Alameda

 

Contra las invisibles estrellas
—su memoria como
una fresca vía de la noche—,
contra su luz aniquilada,
la falsa, brillante
red de lumbres
prendida de los muros altísimos.
Cabría equivocarse como en sueños.
De pronto,
saliendo del esplendor oscuro del jardín,
casi a tus pies,
corrió la rata fría,
real,
más nítida que el hoy,
duramente borroso.