y así se ocupa en su aliño.
Al puf aumentó seis pliegues;
Enjarróse el frontispicio;
Colocó su polizón
En el puesto consabido;

La penuria del cabello
Encubrió con los postizos;
Y apelando de la criada
Al imprescindible auxilio,
Trepóla en una escalera
Para poner en el piso
Principal de su peinado
El jardín y el sombrerito.

La literata se asoma
Al corredor con un libro,
Que ella sabrá de qué trata,
Y que le da ciertos visos
De estudiosa, autorizando
La hora que es el que en olvido
Dejase allá en la almohadilla
A medio hacer un corpiño.

El romántico que ha tiempo
Acaricia y ve solícito
El proyecto de asociarse
A la artista, atento y listo
Hace centinela enfrente,
Dando tan largos suspiros
Y exhalando tales ayes
Que parte el alma el oírlo.

En tanto la verdulera
Disputa con su marido;
La beata reza en voz alta,
Que parece que da gritos,
Y los tenientes y empleados
Del régimen extinguido,
Politiquean y reforman
La nación en un corrillo.

La portera regañando
Entra y sale y los chiquillos
Del matrimonio modelo,
Brincando como cabritos,
Se entrometen y no dejan
Nada ni a nadie tranquilos.


IV

Poeta

Bella artista. Casta Diva,
Por quien deliro y trabajo:
¿Cuándo, grata y compasiva,
Haces de escalera arriba
Mi amor de escalera abajo?
Por ti vivo de los vientos,
Y me abrazo el corazón:
No eches tierra a mis lamentos.

La Artista

Me hacen mala digestión
Todos esos elementos.

Poeta

¿Te mofas de la miseria
Que es del genio patrimonio?

La Verdulera

Eres un jumento, Antonio.

El Zapatero

Y tú una bruja, Quiteria,

La Beata

Asechanzas del demonio…

Poeta

Mi talento a la ventura
Me elevará de Palacio…

La portera a los muchachos

¡No remuevan la basura!

La Artista

Pues cuando esté en esa altura
Hablaremos más despacio.

Poeta

¡Y tú romántica eres!
¿Y no me quieres por socio?
¡Poetisa…! ¿A un vate no quieres?

La Beata

Bendita entre las mujeres...

La portera a los muchachos

Cada cual a su negocio.

La Artista

Ser romántico y poetisa
No destruye el ser humano,
Y como y visto... esto es llano...
Y usted... no tiene camisa...

La portera a un mendigo

Perdone por Dios, hermano.

Un teniente

Sí, marchamos a un abismo.

Empleado

Hay cambio de ministerio.

Un teniente

Yo estoy por el comunismo.

La Artista

¿Qué me decía usted?

Poeta

Lo mismo.

La Beata

Muchacha, el otro misterio.

Un teniente

Hoy el congreso ha votado
Del código otra reforma.

La Artista

¿Qué dice usted? ¿Se conforma?

El Zapatero

A botín tan remendado
Ya no le ajusta la horma.

La Verdulera

La viuda está muy compuesta.

La Viuda a la criada

Avisa a D. Pantaleon
Que ya me tiene dispuesta.

Un Papelero

¡El Pajarito y la Orquesta!

Los Muchachos

Vecinos: ¡el carretón!


V


Al anuncio del vehículo
Todos los diálogos cesan
Y a sus cuartos los vecinos
Simultáneamente entran,
Quedando sólo los chicos
En retozo y pelotera.
La viuda a su acompañante
Recibe muy halagüeña
Y se marcha a la tertulia
Dando envidia a la portera:
Yo, mientras pasa el nublado,
Voyme, señores, tras ella.

 

Amor sagrado



I

Lúgubre noche en que amenaza el rayo,
Tú eres la sola mística armonía,
Con que puede elevarse la voz mía
Al trono Santo del Eterno Dios.

No mueva el viento las oscuras nubes
Que ocultan de la Luna los fulgores,
Triste, como lo fueron mis amores,
Escucha ¡noche! mi fatal canción.


II

Ahí está el mundo y sus mentidos goces
No vienen a turbar mis pensamientos:
Tan cortos, pero míos estos momentos,
Para ti puros, adorada, son.

