4. Poemas varios, varios poemas
 
 

El amor


Ser
El primero en llegar.



Dentellada
 

Bañista olvídame en el mar
Que delira y calma la multitud.



El oráculo del gran naranjo

El hombre que lleva la evidencia en sus hombros
Conserva el recuerdo de las olas en los depósitos de sal.




El profesor despedido
 

Tres personajes de una banalidad comprobada se interpelan con pretextos poéticos diversos (deme lumbre, qué horas tiene, se lo ruego, a cuántas leguas la ciudad más cercana) en un paisaje indiferente y entablan una conversación de la que no nos llegarán jamás los sonidos. Frente a nosotros, el campo de diez hectáreas que yo cultivo, la sangre secreta y la piedra catastrófica. A ustedes no les dejo pensar nada.




Los observadores y los soñadores

Antes de reunirse con los nómadas
Los seductores encienden las columnas de petróleo
Para dramatizar sus cosechas

Mañana empezarán los trabajos poéticos
Precedidos del ciclo de la muerte voluntaria
El reino de la obscuridad ha hundido la razón el
    diamante en la mina

Madres enamoradas de los mecenas del último suspiro
Madres excesivas
Siempre cavando el corazón macizo
Sobre ustedes pasará indefinidamente el calosfrío de
    helechos de los muslos de bálsamo
Las conquistarán
Se acostarán

Solos en las ventanas de los ríos
Los grandes rostros iluminados
Sueñan que nada es perecedero
En su paisaje carnívoro. 



Todos compañeros de cama

Todos compañeros de cama florecientes en el sueño de
    hoy fraternal
Sobre él descansan y vigilan sus herramientas
    infranqueables conquistas sobre la pereza y la hazaña
       del trabajo
Tiempos vomitados ellos se desplazaban dóciles a los
    puestos de avance de la nada temiendo el sórdido
       entorno
Proveedores de oro aunque apenas menos endebles que
    una mota de grama en una hectárea sin cultivar
Abrazan este presente digno de ellos
Que les corta un futuro de señores
La aventura del descanso ya no está marcada por
    sudores de las irresistibles golosinas de basura
Ya no cruzan ellos la pendiente filosa de la falsa aurora
    cubierta de fósiles celestes y de alforjas de lágrimas
Donde fatalmente el amor se transmutaba en lodo y la
    esperanza en carga
Cabeza de cordero sangrante el corazón había perdido
    toda su lana
Y de horror en horror llega la belleza popular a los
    relojes inocentes
Así tardaba en subir por los pliegues de gavilán el plomo
    inexplicablemente enamorado del conocimiento de
       sus presas

Visión del desvío significada en el sencillo
    encadenamiento que embarrica la injuria para
      proteger su crecimiento insoportable
La pútrida la azur la sanguinaria mordida en las caderas
   amante de los frenos
Nosotros consagramos un zarzal carnívoro al aderezo
   de su pequeñez atractiva
A cada quien su calor y el sol para todos gastado o
   sucios
La brasa se mantiene erecta cuando las babosas se
   empeñan en las flamas
Odio te partiremos la roca antes de caer de rodillas
Queridos acostados que trajeron la sangre prestigiosa
   hasta las alturas donde ya casi no se ven verduras
Ustedes retomarán pronto en el estuche de sus leyes el
   lugar caliente que nosotros ocupamos un instante
Mejor
Ustedes nos impondrán la prohibición ustedes
   maltratarán nuestros rostros hieráticos
Es exacto el oasis empieza a brillar más allá de la
   degollación del mar vegetante guiñapo teatral
Nuestra lengua común en la eternidad bajo el techo
   guardián de nuestras luchas es el sueño ese esperanto
      de la razón
Nosotros no toleramos ser interrumpidos por la fiereza
   farsante de una voz
Nosotros no nos declararemos vencidos cuando en el
   hombre de pie el mal flota y el bien naufraga




Leónides
    ¿Eres tú mi mujer? ¿Mi mujer hecha para llegar al encuentro del presente? La hipnosis del fénix ambiciona tu juventud. La piedra de las horas lo vistió con su hiedra.

     ¿Eres tú mi mujer? El año del viento donde guerrea una vieja nube hace nacer la rosa, la rosa de la violencia.

