De Volver a casa
 

Un muchacho que puede amar
Volver a casa



Un muchacho que puede amar

 

1

Huele a muchacha el aire de mediodía,
huele a muchacha natural,
y está tan cargado de olor a muchacha
el aire de mediodía
que estoy a punto de gritar
que el aire de mediodía huele a muchacha.

7

La iremos haciendo piedra a piedra
hasta que no quede más remedio
que llamarla casa.
Luego la enseñaremos a cruzar los ríos,
crecerá como un animal,
será perfecta.
¿Qué sueño habrá en la ciudad
más rico que su sueño?
Gimiendo nos pedirán posada
los altos agapandos,
hospedaremos al sol como un rey
en los pisos superiores,
y arriba nosotros, mirando la ciudad,
nos amaremos en setenta posiciones
hasta que la casa se caiga
despedazada por la dicha.

 


Volver a casa

 

1

Un día
abandonaremos
la ciudad de México;
la dejaremos en pie y desierta
para que
las conjeturas
crezcan,
y nos iremos a fundar
en otra parte
nuestras maravillas.

6

Nos convidábamos agua
unos a otros;
el que tenía sed
abría el grifo
por donde la buena voluntad
de los demás
salía;
luego le agregábamos azúcar
y zumo de limón
y nos bebíamos la frescura
de nuestras comuniones.
Así éramos,
no os quepa duda.

8

Pero cuando la muy desvergonzada se me queda viendo
con esos ojos húmedos y enormes
tan expertos en luces y en colores,
me degüella la voz,
me hace bajar la intensidad,
me obliga a descuidar mi propia historia,
me arranca lamentos infantiles,
desgraciada,
me enamora.

La abrumadora
tiene ese olor a entrepierna que el mar no me borró,
tiene esa vibración histérica en la voz
que me transporta a la soledad más pura.

Entonces, cuando ha ocurrido el milagro
y yo espero la aparición de mi fantasma
y mis pequeños ojos quieren verlo todo,
inventar lo que me miran,
me entra una gana monumental de ser gracioso...

27

Ay qué buen pecho tienes
bajo la blusa,
ganas me dan
de engañarte
para que me lo enseñes.