De profundis

Una mies ya segada bajo una lluvia negra.
Un árbol color café que se yergue solo.
Un viento susurrante que rodea chozas vacías.
Cuan triste es esta tarde.

Cerca de la aldea
Una tierna huérfana junta restos de espigas.
Sus ojos se agrandan, redondos, dorados al anochecer,
Y su regazo aguarda al novio celestial.

Camino a casa
Los pastores hallaron su dulce cuerpo
Pudriéndose entre los matorrales.

Soy una sombra lejos de oscuras aldeas.
He bebido el silencio de Dios
En un manantial de bosque.
Un frío metal huella mi frente.
Las arañas van tras mi corazón.
Una luz se apaga en mi boca.

De noche me hallaba en un brezal,
Tieso de mugre y polvo de estrellas.
Entre las hojas de avellana
Los ángeles de cristal seguían sonando.