Antonio Castañeda



Selección y nota introductoria de Guillermo Fernández



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Nota introductoria

Vigilo los escombros,
pongo lumbre en su tramo,
mido la línea
del estruendo, lo discreto,
lo que es señal
y juego del espanto.


Es éste el primer poema de la primera plaquette que publicó Antonio Castañeda* hace ya muchos años. Y aparte del carácter confesional, de autorretrato lírico, este primer poema también es el que mejor define el punto de partida y el destino de su poética.

Como el Ungaretti de La alegría, Castañeda apuesta todas sus cartas a la esencialidad, a lo que sólo puede expresarse con unas cuantas palabras esenciales. Y con ellas se enfrenta a un mundo personal en que el pasado se prolonga hasta invadir y carcomer las instancias de un presente sobrepoblado de recuerdos, un presente hipotecado de antemano, por lo general sin puertas hacia el porvenir, o, raras veces, con ventanas momentáneas hacia un futuro de sombras y desolación. En la poesía de Antonio Castañeda, el presente se consume con excesiva rapidez, nace convertido en ceniza o suspendido en una atmósfera de enrarecimiento temporal: se niega a sí mismo, como Pedro, aun antes de que canten los gallos.

Su reino es el de la memoria, y en ella brotan, "por instantes, los prodigios", pero "lejos del ardimiento", en una "recopilación tardía" del "reencuentro" con el "enigma personal" y "la fruta simple" que se pudre antes de caer, imposibilitando la "traslación de dominio".

Desterrado del futuro, la memoria lo resarce con recuerdos de fugaces epifanías que le dan un sentido a la constante acumulación de escombros. De entre éstos surgen, como "en el volcán, la flor", de Bécquer, soles y nubes, constelaciones e invernaderos, estelarias y mariposas absortas, búhos arrepentidos, efímeros jardines y delineados misterios de la fauna. Como en los inquietantes dibujos de Coffeen Serpas, todas estas figuras delatan un origen onírico y lunar; las ideas y las visiones se materializan en un instante congelado, intemporal. Pocas veces encontramos en su poesía un color desnudo: todo sucede en una atmósfera de transparencia letárgica, en penumbra de averno. Sus personajes aparecen fugazmente, deslastrados del peso material; son lampos en el limbo de la página, espejismos que fosforecen por un instante y luego se esfuman.

Desde su primer libro hasta el último, esta poesía "levitante al mediodía, / translúcida y sin sombra", continúa creciendo en un mismo surco, el suyo, únicamente el suyo. De la inquietud intelectual de este poeta, de sus lecturas y admiración por tantas y tan diversas obras poéticas poco o nada ha quedado en su obra, que se mantiene idéntica a sí misma, impermeable a corrientes y tendencias, a caprichos literarios. Algunas veces me pregunté cuál podría ser el camino posible para la evolución o, eventualmente, el rumbo a seguir de su obra. En el lenguaje náutico, existen dos acepciones del término rumbo: el rumbo a seguir, que puede cambiar varias veces en una sola travesía, y el rumbo verdadero, el del destino final. Y en este ya largo itinerario no encuentro desviaciones: desde un principio esta obra ha seguido su propio rumbo verdadero.

La singularidad de esta obra, que ocupa un lugar aparte en la poesía mexicana, puede dejar perplejo a más de un lector desatento y apresurado. Algunas veces, ciertos textos no parecen alcanzar la complexión y la intensidad que uno espera de un poema, de un organismo con vida propia, autosuficiente. Y me parece que este autor está consciente de ello, que desde un principio —y como principio— se propuso escribir un solo poema, en el que cada uno de los textos es el fragmento de una especie de mosaico y la prolongación de una línea que redondea una mano, un rostro, un cuerpo. En ocasiones, un texto aislado en apariencia es parte del oriente de una perla en continua formación, o partícula de luz difuminada, o nota solitaria de un canto desesperanzado.

