Canto xiv. A la luna

 

Uno de los idilios breves en endecasílabos sueltos, o pequeños idilios, compuesto en 1819. La luna es uno de los interlocutores preferidos de Leopardi en los momentos de pausada melancolía como éste, en que se valora el sabor dulceamargo del recuerdo, el aumento de cuyo caudal, con el transcurrir de los años, es paralelo al aumento de la experiencia que hace imposible la esperanza, único bien, aunque falaz, de la vida.

 

Oh graciosa luna, yo me acuerdo
que, hace un año, encima de este risco
venía lleno de angustia a contemplarte:
y tú pendías sobre aquella selva
5 como ahora, que toda la iluminas.
Mas nebuloso y trémulo, en el llanto
que bañaba mis ojos, a mi vista
tu rostro aparecía, pues pesarosa
era mi vida: y es, tenor no cambia,
10 oh mi dilecta luna. Y aún me place
la recordanza, y numerar los años
de mi dolor. ¡Oh cuán grato acontece
en el juvenil tiempo, en que memoria
ha breve el curso, y luengo la esperanza,
15 el memorar las cosas del pasado,
aunque sea triste, y el afán perdure!