De Varios desnudos y dos docenas
de naturalezas muertas
 

Desnudo con espejo
Desnudo con rosas



Desnudo con espejo

 

En el cuarto blanco
la modelo
se desnuda.
Prodigiosa.
Unta una mano en el costado
para llevarla atrás.
En una silla quedan
los restos del misterio.
Los colores tan suaves,
tan delicadas las texturas:
sedas naturales y antinaturales.
Nailon.
Lo que queda de ella
es transparente
y va ceñido a la forma de la piel.
La otra mano en la nuca
levanta el torrente
del cabello.
Frente a ella,
con el azogue hacia nosotros,
un espejo ovalado
la seduce.

 


Desnudo con rosas

 

En el cuarto blanco
la modelo desnuda
alza la vista.
La nariz
es el punto de referencia
entre la mujer
y el cielo.
Sus cabellos cuelgan
hacia atrás
con dejo de cascada enloquecida
El cuello delgado y tenso
sostiene el cuerpo
que pende sobre el mundo.
Así el torso
como la cadera
y las piernas
—hembrísima la hembra—
se sostiene sobre el grito,
figurado
a partir de la boca
con rosas blancas y rojas
que se elevan.