En esta poética de la desolación resuena a menudo el canto de un instrumento solo, entreoído en una duermevela, cuya interminable cadencia es cristalina y formalmente imperturbable.


Guillermo Fernández





* Antonio Castañeda nació en la ciudad de México en 1938 y murió en 2000. Fundamentalmente poeta, estudió artes plásticas, composición dramática y letras. Fue editor y director en editoriales independientes y en las colecciones Cuadernos de Estraza, La Rosa Inmaterial y La Flama en el Espejo; fundador y codirector de Juego de Hojas. Su obra ha sido traducida al francés, inglés y portugués. Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 1985 por Relámpagos que vuelven, poemario que se incluye en la compilación Premio de Poesía Aguascalientes 30 años, 1978-1987 (Joaquín Mortiz/Gobierno del Estado de Aguascalientes/INBA, 1997).


Lejos del ardimiento


A Pedro Garfias


Vigilo los escombros...
Es mi mano...
Territorio poblado...
En el recurso...
El derrumbe y el huerto...
Quedar en el rescoldo...
Medito mi silencio...
En mi habitual ocupación...
El agua se derrama...
Las puertas...
Demolición nocturna...
Toda visita...

 


Vigilo los escombros,
pongo lumbre en su tramo,
mido la línea
el estruendo, lo discreto,
lo que es señal
y juego del espanto.




Es mi mano
minuica enardecida
que se apaga.
El canto
apenas atisba.
La herrumbre
transita por el agua.
Mi voz,
entre la hondura,
quiere tocar
las frutas derribadas.




Territorio poblado
por los ciegos,
pozo de la canción
y los ratos humildes.
Todo aquí se demora:
el intento,
las aguas,
el desorden.
Arriba,
un solo griterío
ya maltrecho.




En el recurso
de la sombra,
irrepetibles aves
que pasan durmiendo
entre mis dedos,
desconcertando al día,
que sobre mí,
desmorona su luz
sin entenderlo.




El derrumbe y el huerto
son la casa que guardo.

Cal,
manzana,
agua,
hermano.
Estancia de las cosas que pasan,
de Dios,
ocioso en su retrato.

El quicio que retengo
es ramaje y memoria,
pared,
asombro deshilado.

Mi habitación,
recodo del enjambre,
rumor,
desastre de campana.




Quedar en el rescoldo
con la cara alejada
del asedio.
Sin furia.
En el polvo.
Tocando sin responsos
lo precario
del incendio.




Medito mi silencio
trato que sea menos severo
pero la voz
se me rompe entre la lengua
como follaje abierto
por el viento.

Mudo,
miro astillas de cristales
en el suelo.




En mi habitual ocupación
de estar en el silencio,
aquí,
donde ha quedado
la ceniza derramada
y en donde sólo a veces y sin fuego
se agolpan las palabras,
aquí,
lejos del ardimiento,
recuento los instantes
de la flama.




El agua se derrama
sin dejar en la piedra
las huellas del encuentro.

Los surcos despojados
no saben de mi miedo.
No lo conoce el musgo
ni la mínima sombra
que el clavo de la cruz
da en su silencio.

El agua de las pilas
en vano mojará
todos los dedos.


Para mi hermano Eugenio,
asesinado en nombre del amor


Las puertas

están deshabitadas;
las voces
se van en la vigilia,
quedándose dormidos
en el campo elegido
los que tuvieron siempre
la liviandad del día.

Resguarda
la oquedad la llama en abandono
y sin ruido
se esparce
la mano desmedida.


Demolición nocturna,
estrago,
sumario en tierra
de todo agotamiento,
hilo propagador
del alarido.

Silencio
que, a distancia,
se restaura
y congrega
en el naufragio.




Toda visita
relata los temores,
acrecienta consignas,
remoza cargamentos
para al final decir:
lo más inaccesible
del derrumbe
ha sido de nuevo perturbado.

