Canto xi. El gorrión solitario

 

Compuesto en 1829, pero concebido ya diez años antes, hace parte de los llamados grandes idilios, o canciones libres, y es, con "A Silvia", uno de los poemas más célebres de Leopardi. El tema de la inexplicable renuncia a la vida que se suma a la indiferencia o al ensañamiento del hado, para aumentar el horror de la odiada vejez, está tratado a través de una límpida y enternecida visión de su paisaje natal.



Desde la aguja de la antigua torre,
solitario gorrión, a la campiña
cantando vas en tanto muere el día;
y yerra la armonía por este valle.
5 En torno primavera
brilla en el aire, y en el campo exulta,
tal que al mirarla se enternece el pecho.
Oyes greyes balar, mugir ganado;
los pájaros contentos, en parvada,
10 van por el libre cielo en sus giros,
festejando sin fin su mejor tiempo:
tú, pensativo, aparte, el todo miras,
no compañía, no vuelos,
no curas alegría, esquivas gozos;
15 cantas, y así rebasas
la bella flor del año y de tu vida.

Ay, imas cuán semejantes
tu costumbre y la mía! Solaz y risa,
20 de la primera edad dulce familia,
y tú, de juventud hermano, amor,
suspiro acerbo de provectos días,
no curo, no sé cómo; sino dellos
más bien huyo muy lejos;
25 casi eremita, y ajeno
a mi lugar nativo,
paso de mi vivir la primavera.
Este día que ya cede a la noche,
se suele festejar en nuestro burgo.
30 Oyes en lo sereno un son de esquila,
y a menudo un tronar de férreas cañas,
que a lo lejos retumba por las villas.

Vestida para fiesta,
35 toda la juventud
deja sus casas y anda por las calles;
mira, es mirada, y en el cor se alegra.
Yo, solitario, en esta
remota parte a la campiña salgo;
40 todo deleite y juego
difiero hacia otro tiempo: y la mirada
tendida al aire dulce
me hiere el sol, que entre lejanos montes,
tras el día sereno,
45 cae y se esconde, y decir parece
que la dichosa juventud se esfuma.

Tú gorrión solitario, en el ocaso
del vivir que han de darte las estrellas,
50 por cierto tu costumbre
no negarás; pues de natura es fruto
todo vuestro deseo.
Mas yo, si de vejez
el detestado umbral
55 evitar no pudiere,
cuando estos ojos mudos sean al alma
de los demás, y hueco les sea el mundo,
y el día futuro más tedioso y tetro
que el día presente, ¿qué tales deseos?
60 ¿qué me parecerán estos mis años?
¿qué de mí mismo? Asaz lamentaréme,
mas sin consuelo volveré al pasado.