Volaste al cielo y en la cruda tierra
Víctima de la pena me dejaste;
Un ángel más, al cielo te elevaste,
Y en él te busco acongojado yo.


III

Si del asiento en que brillante ahora
La vista arrojas a la tierra acaso,
Desde el nacer del Sol hasta su ocaso
Me verás sumergido en la aflicción;

Y bajo el trueno, en tempestuosa noche,
Por solo alivio a mi continua lucha...
¡Ángel de Dios! mi triste canto escucha
Que elevo a ti con dolorida voz.

 

Para el álbum de una señorita,
a petición suya



A una flor disecada

¡Pobre flor, marchita, seca
Hoy, fresca y lozana ayer!
Símbolo antes del placer,
Y ora emblema del dolor.
¡Pobre flor!
Mis ojos te contemplaron
Con placer sagrado, intenso:
Bajo tu poder inmenso
Mis penas se mitigaron;
Mas en mi mano el rigor
Vino a herirte de mi suerte,
Porque te diera la muerte
De mis penas el ardor.
¡Pobre flor!
Cuántas veces mi quebranto
¡Pobre flor! tú sola viste.
¡Cuántas veces recogiste
En tus hojitas mi llanto!
Húmedas con él ¡oh flor!
Su peso las inclinaba,
Como a mi ánima agobiada
El exceso del dolor...
¡Pobre flor!
¡Con cuánta fe te venero!
¡Con qué delicia suspiro,
Pensando cuando te miro
En el dueño por quien muero!...
Si pudo olvidar traidor
Su juramento de amarme:
¿Por qué no puedo arrancarme
Del alma su único amor?
¡Pobre flor!
Te miro y mis horas pasan
¡De sueño… es cierto!... ¡qué bellas!...
Olvida mi alma por ellas
Las de la verdad, que abrasan.
Y que siento me parece
En tan dichosos instantes,
Entre mis manos amantes
Su mano, que se estremece.
Veo a su boca sonreír,
Y a su seno palpitar:
Oigo y aun creo el ¡Te he de amar,
Vida mía, hasta morir!...

Y atribulado le veo
Caer a mis plantas de hinojos,
Y que saltan de sus ojos
Las centellas del deseo…
Y aun tiendo ¡necia! la mano
Que te tendí condolida
Cuando me llamó mi vida
Para matarme tirano.
¡Fantasma fascinador
Que no puedo echar de mí!
Y que torna en frenesí
Mi desatentado amor…
¡Pobre flor!
Tú fuiste prenda y testigo
De su amante juramento:
Hoy lo eres de mi tormento:
Ves que amo y no lo maldigo.
¡Loca de mí!... Sí, debiera
Odiarle… Más ¡no!... ¡Mentira!...
Es amor el que me inspira…
¡No le odiara, aunque pudiera!
Si acudió al fatal reclamo
De una sirena… ¡Demente!
A ella aborrezco, inocente,
Y a él, fementido, le amo.
¡Celos que así me tratáis!:
¿Por qué me tratáis así?
¡Ah! ¿Por qué dejáis en mí
El amor que me robáis?
Tú puedes darme valor,
Prenda de amor malogrado:
De mi corazón al lado
Ven a calmar mi dolor...
¡Pobre flor!
Un instante que ya tarda,
Vendrá al fin, en que la muerte,
Más que la desgracia, fuerte,
Vendrá a herir a quien la aguarda.
Entonces, flor, te tendré
Sobre mi seno prendida,
Que una ha de ser nuestra vida
Cual nuestro destino fue;
Y como no se comprenda
Que eras mi único consuelo,
Te arrojará por el suelo
La mano que te desprenda.
¡Y no poderte vengar!...
Y no poderles decir
"¡Fue mi delicia morir
Con los que saben amar!"

Perdona ¡oh flor! mas espera
Al zéfiro que piadoso
Ha de impulsarte gozoso
Hacia la estrellada esfera.
¿Dónde irás?... No lo adivino…
¿Dónde iré yo?... Lo ignoramos…
¡Pobre flor!... Las dos bogamos
En la barca del destino.
Vuelen tus hojas pajizas
Por los aires ¡pobre flor!...
¡Quiera el ángel del amor
Mezclarlas con mis cenizas!