 


Recopilación tardía
*
Esta demora
es anemia
de óxido y ceniza;
pero al menos así
por un momento
todo se reanuda.


*
Se estableció el silencio
el día en que por descuido
extraviamos
los instrumentos terrestres
de la lluvia.


*
Las naves se congregan
con mínimo retraso
y el desembarco empieza
entre rondas y cánticos
de ancianas fugitivas.


*
Tenemos la encomienda
de recabar fragmentos de agonía
del arcángel feroz
que inmóvil canta
detrás de la ventana.


*
Un insecto que baila
de pronto queda ciego:
su hazaña se acabó
en el crecimiento.


*
Sólo quedó un rumor
como alusión continua
a la sorpresa
que sugirió
el inicio inerme
de su historia.


*
El encuentro se da,
no hay cerradura hostil.

La contraseña,
en la aldaba adormecida,
narrará todos los pormenores
del augurio.


*
Los designios se cumplen así,
inesperadamente.
Sin un sonido previo.
Por eso el hierro y las migajas
son siempre perceptibles,
agobiantes,
como la comunión sumisa que no acaba
o el oficio transitorio
que nos convoca a la vigilia inútil.

Entonces muy pocas cosas se vislumbran.
Tan sólo, algunas veces,
la llama que se agosta
en los retratos sin silueta
del socavón
que en nada nos concierne.


*
Todo fue primordial
en la jaula baldía,
donde sueños de andamios,
canciones y combates
se dieron a menudo.
Ahí se urdió
el acabamiento
que nunca tuvo
un motivo sustentado.


*
En los postigos
y en la fatiga del portón
tantas veces abierto,
se instaló
el alarido quemante
de la pascua.

No hubo santo y seña:
el croquis se hizo polvo
muy cerca
del cristal ahumado.


*
Los salmos graduales irrumpieron
en el momento preciso
del relámpago,
cuando la hoguera dio sosiego
a la región
de la humedad extensa.

Nada contó.
La infamia y la rutina
se hicieron solidarias.


*
De los pasillos
que van al escondrijo
surge lo inevitable:
resonancias y limbos
que nunca se restauran.


*
En esas aulas,
donde se habló
de predicciones y teoremas,
recopilé,
hacia el fin del eclipse,
cantigas tutelares
de futuros suicidas.
 

 



Reencuentro


A Rocío Paz


Con el azoro del hallazgo...
La manzana...
Desvaneciste...
Al estar en consunción...
Emprendo el recorrido...
Los signos del hallazgo...

 


Con el azoro del hallazgo
reencontré la llanura
y los inventos de los ciegos,
el tiempo sin ritual,
la evidencia traducible
de una rama.




La manzana,
al sentirse sitiada
por los días,
manifiesta su forma, su color,
y en esa incandescencia
se derrama.





Desvaneciste
contiendas y congojas
al otorgarme
lo que era inesperado
dentro de los horrores
del despliegue.




Al estar en consunción
y sin auspicios,
afronto las visitaciones
que desatas.




Emprendo el recorrido
con deseos de cubrirte
de imprevistas llamadas
y pequeños tatuajes.

Luego te miro
como estratega exhausto
que cuida de sus anclas
bajo el agua.




Los signos del hallazgo
quedarán inmutables
en la certeza llameante
de la rama.


Enigma personal


Para Claudia


Enigma personal
Primeras impresiones
Invención y búsqueda
Irrupción inesperada
Misterios de la fauna
Kaspar Hauser

 

 


Enigma personal

No llegamos a nada
De muy poco sirvieron
los actos esmerados,
y de menos, de mucho menos,
el repaso inicial
de las nuevas palabras.

Hay que recomenzar.
Sorprendidos, a solas,
cada quien con su enigma personal;
confundidos aún en esos extraños utensilios
que duras penas, y sin pensarlo,
rescatamos un día de la casa tomada.




