Nota introductoria

César Rodríguez Chicharro nació en Madrid el 11 de julio de 1930 y murió en la ciudad de México el 23 de octubre de 1984. Perteneció a la segunda generación de exiliados españoles en México, la que sin haber participado en la guerra civil vivió con peculiar intensidad las consecuencias políticas, vitales e intelectuales de la misma. Junto a la la añoranza de España, esta generación también tuvo que asumir su mexicanidad como extrañamiento y, ante ese doble desarraigo, adaptarse a la tierra de en medio que habitaban. Por estos motivos, Francisco de la Maza bautizó como Nepantla a dicha generación, que también incluye, entre otros, a Tomás Segovia, Federico Patán, Luis Rius, Gerardo Deniz, Jomí García Ascot, Ramón Xirau, Arturo Souto, Angelina Muñiz, José Pascual Buxó, José de la Colina.

Rodríguez Chicharro desembarcó en Coatzacoalcos en 1940. Estudió en el Instituto Luis Vives y en 1947 colaboró en la revista Apuntes. Más tarde, ingresó a Mascarones para estudiar la carrera de Letras. Además de la formación académica, se probó hacia 1948 en el oficio tipográfico y las talachas editoriales en los Talleres Gráficos de la Nación. Al egresar de Mascarones desarrolló ambas vertientes de su trabajo en las universidades de Guanajuato, de Zulia (Maracaibo), la Veracruzana, la Iberoamericana y, finalmente, en la propia Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. De 1948 a 1984 su obra como escritor se distribuyó entre siete libros de poemas y tres de ensayo, además de relatos y traducciones del francés aún no recopilados.

Rodríguez Chicharro desarrolló diversas tentativas en su obra poética. Temáticamente, fue reduciendo el espectro de los contenidos: Con una mano en el ancla y Eternidad es barro aluden al amor, al paisaje, al juego verbal que se complace en la creación de imágenes, a la intuición de la muerte, a España, al oficio literario; en cambio, Aguja de marear, Finalmente y En vilo condensan las preocupaciones del autor sólo en torno a tres ejes: el amor, la muerte y el exilio. Bajo esa medida, Finalmente resulta central en la producción chicharriana. Pero no sólo en lo limitado de los temas, sino también en su capacidad de concentrar expresivamente lo que oscilaba entre la rabia y la ternura, el deseo y la impotencia, la esperanza y el desaliento, es que Rodríguez Chicharro se desembarazó de otras tesituras marginales.

Estilísticamente, los primeros libros de Rodríguez Chicharro se encuentran determinados por un modo poético cercano a la Generación del 27 y por ciertas reminiscencias posmodernistas que no tardarían en desaparecer. La aspereza de algunos de sus versos parecen convocar a Porfirio Barba-Jacob, aunque también hay en él una búsqueda verbal, tanto sonora como de imagen, que se origina en Xavier Villaurrutia. La genealogía de sus ancestros no quedaría completa sin la mención de Emilio Prados y César Vallejo. Sin embargo, el estilo poético de Rodríguez Chicharro absorbe desde los inicios un carácter astillado que va a continuar hasta el final. Mediante ese lenguaje fue capaz de sugerir el quebranto y las contradicciones de sus temas, así como el paulatino aclimatamiento que siempre osciló entre los tonos mexicano y peninsular.

El presente muestrario se forma con poemas de sus siete libros de los que, a continuación, se ofrecen las respectivas referencias bibliográficas, y de otros no reunidos previamente:

Bibliografía

Con una mano en el ancla, prólogo de Julio Jiménez Rueda, Talleres Gráficos de la Nación, México, 1952, 78 pp.

Eternidad es barro, Unión Gráfica, México, 1955. (Los presentes, 11).

Aventura del miedo, prólogo de José Pascual Buxó, Universidad del Zulia, Maracaibo, 1962, 103 pp.

La huella de tu nombre, Ediciones del Puente, Xalapa, 1965, s/p. ("El Enano y el Río de la Luna").

Aguja de marear, UNAM, México, 1973, s/p.

Finalmente, Universidad Veracruzana, Xalapa, 1983, 36 pp. (La Luna Hiena, 11).

En vilo (1948-1984), selección y prólogo de Enrique López Aguilar, UNACH, México 1985, XLII + 155 pp. (Maciel, 9).

 


Enrique López Aguilar