EL REY SOLITARIO*
(Théophile Gautier)
 


Enclaustrado en mi espíritu profundo,
sin nada humano, ni amistad ni amores,
mis únicos iguales en el mundo
duermen en el panteón de mis mayores.

Quien dijo soledad dijo grandeza:
cual ídolo de aspecto sobrehumano,
la púrpura conservo con fiereza
y encierra al mundo el hueco de mi mano.

Tengo, también, el círculo de espinas:
del nimbo sideral los rayos de oro,
me ponen, como agudas javelinas,
una perla de sangre en cada poro.

El heráldico buitre, con encono
clavado siempre a mis entrañas veo:
en su roca el antiguo Prometeo
era un rey nada más sobre su trono.

Mi Olimpo, de misterio rodeado
nada más repercute adulaciones
que a la cumbre en que estoy, sólo ha llegado
el constante reír de los histriones.

Cuando a veces mi pueblo escarnecido,
choca sus hierros y se apiña en masa,
dormid, señor, me dicen al oído,
vino la tempestad pero ya pasa.

Todo lo puedo: nada me convida.
¡Si pudiera sentir algún deseo,
el calor amoroso de la vida,
el fuego de las dichas que entreveo!

Pero el monte más alto es el más frío;
el sol camina solo, y no se atreve
ni a derretir en el volcán la nieve,
ni a matar en los reyes el hastío.




* El Republicano, 4-3-1880. Firmado: Manuel Gutiérrez Nájera (?). Fuente: Contreras García, Irma, Indagaciones sobre Gutiérrez Nájera, México. 1957, pp. 136-137.