IV

Me rodean ambulantes y curiosos,
Gente que encuentro, el efecto que tiene en mí la infancia,
el barrio, la ciudad o la nación,
Fechas, sociedades, descubrimientos e inventos últimos,
autores antiguos y modernos,
Mi cena, vestido, apariencia, compañeros, cumplidos,
deberes,
La indiferencia real o imaginaria de algún hombre o mujer
que amo,
La enfermedad de uno de mis parientes o la mía, las malas
acciones o la pérdida o la falta de dinero,
o el abatimiento o la exaltación,
Las batallas, los horrores de la guerra fratricida, la fiebre
de noticias ambiguas, los acontecimientos inciertos;
Todas estas cosas me llegan de día y de noche y
nuevamente me dejan,
Pero no son mi Yo.

Lejos de la contienda y del bullicio se erige lo que soy,
Se erige divertido, complaciente, compasivo, ocioso,
unitario,
Mira hacia abajo, se yergue o dobla un brazo sobre una
base impalpable y segura,
O contempla con la cabeza inclinada a un lado, curioso
de lo que vendrá,
Dentro y fuera del juego, observándolo, sopesándolo.

Miro hacia atrás, hacia los días en que me ahogaba en la
niebla entre lingüistas y contendientes,
No me burlo ni discuto: atestiguo y espero.