Nota introductoria

Dice Ripellino que ya es hora de que los usos políticos de Mayakovski dejen de opacar la intensa luminosidad de su poesía. Esto viene a cuento porque efectivamente el suicidio de Mayakovski, en Moscú en 1930, ha llenado páginas que simbolizan las dos actitudes dominantes sobre su figura: por un lado, la de aquellos que ven en su muerte un desafortunado incidente, ajeno a su probada militancia obrera. Y por el otro, la de quienes aprovechan para hacer de su suicidio la ocasión de la verborrea acerca del artista asfixiado y la imposibilidad del socialismo.

Debemos tener claro que el mismo Mayakovski se definía como un comunista que escribía poemas y que su tragedia personal es la tragedia de la generación de combatientes que parió a la Unión Soviética.

Arrojar luz sobre la poesía de Mayakovski supone entonces la enorme tarea de aprender de él. Aprender en sus versos, en sus obras de teatro, en sus guiones de cine, en sus carteles y en sus ensayos. Las lecciones de Mayakovski forjan poetas: hacedores del lenguaje que también lo son de vida nueva.

Su mundo poético es el de la sensibilidad situada al centro del vértigo moderno; las imágenes futuristas de la electricidad y el concreto, se mezclan con los gestos románticos. Como su camisa de un amarillo encendido, que escandalizaba a los círculos burgueses de la cultura de etiqueta, becas y cocteles. Mayakovski es el poeta que fustiga el tiempo. Detesta la inercia que reproduce el orden de la dominación de los miserables, los seres grasientos y voraces que "decoloran al mundo". Escribe "versos-látigos y líneas-púas"; trata de recrear la dimensión estética de los hombres: Éste es el frente que la Revolución le encomendó.

Con un dominio total de la tradición poética rusa y con su trabajo meticuloso con el lenguaje, Mayakovski elabora en delirantes poemas líricos, en festivas marchas, en majestuosas odas y en sobrios partes de guerra estética, una obra que plantea la grave cuestión del sitio de los artistas en la Revolución. Y lo resuelve en términos que liquidan la vieja argucia del compromiso exclusivo con la inspiración y la falacia del arte como esfera impoluta. Reflexionando desde la poesía, Mayakovski advierte la imperiosa necesidad de fundir la vanguardia artística con la vanguardia política: no para sujetarse al encargo de ocasión ni al capricho de la burocracia cultural, sino como condición indispensable para la resolución de los problemas propiamente artísticos: "La poesía empieza donde hay tendencia".

Mayakovski es irreductible por contradictorio. Su discurso poético revienta moldes y etiquetas. Como artista revolucionario llevó la poesía rusa a nuevos terrenos donde imperan las hipérboles desmesuradas, los ritmos del habla cotidiana, las líneas truncadas y las rimas complejas. Su asombroso y poderoso arsenal poético responde a tres objetivos de lucha estética: Trazar una línea de demarcación respecto a los lenguajes sacralizados por el poder; recuperar la mejor tradición de la poesía rusa; y destruir por la vía del extrañamiento a la inercia de la percepción, descubierta como garantía política de la reproducción del mundo de esclavitudes y miserias.

La Revolución es vivida por Mayakovski como la ocasión histórica del advenimiento de la modernidad. La poesía debe limpiar al mundo de suciedades pasadas y el poeta pone sobre sus hombros toda la carga de la redención de los hombres. Así, su veta romántica y futurista contradice su tendencia militante hacia la fusión orgánica de trabajadores de la cultura y vanguardia política. Justamente en sus contradicciones aparece la riqueza aún no bien comprendida de Mayakovski. Su batalla personal, generosamente librada hasta el fin, es un legado para todos aquellos que no rehúyan la autocrítica. Depurando su obra y su conciencia, él nos retó a seguir avanzando, derruyendo los vejestorios filosóficos que empañan el trabajo poético y lo alejan de su justa senda.

Recuperemos la luminosa poesía de Mayakovski en su verdad política, en contra de los abusos a los que se la ha sometido. Adoptemos su punto de vista para replantearnos los problemas actuales de la práctica poética y la lucha estética. Por la poesía, "por que no vuelva a suicidarse Mayakovski"...


Alfredo Gurza