De Memorial* (1977)


Nuevo mundo
Isla
Lo de entonces
As if
Recuento [selección]
El enemigo
Historia
Imagen
Aproximaciones [selección]





Nuevo mundo
 

1

He quemado las fórmulas. Dejé de hacer exorcismos. Lejos, lejos queda el antiguo poder, mi legado.
Hálito de fogata en mis narices, mi idioma desintegrado, la sombra todavía húmeda de un sortilegio.
Como vena de agua en la oscuridad otra vida avanza.
Todo el arrasamiento ha sido para desplazarme, para vivir en otra articulación.


2

Papeles del amanecer. Siempre hablan de la patria adoptiva, la que me han dado. Hojas amontonadas como para una ceremonia.
Sacrificio a un dios de ébano.


3

Esas escrituras invariables.

Siempre regreso al mismo idioma. Un cuero embrujado de animal. Inatrapable, pero presente como la vida de un antepasado.

Tejido sobre el tejido, la lengua muerta del amor, fuego que me ha hecho adicto de un culto insinuante.


4

El amanecer no me devuelve el amuleto perdido. Desde una playa un anciano hace señales. Trato de regresar a los pozos, pero no sé el camino.


5

Entra mi sombra.
Trae una serpiente, un búfalo, una mujer, una casa, un muelle.
Intoxicación de cobres salvajes.
Avanza, avanza.
Droga.

Se apodera de lo que miro.
Va marcando aquí y allá, todo.
Luego huye para unirse a un animal.

Se pierde entre las hojas como un ave.


6

Memoria que sale a buscar cosas huidizas. Posesiones que pertenecen menos a su dueño que al aire. Eso que un cofre de madera quiere proteger no nació para las palabras. Sólo yo me empeño en quitárselo a los ojos.

¿Qué lengua traerá los tesoros sin tocarlos?
Al fondo un rey enfermo me ve partir.
Yo le entrego un estuche con un rubí ansioso.


7

Voy, abriéndome paso por entre la aspereza, al lugar donde está guardado mi retrato futuro.


8

Un fuego remoto me sostiene. De su aura roja tomo mis préstamos.
Pasadizo hacia la incandescencia, no admites plazos.


9

Orgía vegetal.
Una mujer desnuda se acuesta bajo la lluvia.

Texturas donde una ausencia se mira.

Caverna olorosa, condúceme.


10

Légamos jamás recuperados.

De repente, un roce. El universo de la piel. El hilo extraviado en el viaje.
Estoy bañado por lo que vive, por lo que muere
Cada día es el primer día, cada noche la primera noche,
y yo, yo también soy el primer habitante

Isla
 
Sigue en las mismas playas de donde vino.
Vive en una ciudad de madera que levanta su olor acre como un puñal.
Es allí donde habita, afantasmado, virtual, amante. Donde habla solo en una lengua extraña. Donde está más cerca de su cuerpo.
Todavía se asoma por una ventana a ver la tarde primitiva. Se mueve frente a una vegetación espectral. Lleva el tesoro de Raleigh, un rostro de mujer y cierta fragancia bárbara de sol que duerme entre hojas.

Lo de entonces
 
Siempre el mar, siempre el mar. Regresando entre las manos de mi padre, los brazos de Gloria, con cicatrices, los planes. La frente en su gran esponja, un nácar absoluto para barrer todo el dolor. Tarde veteada por vuelos, llena de brillos cegadores, bebida en limonadas, y la imagen de una mujer de otra parte, alguien con quien se proyectó lo definitivo, el espectro de la vida en común. Tendremos en el cuarto una ventana hacia un jardín y tú serás extranjera y yo me habré olvidado de mí mismo.

As if
 
Es como si amáramos. Es como si sintiésemos. Es como si viviéramos.

Esto fatiga. Hasta se ansía un error. Puede que al equivocarse los actores rocen la verdad.

Recuento
[Selección]
 

I


[1]

Fuego erigido por nuestras manos que habían conocido el largo invierno de los círculos.

*  *  *

Antes, sólo tocábamos días sabidos, toda primera vez llevaba un peso que no era suyo.

*  *  *

Hay una isla que sólo ven los ojos nuevos.

*  *  *

Tenías que retomar el hilo oscuro; sentías como una necesidad de devolverte.

*  *  *

De esta aridez responde el huésped que me solicita para su noche.

*  *  *

Te alimentas de tu inútil gestión, luz bastante para no ser derribado, pero insuficiente para existir.

*  *  *

A trasluz de tu silencio la cárcel cesa.

*  *  *

Un día, de tanto verte, te vi.

*  *  *

Esto te debo: haber restablecido el instante en mis ojos. Júbilo que no puede morir porque no tiene nombre.

*  *  *

Como el salto de la luz en una hoja

*  *  *

El extraviado sólo quiere ojos limpios, espejos simples para vivir.

*  *  *

La fuente nunca titubeó: éramos nosotros los que le dábamos la espalda.

*  *  *

Resplandor que se desprende sólo para manos vacías.

*  *  *

¿Dónde estabas tú a mi lado?

*  *  *

No dilapidaré tu imagen en el raso donde bebí tantas veces un sordo anís de aplazado.


[2]

Al amanecer devuelta como un pensamiento.
No es mía la luz que te recobra.

Yo sólo me pliego a lo que ocurre.

