David


Un duro tallador de piedras ha desgajado mi cuerpo
de este bloque atormentado por un alma insatisfecha.
Soy un pastor y seré profeta; me bastará
un guijarro para derribar al más fuerte.

Pero ¿a qué debo mi ambición, a qué tanto esfuerzo?
Si más allá del éxito percibo mi derrota
y, con las cejas fruncidas, me retiro del festejo
al sentir sobre mi virtud el remordimiento.

La culpa y la desdicha pudrirán mi victoria;
Jehová soltará sus perros expiatorios;
mis músculos se crispan; sé demasiado; he luchado
demasiado.

El grito de mi dolor colma el espacio
y la honda que gira en mi agotada mano no puede
lanzar mi corazón contra el Dios que me ha tentado.