      Mi mujer hecha para llegar al encuentro del presente.

     El combate se va dejándonos un corazón de abeja sobre nuestras tierras, la sombra despierta, el pan ingenuo. La velada avanza lentamente hacia la inmunidad de la Fiesta.

     Mi mujer hecha para llegar al encuentro del presente.



El rostro nupcial
 

Ahora desaparece mi cortejo, de pie en la distancia;
La dulzura del número acaba de destruirse.
Adiós a ustedes, mis aliados, mis violentos, mis
    indicios.
Todo se los lleva, tristeza obsequiosa.
Amo.

El agua es pesada a un día del venero.
La parcela bermeja franquea sus lentas ramas a tu
    frente, dimensión tranquilizada.
Y yo semejante a ti,
Con la paja florecida al borde del cielo gritando tu
    nombre,
Destruyo los vestigios,
Herido, sano de claridad.

Cinturón de vapor, multitud suavizada, divididores
    del temor, toquen mi renacimiento.
Pared de mi duración, renuncio a la ayuda de mi
    amplitud venial;
Yo lleno de árboles el expediente de mi morada;
    entorpezco el primor de las supervivencias.
Quemándome de soledad rural,
Evoco el nado en la sombra de su Presencia.

El cuerpo desierto, hostil a mezclarse, ayer, se había
    vuelto hablante negro.
Ocaso, no te maravilles, cae tu maza de congojas, agrio
    sueño.
El escote disminuye los huesos de tu exilio, de tu
    esgrima;
Tú vuelves fresco el servilismo que se devora la espalda;
Rocío de la noche, detén esa carreta lúgubre
De voz vidriosa, de partidas lapidadas.
Pronto sustraído al flujo de las lesiones inventivas
(El pico del águila lanza alto la sangre abierta)
Sobre un destino presente yo llevé mis franquezas
Hacia el azur multiválvula,* la disidencia granítica.
¡Oh bóveda de efusión sobre la corona de su vientre,
Murmullo de dote negra!
¡Oh movimiento agotado de su dicción!
Natividad, guía a los insumisos, que descubran su base,
La almendra creíble del mañana nuevo.
La noche ha cerrado su llaga de corsario donde viajaban
    los cohetes vagos entre el miedo sostenido de los
       perros.
En el pasado las huellas de duelo sobre tu rostro.

Vidrio inextinguible: mi aliento ya aflorando la amistad
    de tu herida,
Armaba tu realeza desapercibida.
Labios de neblina descendió nuestro placer de umbral
    de duna, de techo de acero.
La consciencia aumentaba el atavío estremecedora de
    tu permanencia;
La sencillez fiel se extendió a todas partes.

Franquicia de la divisa matinal, muerta-estación de la
    estrella precoz,
Yo corro hasta el final de mi cúpula, coliseo sepultado.
Basta de besar las crines núbiles de los cereales:
La cardadora, la obstinada, nuestros confines la
    someten.
Basta de maldecir la bahía de los simulacros nupciales:
Toco el fondo de un retorno compacto.

Riachuelos, soplo de los muertos cavernosos,
Ustedes que siguen el cielo árido,
Mezclen sus pasos a las tormentas de quien supo sanar
    de la deserción,
Dando contra sus estudios salubres.
En el seno del techo el pan sofoca para llevar corazón
    y luz.
Toma, Mente mía, la flor de mi mano penetrable,
Siente el despertar de la obscura plantación.

Yo no veré tus costados, esas parvadas de hambre,
    secarse, llenarse de zarzas;
Yo no veré la langosta sucederte en tu invernadero;
Yo no veré a los paseantes inquietar el día que nace;
Yo no veré la raza de nuestra libertad servilmente
    bastarse.

Quimeras, hemos subido al altiplano.
El sílex tiembla bajo los sarmientos del espacio;
La palabra, cansada de derrotar, bebía en el
    embarcadero angélico.
Ninguna salvaje sobrevivencia:
El horizonte de los caminos hasta donde nace el rocío,
El íntimo desenlace de lo irreparable.

He aquí la arena muerta, he aquí el cuerpo salvado:
La Mujer respira, el Hombre está de pie.


Hojas de hipnos

1
    En la medida de lo posible, enseña a ser eficaz, para el objetivo por alcanzar pero no más allá. Más allá es humo. Donde hay humo hay cambio.

