VI

Uno niño dijo ¿Qué es la hierba? trayéndomela a manos
llenas;
¿Qué podría responderle? Ignoro, como él, lo que es.

Tal vez sea la bandera de mi genio, tejido con la
sustancia verde de la esperanza.

Tal vez sea el pañuelo de Dios,
A la vez perfumado obsequio y recordatorio que
intencionalmente dejó caer,

Llevando el nombre del dueño en un borde para que lo
veamos, preguntemos y digamos, ¿De quién?

O tal vez la hierba sea un niño, el recién nacido de la
vegetación.

O un jeroglífico uniforme,
Que significa: germino igual en las zonas amplias que en
las estrechas,
Crezco igual entre los negros y los blancos,
Sea kanuk, tuckahoe, senador o inmigrante, doy a todos
lo mismo y a todos recibo.

Y ahora me parece la hermosa cabellera crecida de las
tumbas.

Tiernamente te usaré, hierba curva,
Puede ser que transpires en el pecho de los jóvenes,
De haberlos conocido, tal vez los hubiese amado,
Tal vez perteneces a los viejos, o a los niños arrancados
prematuramente del regazo de sus madres,
Y ahora eres el regazo de las madres.

Esta hierba es muy oscura para haber brotado de la
cabellera blanca de las madres ancianas,
Más oscura aún que las barbas descoloridas de los ancianos,
Oscura, sí, para surgir de la bóveda rojo pálido de las bocas.

¡Oh! percibo al fin la emisión de tantas lenguas,
E infiero que no han surgido en vano de las bóvedas de
esas bocas.

Quisiera poder traducir las alusiones a los jóvenes muertos,
Y las alusiones a los ancianos, y a las madres de los recién
nacidos arrebatados de sus regazos.

¿Qué crees tú que ha sido de los hombres jóvenes y de
los ancianos?
¿Qué crees tú que ha sido de las mujeres y de los niños?

Se encuentran bien y vivos en alguna parte,
El brote más débil muestra que no existe la muerte,
Y que si alguna vez existió, impulsó a la vida, y no espera
hasta el final para acabarla,
Y que cesó en el instante en que apareció la vida.

Todo progresa y se expande, nada se desintegra,
Y morir es distinto de lo que uno imagina, y más
afortunado.