Primeras impresiones

Facciones caligráficas
de niña alucinada.

Revelaciones.
Conjeturas.
Esperanza.

Mensajes de batallas navales.
Adivinanzas.
Lienzos de caléndulas girantes.
Niña de los herbarios
en ocasiones agredida,
en otras no captada.




Invención y búsqueda

A distancia te invento
sonámbula pequeña en el destierro,
memorial y misterio de la torre,
volante canción transfigurada.

Te busco en las líneas del durazno
y en la luz que interpreto,
con la misma constancia
del alquimista insomne
que desdobla y enciende
las velas de sus barcas.




Irrupción inesperada

Sin convocaciones,
la luz surgió
de aquel desplome en llamas.

Murmullos, resplandores;
riesgos inminentes en alianza.

Poco duró
la irrupción fragmentaria
de vampiros y fantasmas.




Misterios de la fauna

Soles,
nubes,
constelaciones;
nuevos invernaderos
que resguardan calidonias menores,
siemprevivas,
estelarias.

Aves en continuo suspenso,
mariposas absortas,
caracoles que sueñan
un eclipse solar que todo cambia.

Búhos arrepentidos,
laboriosas serpientes,
elefantes y leones en libertad condicionada,
peces con objetivos definidos,
sirenas que deambulan
con la piel y los ojos irisados.

Efímeros jardines,
delineados misterios de la fauna.

En mis manos,
los dibujos de Claudia
me hicieron recordar
que las niñas son flores
en la orilla astronómica de un lago.




Kaspar Hauser

Un hombre sin historia,
de procedencia jamás esclarecida,
que describió su nombre
con plantas y guijarros,
para interpretar después,
pausadamente,
raros sucesos sin preludios ni finales.

Según las reglas de la lógica,
debía ser destruido
con todos sus enigmas.

 



La fruta simple


Ciudad de los hechizos, puerta de las mil puertas,
que a otras mil puertas abren, ojo que así se mira
y al contemplarse incendia lo perdido.
Juan Rejano


(De infamias, prodigios, ausencias y demonios)


Transposición I
Transposición II
Evocaciones
Cartomancia
Reunión del Sabbath
Filtro de amor con la énula campana
El amor implacable
Canción
Advenimiento
El eterno retorno
Visitaciones
La fruta simple
Versus virginis
Levitación
Conjuro para ser pronunciado en el momento
en que surge el amor

 

 

 


Transposición I

Cuando inicies
tu lectura
en las líneas
de mi mano,
sabrás
a ciencia cierta
el final
espantoso
que te aguarda.




Transposición II

En el brillo
más tenue
de tus ojos,
vi resumida
la parte
criminal
de mi pasado.




Evocaciones

Mi historia:
refulgentes hallazgos
y doloridos extravíos.

Visiones provisorias.
Espectros,
espejismos.

Evocación inacabada
de seres
que se han desvanecido
hasta ser impalpables,
por muerte,
por ausencia,
por cambio de costumbres.

Sigo en espera
de las imágenes tangibles.




Cartomancia

Separados y absortos
tres dolientes vigías
deslindan
el contorno revelado
de los naipes.

Tercia fatal
que salió de quebrantos
al revocar
el vaticinio
concluyente de la espada.




Reunión del Sabbath

Al oír
el canto del gallo,
símbolo de luz y vigilancia,
las brujas
se disgregan
hasta fundirse
entristecidas
en los vestigios
apremiantes
de otra noche
que acaba.




Filtro de amor con la énula campana

 

Para mi hija Claudia

Una noche de San Juan,
cuando se inicie
la primera campanada de las doce,
desprende con cuidado
la hoja más pequeña
de esa planta
conocida como énula campana.

Al día siguiente,
en el momento en que se aclaren
los objetos y las nubes,
exponla
a los rayos iniciales del oriente
y déjala secar
hasta que adquiera
un tono parecido al tierra de Venecia.