5
    No pertenecemos a nadie sino al punto luminoso de esta lámpara desconocida por nosotros, inaccesible a nosotros que mantiene despierta la valentía y el silencio.

12
    Lo que me ha traído al mundo y lo que de él me expulsará, no interviene sino en los momentos en que soy demasiado débil para resistírmele. Anciana cuando yo nací. Joven desconocida cuando moriré.
    La única y la misma Pasante.

15
    Los niños se aburren el domingo. Passereau propone una semana de veinticuatro días para descuartizar el domingo. O una hora de domingo que se agregue a cada día, de preferencia, la hora de las comidas, porque ya no hay pan seco.
    Pero que ya no le hablen del domingo.

28
    Hay un tipo de hombre siempre adelante de sus excrementos.

31
    Escribo brevemente. No puedo siquiera ausentarme mucho tiempo. Extenderse llevaría a la obsesión. La adoración de los pastores ya no es útil al planeta.

34
    Cásate y no te cases con tu casa.

35
    Ustedes serán una parte del sabor del fruto.

44
    Amigos, la nieve espera la nieve para un trabajo simple y puro, en el límite del aire y de la tierra.

46
    El acto es virgen, incluso repetido.

81
    La aquiescencia ilumina el rostro. El rechazo lo embellece.

117
    Claude me dice: “Las mujeres son las reinas del absurdo. Entre más se compromete un hombre con ellas, más complican ellas este compromiso. Desde el día en que me volví ʻpartisanoʼ, no he vuelto a ser desdichado ni a estar decepcionado...”
    Ya habrá tiempo para enseñarle a Claude que uno no esculpe su vida sin cortarse.

131
    A todas las comidas comunes, invitábamos a la libertad a sentarse con nosotros. El lugar continúa vacío pero el cubierto continúa puesto.

184
    Curar el pan. Sentar a la mesa el vino.

224
    Hace tiempo, en el momento de ir a la cama, la idea de una muerte temporal durante el sueño me tranquilizaba; hoy en día, me duermo para vivir algunas horas.


 


Los encajes de Montmirail
[Fragmentos]

 

    Parece ser el cielo el que tiene la última palabra. Pero la pronuncia en voz tan baja que nadie lo oye nunca.

    Sólo tenemos un recurso con la muerte: hacer arte antes que ella.

 


Contravenir


    Obedezcan ustedes a sus cerdos que existen. Yo me someto a mis dioses que no existen.

    Seguiremos siendo inclementes.

 


Hambre roja


Estabas loca.

¡Hace tanto tiempo!

Te moriste, un dedo frente a la boca,
En un movimiento noble,
Para cortar de tajo la efusión;
En el sol frío de un verde reparto.

Eras tan bella que nadie se dio cuenta de tu muerte.
Más tarde, de noche, te pusiste en camino conmigo.

Desnudez sin desconfianza,
Senos podridos por tu corazón.

A sus anchas en este mundo ocurrente,
Un hombre que te había estrechado en sus brazos,
Vino a la mesa.

Sé bien, tú no eres.


Juramento


    En las calles de la ciudad está mi amor. Poco importa a dónde va en el tiempo dividido. Ya no es mi amor, cualquiera puede hablarle. Ya no se acuerda; ¿quién pues la amará?

    Busca a su semejante en el deseo de las miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad. Dibuja la esperanza y ligera la despide. Es preponderante sin comprometerse.

    Yo vivo en el fondo de él como una chatarra feliz. Sin que él lo sepa, mi soledad es su tesoro. En el gran meridiano donde se inscribe su impulso, mi libertad lo ahonda.

    En las calles de la ciudad está mi amor. Poco importa a dónde va en el tiempo dividido. Ya no es mi amor, cualquiera puede hablarle. Ya no se acuerda; ¿quién pues la amó y lo ilumina de lejos para que no caiga?

 


Cepa

 

    El despertar al cambio, la conquista, la promesa, la represión. La aventura fue de punta a punta dolorosa, masa iluminada lunarmente. ¡Cómo vivir después de eso!

    Al escalofrío de la corteza terrestre, hombres y mujeres exangües sucedían.