II

¡Porque una flor se secó
Decir tanto desatino!...
Cierto, no envidio el destino
Del poeta que deliró;
Y es empeño estrafalario
De nada hacer tal caudal:
Si es la flor medicinal,
Que la guarde un boticario.
Si más bien está guardada
Por recuerdo de su dueño,
Por ahora le llamo sueño,
Y un poco más tarde, NADA.
No se mortifique, usté,
Ni gima, ni desconfíe;
Mientras el campo las críe
Ha de haber quien flores dé.
¡Pobre poeta!... mejor
Que jeremiar tan sin fin
Fuera derecho a un jardín
A cortar cualquiera flor,
Y a los pies de vd. muy vivo
Flor y corazón pusiera,
Reemplazando una quimera
Con algo de positivo.
Para esto no es menester
Ni poética ni oratoria,
Cualquier chico de memoria
Sabe bien lo que hay que hacer;
Y en simple, entendible prosa,
Si tartamudo no fuere,
Sabe decir que se muere
Por los ojos de su hermosa;
Y ella, amable y compasiva,
Con la amenaza se asusta,
Y pues de que viva gusta,
Lo ama y le manda que viva.
Crea vd., niña que no peca,
Ni hace ningún disparate,
Trocando una rosa seca
Por un corazón que late.

 

El viejo verde



Epístola

Si te han puesto los años tan raquítico,
Que vienes a ser hombre problemático,
Muda el genio que te hace tan ridículo,
No enamores ni la eches de sarcástico.

¿Que no miras, imbécil, a tus prójimos
Sobrecogidos de terrores pánicos,
Al mirarte cual momia de algún féretro,
O como espectro lúgubre y fantástico?

Yo sé que tu existencia es parabólica
Disposición de Dios, y que a los párvulos
En ti les muestra los tormentos hórridos
De la otra vida, ríspidos y cálidos.

Yo bien me sé que vives de pronóstico
Carnal del postrer juicio, cual relámpago
Que la tormenta al labrador pacífico
Anuncia, y llena de pavor los ánimos.

Yo bien me sé que vuelves tú verídico
El cuento que aprendí como enigmático,
Del errante judío que vaga prófugo,
Con una maldición y con un báculo…

Más sé en tu abono… pero el vulgo crédulo,
Que no tiene ni pizca de romántico,
El mejor día de toma por espíritu
Y te ha de conjurar de un modo trágico…

Mírame sin pasión: por tu bien óyeme,
Y recibe el consejo que, aunque cáustico,
Te da un amigo austero, pero próbido,
Que fue en sus mocedades algo práctico.

Puesto que sólo huesos eres ¡mísero!
Sé disculpar el que te vuelvas zángano,
Y cerca a la colmena andes solícito
De las hijas de Adán… ¡mas no seas bárbaro!

Dedícate a las viejas sin escrúpulos,
Y buen provecho te hagan sus escándalos;
Pero la tierna flor que abre sus pétalos
Para llenar el aire del balsámico.

Éter de bendición, éter purísimo,
Que es dulce néctar, aromoso y cándido,
No es para ti, carcoma de las épocas,
No nació para ti, galán espárrago.

Déjate de piropos soporíferos;
Ya más no arrugues tu semblante elástico:
A las chicas pareces un peruétano:
Satírico te crees y eres un sátiro.

Toma la cruz y calavera frígida,
La vera efigie de tu rostro escuálido,
Y márchate a entonar un canto fúnebre
Con notas graves o chirridos rápidos.

Date a los estudiantes osteológicos
Como esqueleto vivo: a algún dramático
Date a mirar, para que piense horrísono
Plan de algún drama emanación del báratro.

Date, por cuanto vos, al tonto público
Y te hará poderoso el espectáculo...
Date, mas date prisa, a muerte mística
Y el memento fatal, trágalo, trágalo:

Sin odio acógete mi amistosa epístola,
Antes que llegue tremebundo un Sábado
En que las brujas te arrebaten ávidas
Para hacerte su rey del conciliábulo.

