Emy, la mujer de la vida alegre

Mi primer marinero tatuado se llamaba Villy,
Él me mostraba tres puntos en su pulgar—
Fe, Esperanza y Caridad— él me embarazó.
Desde entonces he mantenido yo sola a la criatura.
Algunos coleccionan timbres.
Yo colecciono aventuras.
He hecho el amor con un tipo que tenía a Eva y la serpiente
alrededor de su cintura,
Uno con un velero de tres mástiles en el pecho,
Uno con los versos del salmo navideño Noche de Paz,
Uno con God Save the King y dragones luchando a sus
    espaldas,
Uno con una bruja en el brazo, agachada sobre su caldero.
Uno con un macho cabrío que embestía en un corral
y Rest in Peace, my dear Mother sobre el estómago,
Hice el amor con un tipo que tenía tatuado en el pie derecho
“estoy cansado” y en el izquierdo “yo también”.
Y él mismo era sus pies —¡Ay, ay, ay!
Un español se había tatuado alas de ángel,
pero no le sentaban, pues era un verdadero demonio.
Uno tenía varias jugadas de bridge en el pecho
uno tenía un pavorreal y otro un tablero de ajedrez
    en la espalda
un tercero tenía cuatro papagallos y dos golondrinas,
uno tenía su tipo de sangre escrito en la axila derecha
y en la izquierda una telaraña
con un hilo hasta el ombligo
desde donde me miraba embobada la araña.
Uno tenía serpientes venenosamente verdes alrededor
    del cuello y
la “Gran Caza de Zorros” en su espalda.
Sobre mí se han tendido las runas, pinturas rupestres y
tumbas de marinos,
el Padre Nuestro en inglés, un gran guerrero apache,
un rústico isleño con barajas en los bíceps.
Muchos con banderas, cuchillos, calaveras, Jesucristos
    en la cruz,
corazones flechados, rosas, aves, anclas y nombres
    de muchachas.
No menos de veintinueve lucieron sobre la piel
Emmy —my true love como homenaje eterno.
Yo sólo tengo un nombre tatuado en mi cuerpo,
Laila —mi camarada. Y ella tiene el mío.