Canto xxi. A Silvia

 

Canción libre compuesta en 1828. Silvia es una de las tenues y fugaces figuras femeninas que nos presenta Leopardi, víctima de una muerte precoz que le arrebata el único bien concedido a los humanos: las ilusiones y esperanzas juveniles. Y Leopardi la asemeja a su propia esperanza, caída también antes de tiempo ante la lúcida comprensión de la verdad de la vida.

 

Silvia, ¿revives siempre
de tu vida mortal aquellos tiempos,
cuando beldad fulgía
en tu mirar risueño y fugitivo,
5 y alegre y pensativa, los umbrales
de juventud subías?

Sonaban las quietas
estancias, y las calles aledañas,
10 a tu perpetuo canto,
cuando atenta a bordados femeniles
te sentabas, contenta
del vago porvenir que imaginabas.
Era mayo oloroso: tú solías
15 así llevar los días.

El deleitoso estudio
dejaba a veces, y sudados pliegos
donde mi edad primera
20 y mi parte mejor se consumía,
y en los balcones del hogar paterno
prestaba oído al eco de tu voz,
y a la mano veloz
recorriendo la tela fatigosa.
25 Miraba el calmo cielo,
y las calles doradas y las huertas,
y aquende el mar, y allende el Apenino.
Labio mortal no dice
lo que sentía mi pecho.

30 ¡Qué suaves pensamientos,
qué esperanzas y ardores, Silvia mía!
¡Qué oferente nos era
la vida humana y el hado!
Cuando me acuerdo de tamaño anhelo,
35 un afecto me oprime
acerbo y sin consuelo,
y vuélveme a doler la desventura.
Oh natura, natura,
¿por qué rendir no puedes
40 tus promesas? Oh dime: ¿porqué tanto
engañas a tus hijos?

Antes de que la hierba helara invierno
oculto morbo combatió tu vida,
45 tan tierna, y la venció. No mirarías
de tus años la flor;
no halagaría tu pecho
el dulce elogio a tus cabellos negros,
ni a tus ojos amantes cuanto esquivos;
50 ni contigo tu amiga en días festivos
razonaría de amor.

También morían en breve
mis más dulces anhelos: a mis años
55 negó también el hado
la juventud. ¡Ay cómo,
cómo pasado has,
querida amiga de mi edad más nueva,
mi llorada esperanza!
60 ¿Es éste el mundo? ¿Son
éstos los goces, el amor, las obras
de los que tanto razonamos juntos?
¿Tal es la suerte del género humano?
Disipado el engaño
65 tú, mísera, caíste; y lejanos
la fría muerte y un sepulcro nudo
mostrabas con la mano.