Hace tiempo mis manos dejaron de obedecerme.
Hace tiempo trabajo para alguien que no conozco.


[4]

Para ti el aprendizaje,
para ti la soledad convertida,
para ti el espacio ganado a la noche,
para ti el instante, la voz trocada,
el asentimiento,

para ti el último centro del fruto, lo irreductible,
para ti lo que el miedo no puede rozar,
para ti cuanto escapa a las venas del tiempo,

para ti el caudal de los días que se bastan,
el acopio húmedo, la labor de aprender a ser nadie.

No hay secreto.


[6]

Cada encuentro nos protege de la memoria. Entre nosotros ningún momento es rey. Todos nacen, resuenan y desaparecen. Eres tú la que le dice a la inmovilidad: detente. Escoges el mejor vino, el que transporta la intensidad, el vino de los atentos.


[7]

Así tu mano que me despeja, disipa también toda seguridad. Regreso a mi vértice helado. Mi rostro se torna intranquilo, de líneas avivadas. No manejo el hombre en que me conviertes. Aún ayer yo era su dueño, y ya empiezo a vivir para sus razones, a volverme caudal de sus ojos, a obedecerle en su desarmada tarea.


[8]

Los años se habían vuelto abismo, abismo que tienta las frentes insolubles, aplazantes, malversadoras.
Tú llegas, y con brazos seguros te adueñas, más allá del escrúpulo, enemigo de las fuentes, ciegas el fantasma, rompes.


[9]

De la insidiosa hojarasca emerge tu rostro.
Guirnaldas para ti que regresas desnuda de lo que me quité.
Mujer, la más despojada. Ardiente exactitud.



II


[1]

Me recorro.
Soy mi propio rehén.
Me doblo, crudo, mal avenido, tirante.

¿Qué puedo encontrar sino mi propio rostro?


[2]

Observo las complicadas maniobras de los perseguidores. Han intrincado el camino para que yo me odie. Cría sórdida del sobresalto. ¿Qué puedo oponerles? Mis guardianes sólo me dejaron palabras.

El enemigo
 
De pronto aparece en la puerta, como tallado, el acreedor. Viene en busca de su salario. Tiende su mano izquierda desde la entrada, inmóvil. Los dos nos miramos sin comprender.

Se insinúa con sigilo o irrumpe sin avisar.
Reconozco que estoy condenado a hacerle el juego. Si ambos fuésemos reales no nos desgastaríamos en esta persecución, pero nuestra servidumbre es la misma: somos personajes. Nos acompaña el miedo.

Mi costumbre es tomar su bando. Le permito que hable por mí.
Me convierte en plato de su odio.
Soy su aliado.
Sí, me usa, me usa para sus fines, que también se vuelven contra él. La fuente que lo envenena rebosa con jirones míos, suyos. Nos confundimos, nos entretejemos, nos intrincamos, sin querer. Hasta nos perdemos de vista, y ya no sabemos quién es el que persigue.

Tengo que contrarrestar, con otra voz, sus cargos, pero casi siempre estoy de su parte.
¿Cuándo tuvo lugar este desplazamiento? Son pocos los días en que el enemigo no ha contado con mi apoyo. Nunca en realidad he sido contrapeso para sus demandas. Me consta, me consta en mi carne. Siempre firmé sus acusaciones, sus ataques sorpresivos, sus listas de agravios. Siempre contó con el respaldo que yo necesitaba para mi tarea. Sí, siempre a mi acusador lo encontré más eficaz, y a su casuística atroz sólo podía oponerle unos ojos inmóviles.

Historia
 
Abro la ventana y veo un ejército que recoge sus víctimas. Espectros que llevan en sus brazos espectros, y adonde camino descubro sus bocas. La penuria de sus trajes no es nada frente a la de sus ojos, y al pus del heroísmo, ¿qué decir de todo eso? Cuerpos transparentes al sol, con tejido de fantasmas. Si olvido, aún sé que siguen recogiendo víctimas —apenas comienzan— y no hay fin, durará hasta la noche y todas las noches y mañana y pasado mañana y después y siempre. Dentro de dos, cinco, nueve, cincuenta, doscientos años abriré nuevamente la ventana y la escena no habrá variado. Los espectros serán los mismos otros, pero ella no se alterará, no habrá modificación, una corrección de última hora.

Imagen
 
Irás
de una tergiversación
a otra

en lenguas

(la costumbre
es tomar la medida
con éste o aquel metro
y echar el fallo)
pero a ti,
entero,
sólo te conoce
el vacío.

Aproximaciones
[Selección]
 

[1]

(Rifiuto)

Me aparté
(simplificando dédalos
en un no)
pero ahora el rechazo
tiene una ardiente lucidez:
es el único camino.

[2]

Vives piel adentro.
Ignoras
que ser
significa: alcanzable.

[3]

Crece
el deseo de ver tu rostro,

tu rostro sin mí.

[4]

Sigo la ilación
extraña
de la vida.
Llama que vuelve novedad
lo que toca.
Como mano de niño.

[7]

Mi vida
aprende
a no pedir nada.

[8]

Te llamarán a la plaza de la tergiversación.

Desoye todas las voces.
Vive con la quemante lógica.
Vuelve a donde todavía no empiezas.

Como un llameante espacio que se desocupa siempre.
En el temblor de ser sólo vida vacante.

[9]

Soy esta vigilancia.

Soy esta vacilante disponibilidad.