MIS ILUSIONES ESTAOS QUIETAS
(Inconcluso)*



Mis ilusiones estaos quietas!
No hagáis ruido, venid acá!
Tomad ejemplo de las violetas
y sed humildes y sed discretas...
Adentro! Adentro! —Pero Papá!...

—Vamos, silencio, niña habladora!
Que no es posible! que no ha de ser!
Y mientras una se muerde y llora
otra me dice: —No duermo ahora
ya no soy niña: ya soy mujer!

—Sed obedientes, hijitas mías;
id a acostaros, id a dormir!
Y siguen todas en sus porfías
y golpeando las celosías
por las ventanas quieren salir.

Turba impaciente de colegialas
que grita y bulle tras el cancel!
Guerra de dios [sic] tumulto de alas!
Las mariposas de ricas galas
se pronunciaron en el cuartel.

Anoche mismo, la más traviesa,
la mayorcita, la rubia en fin,
mucho más seria que una abadesa
me habló, sentada sobre la mesa,
viendo la punta de su botín.

—Papá, ya miras que te obedezco,
y eso que sueles ponerme en cruz,
por qué te enfada ver cómo crezco,
por qué me encierras? Qué, no merezco
salir al aire ni ver la luz?

Dice mi espejo que soy bonita,
mas en clausura tanto pené
que estoy muy flaca, muy palidita
y tan enferma, tan enfermita
que, si no salgo, me moriré!

Jamás he visto la luz del día,
ni el verde campo, ni el ancho mar:
en celda oscura y en cárcel fría
presa me tienes cuando querría
alas inmensas para volar!

De qué me sirve ser tan hermosa
si la que amo jamás miró
mis grandes ojos, mi tez de rosa
y las alitas de mariposa
con que a sus labios volara yo?

Tengo la culpa de haber nacido?
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* Sin fechar. Cuaderno manuscrito de Manuel Gutiérrez Nájera. Fuente: Gutiérrez Nájera, Margarita, Reflejo, México, 1960, pp. 208-209.