Rostro, horror

 

Entre los rostros espantados que se vuelven
para no ver, el tuyo asoma más intenso
más alta rueca de lágrimas clavada en el silencio,
en el desierto de gritos ahogados.

Así se escapa el tiempo propicio de llorar,
en los dientes concluyen los suspiros,
resueltas por el alma las miradas piden paz
y en el extremo nacen las palabras.

La paciencia reduce y apaga la frente,
una débil sonrisa, casi un agua latente,
resbala por la boca aridecida,
quebranta el rostro helado la locura.

¡Pero tú! Y reencuentro tu esencia que refluye
en lo profundo de los gestos familiares,
unas mansas costumbres en las márgenes solares:
todo nos queda aún por padecer.