Notas para un frustrado homenaje a Pessoa

Supongo que Lisboa se parece a Bogotá.
Con gabardina y paraguas
los contabilistas almuerzan rápido
y alargan el periódico hasta las dos.
Hay demasiada gente
y curas y políticos, por todas partes.
Una ciudad conservadora
donde la pobreza se vuelve mutismo
y un insulto, al pasar.
La única alegría: evadirse, quizá,
llenando crucigramas.