Redúcela a polvo sin temor,
añade,
con extrema paciencia,
pequeñas cantidades de ámbar gris.

Guarda esta mezcla
en una bolsa diminuta
de seda verde musgo
y llévala
sobre tu corazón por nueve días.

Transcurrido ese lapso,
ve al encuentro de la persona amada,
y sin que ella lo perciba,
pon el filtro
en contacto con su piel.

Los resultados,
esplendentes,
no pueden ser descritos
en todo su detalle.
El surgimiento luminoso,
como un calidoscopio,
siempre difunde
cistinta transparencia.

Baste decir que de inmediato
nacerá un amor irresistible,
seguramente eterno,
hacia aquél que siguió
todos los pasos
con esta planta aislada y prodigiosa,
llamada vulgarmente énula campana.*

* Nota marginal innecesaria.

Es desolador, pero la énula campana planta crepuscular y quebradiza, eficaz propiciadora de eternas realizaciones amorosas, que habitó por elección en lugares solitarios y poco iluminados, jamás volvió a aparecer catalogada en los modernos tratados de botánica, ni a ser mencionada en los recientes manuales de ocultismo. Su naturaleza —se dijo varias veces— en el fondo sensible y vulnerable, no resistió los efectos del letal invernadero de una época caracterizada por inquietantes alteraciones atmosféricas (y también astrales) que datan ya de algunas décadas. De ahí, probablemente, su extinción definitiva y lamentable.
Por otra parte, como el amor desde tiempo atrás dejó de ser motivo de anhelos para el hombre, se formuló otro planteamiento nada aventurado: que la énula campana, al saber perdido el objeto primordial de su existencia, propició sin miramientos su propia muerte repentina.

 


El amor implacable

Está visto y probado:
ni antiguos talismanes,
ni encantamientos
continuados,
podrán borrar
el daño
que los seres queridos
causaron cada día
con su amor implacable.




(La fruta simple)

Canción


De aquel
fantasma
memorable,
tantas veces
invicto, tan sólo
prevalece
un pálido
reflejo
ya distante.




Advenimiento

Para Eugenia


En tus manos,
súbitamente,
se dio el advenimiento
de un pequeño
vampiro de papel.

Sentí un escalofrío
al no ver a mi alcance
ni una cruz,
ni un ramo de ajos,
ni la eficaz
y consabida estaca
que diluye del todo
la presencia
geométrica del mal.


El eterno retorno

Es seguro y cierto que la naturaleza entera
era Agua en el comienzo: que todas las cosas
han nacido por el Agua y por el Agua deben
ser destruidas.

Kirchweger, Aurea Caleña Homeri

Es triste,
niña pluvial de los asombros,
pero ya no estás
en este sitio
donde trazamos cada noche,
sin agobios,
innumerables
diagramas y veletas.

Jamás lo imaginamos,
la adivinación continuada
por el agua,
te llevó desprovista
a la sorpresa,
y ahí,
en el lugar exacto del origen,
recobraste en segundos
tu condición elemental
de transparencia.


Visitaciones

Cada noche
reapareces
con las ovejas
degolladas
al filo
del insomnio.




La fruta simple

No trates
de aprehender
siluetas inasibles;
lo que buscas,
como la fruta simple,
siempre cae
por su propio
encantamiento.




Versus virginis

Enarbola
tus banderas
invictas,
envuélvete
en ellas
y arrójate
cuanto antes
al vacío.
Quien tiene
delirios
de pureza
no merece
mirar
desde lo alto
la luz astral
que cubre
al mundo.




Levitación

Si en otro tiempo
fuiste
mariposa magenta
del infierno,
bruja espectacular
en Salem
o maga invulnerable
de Tesalia,
me tiene sin cuidado.
Lo que sí me horroriza
es verte
levitante al mediodía,
impávida,
translúcida
y sin sombra.




