No llores vanamente tu fortuna

 

No llores vanamente tu fortuna*
Las escaleras turbias
suben a la esperanza del amor,
descienden a raudales de soledad,
miseria, a esa sombra
en la que viejo, te gustará sentarte,
graduándola:
entreabrir un postigo,
apagar o encender una vela,
otra vela,
para alumbrar la seda de una frente,
el cigarrillo consumido a medias,
epílogos, epílogos.
No entiendes
esas grandes cosas inmóviles, egipcias,
y prefieres vivir sobre un burdel,
cerca la iglesia, el hospital.
También tu voz bajó por escaleras,
llegó a la sombra, al cáncer,
durante el largo viaje tuyo a Ítaca,
a nosotros, al milagro sencillo:
eres
el derrotado, el triste, el solo
—no importa de qué tribu—
que trueca el duelo en canto.

* Constantino Cavafis.