    Los esclavos tienen necesidad de esclavos para exhibir la autoridad de los tiranos.

 


París sin salida 


Calle de Sèvres
Una puerta de garage antes de la tienda Le Tournis,
Mediodía, y el verano
Sobre el asfalto suspende todos los impulsos.
Una joven mujer,
La línea de sombra de su falda desnuda
Es cómplice de su cuerpo encantador,
Persigue un sueño despierto,
Sentada en la piedra misma del umbral.
Yo la llamo
Lectora de las doce adormideras blancas,
Meridiana,
Aunque todavía tenga los ojos muy abiertos
Y los dedos simétricos
Mientras hojea su libro ausente,
Permanece, la pierdo.

Sin tardanza, en la siguiente calle
Sílaba de eco, amante precipitada.

 


Canción de los pisos

   

Es de día con la reina.
Es de noche junto al rey.
Ya canta la reina.
Apenas duerme el rey.

Las sombras que lo encadenan,
Una a una, las ve él.
La mirada de la reina
En ellas no se detiene.

El destino que las lleva,
Y que hace temblar al rey,
No turba un punto a la reina.
Allá abajo brilla el mar,
Y, al ritmo de sus venas,
Aquella que fue a quemar,
Ola de mismas arenas.
Oh las jornadas serenas,
¡ustedes no son del rey!

El recuerdo de un roble
Sobre su frente de preocupación
Pone clara mancha noble.
Fue en otra vida
Donde despertó la reina
Contra el corazón del rey.

Ah, cierra tu palacio
O sube por sus pisos
Tímido soberano.
Comprenderás por qué
Sobre una roca salvaje

La reina apoya su seno.

Entenderás por qué
Y te consolarás.

 


Los inventores

 

Llegaron, los habitantes del bosque de la otra ladera,
    los desconocidos para nosotros, los rebeldes a
       nuestras costumbres.
Llegaron y eran muchos.
Su grupo apareció en la línea que divide los cedros
Del campo de la vieja cosecha ahora irrigado y verde.
La larga caminata los había agitado.
Sus gorras ajustadas sobre sus ojos y sus pies bruñidos
    se posaban en el baldío.
Nos vieron y se detuvieron.
Aparentemente no esperaban encontrarnos ahí,
Sobre tierras fáciles y surcos bien cerrados,
Completamente despreocupados de una audiencia.
Levantamos la frente y los animamos.

El más elocuente se acercó, después otro igualmente
    desarraigado y lento.
Venimos, dijeron, a prevenirlos de la llegada
    inminente del huracán, su implacable adversario.
Tal como ustedes, nosotros tampoco lo conocemos
Más que por las relaciones y las confidencias de los
    ancestros.
¿Pero por qué estamos incomprensiblemente felices
    frente a ustedes y repentinamente como niños?

Les dijimos gracias y los despedimos.
Pero antes bebieron, y sus manos temblaban, y sus
    ojos reían en las comisuras.
Hombres de árboles y de golpes, capaces de hacer
    frente a cualquier terror, pero inaptos a conducir
       el agua, a alinear las construcciones, a cubrirlas
         de colores agradables,
Ignoran el jardín del invierno y la economía de la
    alegría.

Cierto, pudimos haberlos convencido y conquistado,
Pues la angustia del huracán es emotiva.
Sí, el huracán iba a venir pronto;
¿Pero valía la pena que hablásemos de él y que
    molestásemos el porvenir?
Ahí en donde estamos nosotros, no hay ningún temor
    urgente.

 


De 1943


Has gozado bastante de nuestras almas,
¡Oh viejo sueño de la putrefacción!

Desde entonces,
Luna tras día,
Viento tras noche,
Ligeros o fuertes,
Te esperaremos.

 

* El verso en lengua francesa se lee: Vers l’azur multivalve, la granitique dissidence. En la entrada para “azur” del diccionario de la Real Academia Española se designa lo “dicho de un color heráldico: Que en pintura se representa con el azul oscuro, y en el grabado, por medio de líneas horizontales muy espesas”. Debido a que la traducción de l’azur es “arriba”, en relación con el término “multiválvula” el verso puede también ser interpretado como se anota enseguida: “Hacia arriba multiválvula, la granítica disidencia”, probablemente en relación con el órgano cardiaco. (N. del E