Firme propósito


Ni protegerse del día bajo el árbol de las tinieblas,
ni morder en el fruto la dulce carne del verano,
ni besar largamente los lívidos labios
de muertos hastiados de haber existido.

Ni penetrar, transido, el frío corazón del álgebra,
ni clavar en el vacío una máscara,
ni acostar bajo el sólido olvido célebres huesos
ni derramar su nada en un sepulcro prestigiado.

Ni acariciar, amor, tu ardiente garganta,
ni quemar tu deseo en el fuego negro de la espera,
ni aplicar al dolor el torniquete de la resignación.

Ni levantar hacia el cielo las manos insatisfechas,
sino soportar en uno mismo, en medio de la noche sin
pensamientos,
el profundo vacío de un corazón donde la vida ha
sangrado.