Ciudad prohibida

Fragmentos

 

No sé cuál es ahora el nombre de los hijos que parí. En mi memoria sólo el vértigo de arrullarte. Sol en mis pechos.

Aún guardas mis prendas exquisistas en percheros de blancas astas —ciervos de tu primera cacería—

De mi vida anterior
sólo recuerdo cuando mi arado tropezó
con la piedra ritual que veneré estremecida.

Premonición.
Cambiaron mis humildes faenas
por la tarea de ser tu ama de cría.

* * *

Las mujeres más jóvenes
las mujeres más viejas
no tienen tu sabiduría
ni tu elixir.
Unas perfuman mi lecho.
otras perfumarán mi féretro.
Tú, en cambio, llenas galerías.
Conmigo resplandeces
cuando me aplico en las artes marciales,
cuando estudio las leyes divinas,
cuando alzo mi copa y escucho canciones
de amor profano.

* * *

Nodriza enloquecida
que ha perdido su crianza.
Varón que no parí
pero durmió en mi seno
hasta la pubertad.
Llevo el destierro
hundido en mis costados.
Hoy nadie creería
al verme una mendiga
que amamanté al joven príncipe
como a un cervatillo.

***

Voy traspiés, dando traspiés
alrededor de la ciudad prohibida.
Mientras tú, en el último balcón,
lloras también por mí.
Sé que tus lágrimas se habrán secado
antes de que traspase
la puerta del tambor batiente.
Que mi exilio de ti
que tu exilio de mí
es definitivo.
Olvidé mis caminos más viejos,
no hay rencor.
Repaso en mi mente las cartografías
con que te ilustraban los sabios
en busca de un lugar que me dé sombra