Henry James

De la vieja mansión donde imperan los buenos modales
sólo nos queda esta historia.
Más allá de la sugerencia flota un aire obsceno
y el amable caballero gritará por fin
al comprobar cómo a pesar de sus esfuerzos
el crimen sí se había llevado a cabo.
Igual a un par de guantes
que nadie, al parecer, reclama
—la prueba, para llamarla de algún modo—
el pasado sigue siendo real, odioso e inalterable.
Pero la dama que sonríe,
prolongando una última luz sobre tan vasto jardín,
nos permitirá comprender hasta qué punto
también nosotros estábamos terriblemente equivocados.