¡Escuchen!
 

¡Escuchen!
Si las estrellas se encienden,
¿quiere decir que alguien quiere que ellas estén?
¿quiere decir que alguien llama a estos escupitajos?
¿quieren decir que alguien llama a estos escupitajos
perlas?
Y, agotado
en la borrasca de polvo del mediodía,
irrumpe ante Dios;
teme haber llegado tarde,
llora,
le besa la nudosa mano,
pide
¡que sin falta haya una estrella!
jura
¡no soportará este tormento sin estrellas!
Y después
camina ansioso,
pero tranquilo por fuera.
Le dice a alguien:
"¿Ahora estás bien?
¿No tienes miedo?
¡¿Sí?!"
¡Escuchen!
Si las estrellas
se encienden,
¿quiere decir que a alguien le hacen falta?
¡¿quiere decir que es necesario,
que cada tarde
sobre los tejados
se encienda al menos una estrella?!