XX

¿Quién va ahí? ansioso, rudo, místico, desnudo;
¿Cómo extraigo fuerza de la carne que como?

En realidad, ¿qué es un hombre? ¿qué soy yo? ¿qué eres tú?

Todo lo que distingo como mío, tu lo reconocerás como
tuyo,
Si no, pierdes el tiempo en escucharme.

No lloriqueo con el lloriqueo del mundo,
Los meses son vacíos y la tierra fango y podredumbre.

Gimoteando y arrastrándose, dosis de polvos para
inválidos,
la conformidad se aleja intempestivamente,
Uso mi sombrero a mi antojo dentro y fuera de casa.

¿Por qué debo rezar? ¿por qué debo venerar y reverenciar?
Después de haber examinado y analizado hasta lo
ínfimo en los estratos, de haber consultado a los doctos
y calculado minuciosamente,

No encuentro grasa más dulce que la que se unta a mis
huesos.
En todos los hombres me veo a mí mismo, ninguno
superior o inferior a mí,
Y lo bueno y lo malo que digo de mí lo digo de ellos.

Sé que soy sólido y fuerte,
Hacia mí convergen los objetos del universo que fluyen
perpetuamente,
Todos se han escrito para mí y debo descifrar su
significado.
Sé que soy inmortal,
Sé que esta órbita mía no puede abarcarse con el compás
del carpintero,
Sé que no desapareceré como la espiral que delinea un
niño con una luz de bengala en la noche.
Sé que soy augusto,
No inquieto a mi espíritu para que se me justifique o se
me comprenda,
Veo que las leyes elementales no piden disculpas,
(Creo, después de todo, que no me muestro más
orgulloso que el nivel según el cual construyo mi casa).

Existo como soy, eso basta,
Si pasa inadvertido en el mundo, estoy satisfecho,
Si todos y cada uno lo advierten, estoy satisfecho.

Un mundo lo advierte y para mí el mayor, y ese soy yo,
Y si llego a poseer lo mío ahora o en diez mil o en diez
millones de años,
Puedo aceptarlo jubilosamente hoy, o con igual júbilo
esperar.

Mi apoyo se apuntala y se ensambla con granito,
Me río ante lo que llaman disolución,
Y conozco la amplitud del tiempo.