El rebelde de nuestra sangre roja

Poseídos por una extraña canción llegada desde más allá
    del horizonte,
con tantas ganas de aventura como Simbad el Marino,
con tanta sed de conocimientos como Cristóbal Colón,
los intrépidos traspasan la barrera del sonido en el aire.

Ser y desarrollarse, morir y ser aniquilado por el sol
sin el pensamiento electrónico de un robot,
sin el descorazonado tiempo de los diablos mecanizados
ahogándose en el silencio poslúdico de las flautas de Pan.

Que el sol combata la muerte radiactiva
cantando la gran canción de la materia desde las estrellas,
aunque nuestra carroza solar gire por zonas de peligro
donde todos juegan con lumbre.

Crecer y marchitarse como hierba bajo el gran ojo de Dios
con tan claro brillo estelar como en la luz de la eternidad,
con tanto temor a la oscuridad como en la hondura del alma
    del pueblo,
unirse con el rebelde en nuestra sangre roja.