 

Una flor

A la Srita. Soledad D. de Bonilla y González


Fatigado peregrino,
Que vas caminando así
Por extraviado camino,
¿A dónde vas?
—Mi destino
Me lleva lejos de aquí.
—¿De dónde vienes, viajero,
Que estás lloroso y sombrío?
—¡Ah! Del país hechicero
Donde la luz del lucero
Brilla en las aguas del río.
Del país donde las flores
Nunca mueren con el día
Y tienen por trovadores
A los tiernos ruiseñores
De la arboleda sombría.
—¿Por qué dejaste el verjel,
Si así te mata su ausencia?
—Porque en las flores de él
Encontré gotas de hiel
Que amargaron mi existencia.
—¿Quién te acompaña?
—El dolor.
—¿Qué dejaste?
—Una lira.
—¿Eres acaso cantor?
—Soy un simple trovador
Que cantaba y hoy suspira.
—¿Tienes esperanzas?
—Sí.
—¿Puedes decírmelas?
—No.
—¿Cuáles son tus penas, di?
—¡Ah! mis penas... ¡ay de mí!
No puedo decirlas yo.
¿Mas, quién eres que el consuelo
Siento al oírte, deidad?
—Soy mensajera del cielo.
¿Qué quieres?
—Calmar tu duelo.
—¿Cuál es tu nombre?
—Amistad.
—¡Bello nombre!
—Soy hermosa.
—¿Dónde moras?
—En el alma.
—¿Eres fuerte?
—Poderosa.
—¿Eres cruel?
—Bondadosa.
—¿Qué das al mundo?
—La calma.
—¡Calma ambiciona mi anhelo!
—Calma tendrás, trovador.
—¿Me vas a dar el consuelo?
—Para ti me ha dado el cielo
Una perfumada flor.
—¿Una flor?
—Tan hechicera,
Que otra no es más, en verdad,
En la alegre primavera
Esa flor es... ¡la primera!
—¿Y se llama?
—Soledad.
Es una flor inocente
Que te dará el bien perdido:
Los arrullos de la fuente,
Los perfumes del ambiente,
Y del aura el manso ruido.
—¿Dónde encontraré esa flor?
—La hallarás en tu camino.
—Pero temo que el dolor
Me mate antes…
—Trovador,
Dios cambió ya tu destino.
Reposa un tanto, te ruego,
En ese bosque sombrío,
Cuyo apacible sosiego
Convida a templar el fuego
Del ígneo sol del Estío.
Y después, ya descansado
Camina siempre al Oriente,
Hasta que llegues a un prado
Donde el viento es sosegado
Y hay un jardín y una fuente.
Allí un árbol hallarás,
Que desde lejos se mira
Dominando a los demás:
Llega a él y encontrarás
Una rosa y una lira.
La rosa es la linda flor
Que te doy por talismán;
La lira, nuevo favor
Que la amistad da al cantor
Para que calme su afán.
Y cuando el ave armoniosa
Mande un adiós en su trino
A la tarde silenciosa,
Canta tú a la rosa
La canción del peregrino.
Mientras cantas, no te asombre,
Mirar que el árbol anciano
Toma la forma de un hombre,
Y sin preguntar tu nombre
Te dice amigo y hermano.
A su ejemplo, la flor pura
Se transformará también,
Y aliviará tu amargura
Recordando la hermosura
Del abandonado edén.
Virgen de dulce mirada,
En sus dos pupilas bellas
Tras la pestaña rizada,
De la bóveda azulada
Retratará las estrellas.
Cuando la niña inocente
Con su voz de querubín
Calme tu pena, la fuente
Dará paso en su corriente
A otra rosa del jardín.
Será una mujer hermosa
De ternura sin igual,
Que de la primera rosa
Sobre la fuente preciosa
Dará un beso maternal.
Entonces suspende el son
De tu canto y de tu lira,
Y pregunta al corazón:
"¿Es la vida una ilusión?
"¿Todo, en el mundo, es mentira
La respuesta que te dé
Hará tu felicidad—.
Dijo la sombra y se fue,
Yo tuve esperanza y fe
Y esperé con ansiedad.
Tan hermosa profecía
Realizada vio mi anhelo:
El árbol encontré un día
Con la fuente amiga mía
Y una rosa como un cielo.
Que eres tú la flor aquella
De quien me habló la amistad
No cabe duda; eres bella,
Tu mirada es una estrella
Y te llamas Soledad.
Recibe, pues, linda flor,
La ofrenda del peregrino
que arrebataste al dolor,
Y el canto del trovador.
Que te encontró en su camino.