EStaciones de emigrantes: Italia del sur


Farol rojo, ojo sangriento de las estaciones;
Entre los paquetes amontonados,
Gritos que se alargan, sollozos, peleas;
Emigrantes, fugitivos,
Apóstatas sin patria entre los estados;
Carriles que se confunden y se extravían.

Fondas: demasiado caro para comer aquí;
Bruma sucia sobre la puerta;
Esperar, obedecer, acomodarse;
Aduaneros ¿Para qué sirve una frontera?
Cada rico tiene la tierra entera,
Cada miserable es un extranjero.

Máscaras sucias bañadas por el llanto,
Demasiado cansancio para rebelarse;
Estiramiento de rostros pálidos;
El trabajo pesa; están embrutecidos;
El viento dispersa; están abandonados.
Esta tarde la ceniza. ¿Hasta cuándo la lava?

A veces el invierno, a veces el verano;
Frío, sol, violencia doble;
El agobiado, el amargado, el idiotizado;
Aquí el quejido y allá el silencio;
Los dos platos de la balanza,
Y la pobreza como plaga.

El express seccionando el espacio;
El hierro, el fuego, el agua y los carbones
Arrastran en la noche los vagones
De quienes duermen en primera clase.
Brincan los vagabundos.
Miedo; estupor; el rápido pasa.

Rebaño hastiado, cansados cuerpos,
Bloques soñolientos que la muerte roza;
Se persignan, aterrorizados.
Grito, insulto, ojo enloquecido que se enciende;
Temen el atropellamiento,
Ellos los eternos atropellados.