Conjuro para ser pronunciado en el momento
en que surge el amor


No prometas
nada,
nada esperes;
todo es un intercambio
cotidiano y sencillo
de mariposas olvidadas.

 



El binomio de la rosa
 
 

III. Otros desastres


Imposibilidad
En la tierra de nadie
La tierra tiemba
Olvido
Imágenes que vuelven
Secuencia I
Secuencia II
Nos engañaron
A distancia
Recado a mí mismo

 


Imposibilidad

Arde
la casa
y no hay forma
de extinguir
esta feroz
incandescencia.




En la tierra de nadie

No sólo la maldad,
también el abandono
causa serios estragos.
¿No lo crees?
Mira muy cerca,
a tu alrededor
y mide, si es que puedes,
una pequeña parte
del descuido
que cultivas
en la tierra de nadie,
tu anhelada,
la única comarca.




La tierra tiembla

La tierra tiembla
y destruye a los hombres
con el peso infinito
de las piedras,
del hierro, de la nada.

La tierra tiembla
y estremece
la vida secreta de las plantas,
mi casa imaginaria
y los espejos de agua.

La tierra tiembla
y en el cielo no se ven,
ni por asomo,
los signos de piedad
del Dios ocioso
que nunca da la cara.




Olvido

Desde esta torre
se ve la casa devastada.

Hoy, en sus ruinas,
arde la historia
de todos los horrores.




Imágenes que vuelven

En la memoria,
mi casa entre las llamas
la humareda
sin rumbo,
el resplandor
y sus fantasmas.




Secuencia I

Se va la luz,
vienen los sueños
y yo con ellos,
la casa encantada
y sus fantasmas.




Secuencia II

Es el horror,
me digo,
el horror
que viene
con la luz
de no sé
dónde.




Nos engañaron

Fue un engaño,
no llegó la paloma
que traía
una rama de olivo.

Afuera,
implacable,
continúa el diluvio.




A distancia

Abatida,
en el reino,
te percibo
a distancia
como el cántico
de un pájaro
en desgracia.

Recado a mí mismo
 

Tus ojos
son para mirar
la rosa,
no el horror
continuado
de esta jaula.


 
IV. Del corazón y otras estrellas


Tu corazón sigue latiendo,
sirve su cuerda todavía.
Eliseo Diego

...nuestro corazón es más que todas las estrellas.
Yannis Ritsos


Reflexión del vampiro
Cardiografía en movimiento
Todo se acaba
Recordatorio a mí mismo
Otro recordatorio
FEl corazón y las estrellas de Dino Campana Reflejos
Continuidad

 

 


Reflexión del vampiro

La estaca
de todos tan temida
un día clavó
mi corazón
dejándolo con vida,
no sé si
si para bien
o para mal.





Cardiografía en movimiento

En una pantalla de cristal
veo latir mi corazón.
En él contemplo,
con toda claridad
y en blanco y negro,
el trazo accidentado
de una herida reciente;
pero también se ve,
rodeada de colores,
la vida perdurable
de las noches de amor.




Todo se acaba

El corazón
es una estrella
que se esfuma
entre
nubes de violetas.




Recordatorio a mi corazón


Despierta
corazón dormido
que puedes astillarte
o estallar
hoy o mañana.




Otro recordatorio

Late mi corazón,
late y repite:
vive, vive, vive.




El corazón y las esrellas de Dino Campana


Dino Campana, el vagabundo
abandonado a la nada por él mismo,
va dejando el corazón en cada puerta.

Dino Campana,
por la buena locura,
vende estrellas fugaces en las ferias.


Reflejos

Tus ojos reflejan
el fulgor del incendio,
los signos precisos
del estruendo,
el juego mortal
que a ciegas
inventamos
en la infancia.




Continuidad

No se extinguió
la estrella.
Disgregada
en polvo astral,
arde allá
en el infinito.