Nota introductoria

René Émile Char nació el 14 de junio de 1907. El 19 de febrero de 1988, muere. Entre estas dos fechas, poemas, algunas mil páginas en La Pléiade. Cierran su vida de poeta estas palabras: “La presente edición de la obra de René Char debe ser considerada como una versión definitiva”, 1991.

Char escribió: “En el horizonte de la escritura: la incertidumbre, y el impulso de una energía vencedora”. También escribió: “La poesía, insólita y quinto elemento, siembra sus planetas en el cielo interior del hombre”. Y a André Breton, “Mon Cher André”, le dice, en una carta: “No soy yo quien ha simplificado las cosas, las cosas horribles me han vuelto simple, más capaz de confiar en algunos, en el fondo de quienes subsisten, tenaces, los fuegos moribundos de la búsqueda y de la dignidad humana”. Era el año de 1947, después de la ocupación alemana, recién terminada la Segunda Guerra Mundial.

“La poesía ha procedido de la misma manera que el hombre de la prehistoria, quien se apasionó por el fuego en el que vio un beneficio y no un peligro”, le dijo René Char, en una entrevista de 1980, a France Huser.

En 1937, para la revista Cahiers G.L.M., Char hace una encuesta sobre La Poesía Indispensable, y propone una pregunta que contestaron Jean Arp, Albert Béguin, Maurice Blanchard, André Breton, Robert Desnos, Paul Éluard, Pierre Jean Jouve, André Masson, Benjamin Péret... La pregunta era: “Contra todo intento de anexión, de estabilización, de estima limitada de la Poesía, elija veinte poemas, sin restricción de país ni de época, en los que usted haya reconocido LO INDISPENSABLE que exige de usted no la eternidad de su tiempo sino la travesía de su vida”.

Char pensaba, en algún momento de su existencia, que la poesía era: “El ardor, el color, el dolor”. Y que: “La poesía no se deja atrapar. Cuando ella nos quiere, es esencialmente indescriptible: ʻTómame, pero no lo conseguirásʼ”. Porque, quizás porque: “Las palabras son manantiales vivientes semejantes a los delfines que emiten entre ellos sonidos, y deben comprenderse”. Justamente lo que él declara preferir en la poesía: “Me gusta una música un tanto lejana, no gloriosa”.

Supongo que ya se entendió que para mí no vale la pena detenerme en las peripecias de la vida de René Char. Ni de ningún otro poeta. Las enciclopedias se encargan de esa especie de nota roja y página de sociales. Dejemos vivir su vida, privada o no, al poeta. No le pidamos sino su poesía: peras de un olmo del país de Jauja.

 


Dante Medina